martes 31 de marzo de 2009

El arte de ser consecuente

- Queridos todos.. - empezó el director, completamente sonriente - me encanta veros a todos juntos. Juntos alrededor de esta gran mesa, mesa que ha sido testigo de tantas y tantas reuniones.


Un murmullo de aprobación salió de las quince personas sentadas en la sala de juntas.

- Lo primero que quería deciros es que me siento orgulloso de vuestros subordinados. Hoy puedo constatar que el proyecto Lean Thinking ha funcionado de maravilla. Javier, el responsable del mismo, ha conseguido algo que yo mismo no creía que nadie consiguiera - Javier sonrió orgulloso en su butaca -. Entre nosotros y que no salga de aquí, siempre he opinado que todas las "medicinas" que van apareciendo en el mundo empresarial, no son otra cosa que la forma que tienen ciertas consultorías para crear nuevas necesidades y vender nuevos cursos.
Bebió un sorbo de agua y prosiguió:

- En realidad, si os soy sincero, nunca he creído demasiado en esos discursos con palabrejas tales como "proactividad", "sinergia", "excelencia", "escucha empática" ni en esos cientos de cursos que se imparten en el mundillo de la empresa. Si hay algo cierto en los miles de estudios que se han ido haciendo sobre el mundo de la empresa, lo reduciría todo, a dos principios: el de Peter y el de Dilbert. El resto consiste en estudios oportunistas de un montón de pseudo-estudiosos que generan un sinfín de libros y de cursos, lo que no deja de ser un buen negocio - su mirada recorrió los ojos de todos los asistentes - . Os preguntaréis cómo puede ser que una persona que no cree en eso que llaman "cultura de empresa" puede haber fomentado tanto curso como impartimos a nuestro personal. Quizás por tratarse de una moda de todas las empresas importantes, nos convenía no ser menos que ellos. También nos sirve para obtener desgravaciones importantes. O para demostrar ahora, en plena crisis, que nos los podemos permitir.

- De ahí - prosiguió - que me haya quedado asombrado por el éxito del curso. Un curso ha servido para algo. Puedo asegurar que el noventa por ciento de nuestro personal está motivado e ilusionado ya que, por primera vez, se les ha permitido cuestionar lo que hacían. Gracias a eso, ellos mismos han eliminado de su trabajo todo aquello que no aportaba ningún valor añadido para el cliente. Mucho de lo que hacían no era necesario. Tareas heredadas de otros tiempos, controles innecesarios, trabajos duplicados... Han sido ellos quienes han eliminado todo el "waste"(*). Nuestra productividad ha aumentado un ciento cincuenta por ciento...

Los rostros de los asistentes estaban eufóricos.

- Gracias a Lean Thinking hemos podido prescindir de cincuenta personas. Tratándose como se trata de personal de oficinas, no es gran cosa, el dinero ahorrado. Pero induce a pensar, ¿cómo podríamos eliminar más gastos?. ¿No es curioso que cientos de personas que estaban desmotivadas lo estén ahora gracias al programa de Javier? - se quedó pensativo, se rascó una oreja y prosiguió -. ¿Quien ha de motivar a nuestros empleados?. ¿Quién organiza su trabajo?. La respuesta es obvia: sus mandos. Lo cual significa que muchos jefes han eludido sus responsabilidades. Hablar de jefes, son palabras mayores. El sueldo de un jefe es astronómico, en esta casa. Y durante años, ninguno de los jefes se ha preocupado de motivar al personal y mejorar su trabajo, eliminando tareas innecesarias.

Bebió de nuevo un trago de agua.

- Deduzco entonces que los jefes no habéis hecho el trabajo que se os encomendó. En otros tiempos os hubiéramos reciclado con un curso sobre "motivación y mando". Hoy, con la crisis, no tendréis esa suerte. Cuando termine esta reunión, os agradeceré concertéis cita con Ramona, nuestra jefa de personal, para que os haga unos cuantos números y os prepare el finiquito.

Cabizbajos y arrastrando los pies salieron de la sala los quince jefes.
El director descolgó el teléfono.

- María. Por favor prepáreme un café y haga entrar a los siguientes quince.

Una vez sentados los quince alrededor de la mesa...

- Queridos todos... - empezó el director - me encanta veros a todos juntos. Juntos alrededor de esta gran mesa, mesa que ha sido testigo de tantas y tantas reuniones...




(*)Waste: nombre
  1. despilfarro
  2. derroche
  3. pérdida
  4. desgaste
  5. desperdicio
  6. merma
  7. desperdicios
  8. desierto
  9. tierra baldía
  10. yermo
  11. vertidos
  12. residuos
  13. basura
  14. desechos

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domingo 22 de marzo de 2009

Rafael y la obediencia debida

Rafael miró su reloj.

Las once de la noche y Tomás no había regresado a casa.
Estaba viendo la televisión con su esposa.
Las noticias eran espeluznantes. Las imágenes de la policía autonómica golpeando a los estudiantes, aparecían en todas las cadenas de televisión.

- ¿Cómo pueden atacar con esta saña? -preguntó ella.
- Es lógico que actuen así. Les están provocando los estudiantes.
- Pues me recuerda a la época del dictador - repuso su esposa -. ¿Cuál es la diferencia entre aquellos policías y los actuales?.
- Estos policías están bajo mis órdenes. Por algo soy el jefe de la policía.

- ¡Mira!, ¡mira! - exclamó la esposa, señalando hacia la televisión -. ¡Están sacudiendo a unos periodistas!. Pero, ¿te parece normal que golpeen con esta mala leche?. ¡Son unos psicópatas!. ¿De dónde los habéis sacado?.
- No son psicópatas. Son personas normales y todos han pasado un test psicológico - repuso Rafael.
- Antes, cuando nuestra policía era estatal, decíamos de ellos que no eran otra cosa que delincuentes con trabajo. ¿Lo recuerdas?. En aquellos tiempos tu y yo participábamos en manifestaciones contra la dictadura y alguna vez nos sacudieron. Pero lo de ahora no lo había visto nunca.

- Esos estudiantes son unos cabrones - dijo Rafael.
- Y esos policías unos delincuentes que disfrutan sacudiendo. ¿Los habéis sacado de la cárcel para hacerlos policías?.
- ¡Claro que no!. Sin embargo, desde que se creó la policía autonómica, los políticos fueron muy tajantes. Mano dura, para hacerse respetar.
- Y será por eso que ahora la gente añora a la policía estatal...

- Piensa que no tenemos un presupuesto decente. Tenemos que contratar a gente que se conforme con un sueldo bajo. Y los estudios que tienen tampoco son una maravilla.
- Vamos - dijo ella - que estáis contratando chusma. Y luego los políticos se sacan de la manga una ley que hace que la palabra de esos delincuentes valga más que la de un ciudadano normal...
- Yo cumplo órdenes.
- Y nunca las has cuestionado, ¿verdad?.

- Tengo un trabajo y a una familia que mantener. No estoy por andar cuestionando lo que se me ordena. Existe algo que se llama "obediencia debida".
- Pues si he de elegir, prefiero al Rafael que conocí, luchando por sus ideales en la Universidad y luego en el bufete en el que trabajaba. Lo de la obediencia debida es una forma de traspasar la culpa, de eludir la responsabilidad. Que lo dijera un nazi ó un policía de la dictadura de Videla lo puedo entender. Pero estamos en el siglo ventiuno y ya va siendo hora de que cuestionemos las órdenes.

- ¿Por qué te pones así cada vez que Tomás llega tarde? - preguntó Rafael irritado.
- Porqué Tomás es joven. Es un idealista y lucha por lo que cree. Y, sabiendo que tus policías son unos psicópatas no estoy tranquila. Prefiero que le asalte un ladrón a que le pille la policía autonómica. Con lo fácil que hubiera sido organizar una policía autonómica que se ocupara de los ciudadanos, en lugar de machacarlos...
- No hay policía en el mundo que actúe de esta forma.

- Quizás los policías ingleses. Y si no existiera policía en el mundo que se ocupara de los ciudadanos, hubiera sido la oportunidad de que la nuestra fuera así y creara un estilo propio. Lo de ahora, no es más que una policía tercermundista, entendida como un cuerpo represor de los ciudadanos...
Sonó el teléfono. Rafael contestó:

- Rafael Pinos, Dígame. Si. ¿Cómo?. ¿Dónde?. ¿A dónde lo han llevado?. Ahora mismo vamos para allá.

Colgó el teléfono. Con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos le dijo a su esposa:

- Vamos. Tomás está en la clínica con una fuerte contusión en la cabeza. Al parecer estaba en una manifestación de estudiantes.

Al salir de casa, ella iba diciendo:
- Tenía que pasar, tenía que pasar...

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domingo 15 de marzo de 2009

Llega Lean Thinking

- Buenos tardes, Santiago.

- Buenos tardes, Isabel. Hola Ester - dijo Santiago mientras limpiaba la mesa con una gamuza.
- Hola Santiago. Tengo algo para tus chicas - contestó Ester, alzando una bolsa del suelo que dio a Santiago.
- No hacía falta que trajeras nada, Ester - dijo Santiago, tomando la bolsa -. Además, ¿qué sabes tu de mis chicas?.
- Que se dedican a la prostitución, por ejemplo. Y que tu eres un proxeneta - contestó Ester -. Pero un proxeneta con corazón.
- Gracias por lo del corazón. ¿Qué hay en la bolsa?.
- Unas cuantas cosas de las que fabrica nuestra empresa. Chocolate y otras cosas...
- Muchas gracias. ¿Qué queréis tomar?.
- Un par de cañas y unas bravas.
- ¡Marchando!.

Cuando Santiago llevó las patatas bravas y las cervezas, hizo una seña a Darío, su ayudante y se sentó con sus amigas.
- ¿Cómo va la multinacional? - preguntó.
- De pena. Echando gente, supongo que como todas las empresas. Y eso que no tienen pérdidas - dijo Isabel -. En todo caso no ganan lo que pretenden ganar.

- Se ha extendido el miedo en la oficina - continuó Ester -. Todo el personal teme la llamada de Ramona los jueves y viernes.
- ¿Los jueves ó viernes? - preguntó Santiago.

- Si. Se trata de los días que dedica ella llamar a las personas que quiere despedir. Las prejubilaciones ya están en los cincuenta y cinco años y los hay que son llamados por no cumplir con los objetivos marcados por la empresa - continuó Ester -. Eso si. No despide a más de veintinueve empleados, para que no pueda achacarse a la empresa que se trata de un ERE no declarado.

- También están intentando instaurar algo que llaman Lean Thinking.
- ¿Lean Thinking?.
- Se trata de una política de empresa que consiste en eliminar de las actividades de la empresa, todo aquello que no aporta valor añadido al producto que quiere el cliente. Suprimir todo lo innecesario. Eso que no le sirve a la empresa se considera desperdicio y ha de eliminarse.

- Supongo que es una forma de justificar los despidos - dijo Santiago -. Si tu trabajo no añade valor, es un desperdicio y tanto tu como tu trabajo sois desperdicios a eliminar...
- Van por ahí los tiros - dijo Isabel -. Lo curioso es que ya hemos tenido la primera metida de pata con el Lean. En la fábrica de chocolate suprimieron algún control de calidad que alguien consideró innecesario, siguendo las directrices Lean.
- ¿Y qué pasó? - preguntó Santiago.

- Hubo que retirar del mercado una remesa de tabletas de chocolate, ya que nadie detectó en fabricación que el chocolate estaba mal disuelto y que cuando se enfrió, quedaron trozos de cacao mezclados en las tabletas. No veas la gracia que debe hacer encontrarse esos trozos duros en la boca...
- Supongo que habrán tenido que crear de nuevo aquel control de calidad - dijo Santiago, mientras metía la mano en el bolsillo de su delantal y sacaba una tableta de chocolate.
- ¿Quéréis? - ofreció.
- No, gracias.
- No.

- Claro - dijo Santiago mientras se llevaba a la boca un trozo de chocolate -. Trabajando ahí, debéis estar hartos de comer chocolate.
- Hombre. Pues un poco hartas, si. Eso de tener una tienda para los empleados tiene eso. Y eso que no hay mucha diferencia entre lo que pagamos los empleados y el precio de mercado.
- Bueno. En realidad - dijo Isabel - sale mucho más a cuenta comprar en una gran superficie. Pero como nos lo descuentan a fin de mes de nuestra nómina, compramos en la tienda de la empresa. Nos consideran el cliente número uno.

- Lo entiendo - dijo Santiago -. Y el cliente más tonto.
- ¿Cómo? - preguntaron las dos chicas al unísono.
- ¿Sabéis qué hicieron con aquella remesa de chocolate defectuoso?.
- No. Supongo que lo volvieron a fundir a conciencia y elaboraron otras tabletas. O quizás lo tiraron.

Santiago empezó a reirse.
- Hicieron lo mejor que podían hacer - replicó Santiago -. Se lo dieron al único cliente que no iba a protestar: al cliente número uno. Se trata del único cliente que no va a atreverse a denunciar la mala calidad del chocolate. Simplemente porqué en su condición de empleado, nunca va a atreverse a denunciar a su empresa, ya que se juega su continuidad en la multinacional.

Santiago giró la cabeza y escupió un trozo de cacao al suelo.
- Este chocolate que me has traído de la tienda de tu empresa, es el que retiraron.

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domingo 1 de marzo de 2009

Isabel y la seducción

Me llevó al dormitorio en brazos dejándome suavemente sobre la cama.

Luego me besó, mientras sus manos empezaban a recorrer mi cuerpo y a desabrochar botones...

Me lo habían presentado en una fiesta del trabajo. Alto, corpulento, tenía unos ojos claros que me atrajeron en aquel rostro con apariencia de niño, a pesar de sus treinta y pocos años.
Le precedía la fama. Solía verlo en el restaurante de la empresa rodeado siempre de mujeres. A algunas de ellas las conocía y cuando les preguntaba sobre él, invariablemente me decían que era alguien único. Buen conversador, muy inteligente, tenía una educación esmerada...

Dos carreras universitarias, varios masters, postgrados y prácticas diversas en universidades inglesas y norteamericanas, alemanas y suizas.
Su currículo era tan extenso que Ramona, la jefa de personal, había tenido que dedicar casi un mes para verificarlo por completo.
No hace falta decir que fue contratado en calidad de jefe.
Evidentemente no pasó desapercibido. Alto, guapo, soltero y jefe, se convirtió en el objetivo de todas las chicas de su edad, en la empresa.

Y él se aprovechó de ello, pasando por la cama de todas las pretendientes, aunque ninguna de ellas consiguió hacerle pasar por la vicaría.

Empecé a interesarme por él cuando escuché uno de sus discursos. Lo cierto es que me fue imposible entender nada de lo que dijo en sus casi veinte minutos de palabras técnicas y un puñado de siglas.
Picada por la curiosidad me plantee que la mejor manera de descubrir el significado de sus discursos era ir directamente a la fuente de los mismos.

No me fue difícil. Atrapar a un hombre no tiene demasiada complicación. Me apunté al grupo de su séquito en el comedor de empresa y empecé a insinuar partes de mi anatomía: un ligero escote por aquí, unos pantalones ajustados...
Pronto empezó a hacerse el encontradizo y yo a rehuirle...
No pasaron dos semanas cuando me invitó a cenar. Le dije que no me era posible y me propuso una alternativa que acepté.
Tras la cena me acompañó a casa y le dejé subir.

La verdad es que aquella noche entendí la razón por la cual no aparece en su currículo ninguna alusión a la práctica del sexo, ya que le hubiera invalidado para entrar a trabajar en la multinacional si hubiera tenido que hacer demostraciones.

Era un verdadero desastre. Por primera vez en la vida tuve que fingir un orgasmo, para terminar de una vez con aquella patética situación sin herir su amor propio.

Desnudos y cansados, nos quedamos mirando el techo de mi habitación.
- ¿Te ha gustado? - me preguntó.
- Ha sido maravilloso - mentí - .Me has hecho ver las estrellas.
- Gracias. Supongo que eso tiene que ver con un libro que lei siendo adolescente, sobre el sexo.
- Es evidente que te sirvió - volví a mentir mientras intentaba contener la risa al intentar imaginar lo qué hubiera pasado aquella noche, si no hubiera leído aquel libro.

- Cuéntame - intenté cambiar de tema para vencer aquella risa que pugnaba por salir -. ¿Qué es lo que dijiste en el discurso del martes pasado?.
- ¡Ah!. ¿Aquel discurso?. ¿No lo entendiste?. Tal vez empleé demasiados tecnicismos. Tenía que explicar los objetivos de este año para mi departamento. Resumiendo, me comprometí a reducir el número de llamadas reportando incidentes.
- No lo entiendo. ¿No se supone que el objetivo de tu departamento es contestar las llamadas de los usuarios con problemas informáticos?.
- Si. Eso es lo que hacen mis chicos.
- Entonces, ¿vas a matar usuarios para que llamen menos?. ¿Dejarás descolgado el teléfono para que no puedan llamar?.
- No. Claro que no.
- ¿Entonces?. ¿Cómo prometes algo que no depende de ti?.

- La verdad es que no lo sé. Quizás me precipité al proponerlo. Lo malo es que ahora he de cumplir con mi promesa...
- ¿Los usuarios solamente llaman para indicar que tienen problemas? - pregunté.
- No. También para solicitar material. Portátiles, pantallas de ordenador, ratones, teclados...
- Quizás si conviertes las llamadas de usuarios con problemas en solicitudes, podrían dejar de ser incidentes - le dije.
- ¿Cómo?.
- Por ejemplo si fulanito tiene un problema y "solicita" una revisión de su ordenador...
- Me gusta. Es buena idea. Lo intentaré.



- ¿Qué?. ¿Cómo fue? - me preguntaron las chicas del comedor.
- ¿A qué os referís? - repuse poniendo cara de asombro.
- Venga Isabel. No somos tontas. Si algo tiene nuestro común amigo, es que alardea siempre que se acuesta con una de nosotras. ¿Te aburriste mucho? - se pusieron todas a reir -. Es lo malo que tienen ciertos jefes. A mayor currículo peores en la cama.



Ha pasado un mes desde nuestro encuentro, que no se ha vuelto a repetir. Y eso que él hace lo imposible para lograrlo...
Está consiguiendo su objetivo, gracias al consejo que le di.
Ahora se han reducido las llamadas de usuarios con problemas, ya que "solicitan" la revisión de sus ordenadores.
Han aumentado las "solicitudes" y disminuido los "incidentes".
Viene a ser todo lo mismo, pero se están cumpliendo los objetivos.
Es el arte de "marear la perdiz".
Cultura de empresa, lo llaman.

Yo, sigo como siempre. Quizás un poco desasosegada. Noto un cierto vacío...
Uf. Creo que me estoy enamorando...

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