- No lo entiendo - dijo el presidente de la multinacional al director de la empresa en España - las ventas de productos de venta en farmacias están bajando mucho más del cincuenta por cierto. ¿Qué está pasando?.- No lo sé, pero lo estamos estudiando. En estos momentos, en España, hay una reunión de los jefes regionales con los visitadores médicos, para establecer las causas de esta crisis de las ventas.
Sonó el teléfono y el presidente contestó el teléfono:
- ¿Si?... Está bien, pásamelo... ¡Hola Gregory!. ¿Cómo van las cosas por Africa?. ¿Se venden bien las leches en polvo?. ¿Si?. No sabes cuanto me alegro. Al parecer mi idea publicitaria, ha sido un éxito y ahora nos compran las leches en polvo sin rechistar... ¿Cómo?. ¿Otra vez los de Unicef?. Tranquilo, Gregory. Ya nos encargamos aquí de ellos. Tu esposa, ¿bien?... ¿Y los niños?. Me alegro. ¿Cuando vienes a Europa?. Ah. Perfecto. Iremos a cenar cuando andes por aquí... De acuerdo. Un abrazo. Adiós.
Tras colgar el teléfono le explicó al director:
- Es McGregor, el director de la zona de Africa. Está de visita en Africa. Allí las ventas se han disparado, gracias a la idea que se me ocurrió de asociar la lactancia al contagio del sida. Cada vez menos mujeres dan de mamar a sus hijos. Lo malo es que detrás nuestro está la Unicef investigándonos y no quiero exponerme a que nos hagan boicot aquí en Europa, otra vez. Antes nos limitábamos a regalar a las madres nuestras leches y así cuando llevaban unos días sin amamantar a sus hijos, sus cuerpos ya no producían más leche y tenían que seguir con nuestros productos. Por desgracia nos prohibieron seguir regalando las leches.
El móvil del director de la Multinacional en España, empezó a sonar. Éste lo sacó de su bolsillo, lanzó una mirada a su superior y cuando obtuvo su mirada de aprobación, descolgó el teléfono.
- Si. Dime, Arturo... Si... ¿Cómo?... ¿El código?... Pero... Habla con ellos... No puedo aceptar eso... No les dejes marchar. Entretenlos. Ya te diré algo. Adiós.
Colgó el teléfono y se lo guardó en el bolsillo.
-¿Qué pasa?.
- Resulta que todos los vendedores leyeron y decidieros asumir el código de conducta empresarial que repartimos a todo el personal. Esa es la razón de que las ventas estén cayendo en picado - abrió su cartera y extrajo un folleto de dentro. Lo abrió y comenzó a pasar páginas - por aquí andaba... ¡Aquí está!.
Pasando el dedo por el folleto, empezó a leer:
- La política que hay en su mercado sobre “presentes, comidas y entretenimiento” permite hacer regalos a terceros – incluidos funcionarios – hasta el equivalente de 50€, ya que se estima que es educado y no inapropiado.
- Me parece muy correcto. ¿Cuál es el problema entonces? - preguntó el presidente.
- En España hay una tradición muy extendida. Se llama "tarugo". Se trata de incentivos que los vendedores ofrecen a los médicos y farmacéuticos para vender su producto. En casos puede ser un descuento, un viaje, un sobre con dinero, un DVD, un televisor, e incluso una moto ó un coche. Está tan arraigado el tarugo en la clase médica, que hoy es impensable venderles algo sin ese incentivo. El problema que ha surgido es que el código de conducta empresarial deja muy claro que no puede superarse la cantidad de 50 euros en regalos y nuestros visitadores médicos lo están cumpliendo a rajatabla. Por eso las ventas han caído en picado.
- Maldita sea. ¡Los principios corporativos se trataban de una cortina de humo!. Una forma de decirle a la sociedad que somos unos santos. ¡Pero no se trataba de que lo cumpliéramos!.
- Pues nos ha salido el tiro por la culata. Tenemos que hacer algo al respecto.
- Por un lado no podemos desautorizar los principios corporativos... ¡Ya está!. Tengo una idea - el presidente de la multinacional estaba eufórico -. Vas a crear un nuevo departamento. Su cometido serán los incentivos, es decir los sobornos. Tendrán que visitar a los médicos y a los farmacéuticos y serán ellos quienes hagan los regalos. Así los visitadores se limitarán a cumplimentar los pedidos, sin problemas éticos. Ese nuevo departamento podría llamarse "Relaciones sanitario-farmaceuticas". Por cierto, encárguese de que no reciban en este departamento el código de conducta empresarial.
Desde entonces los médicos y farmacéuticos reciben a los vendedores, quienes se limitan a tomar nota de los pedidos y así mantenerse dentro de la ética empresarial, ignorando que sus clientes reciben también a los visitadores del departamento de Relaciones Sanitario-farmacéuticas quienes se encargan de los incentivos, sobornos, descuentos, promociones, regalos y viajes de placer.
Sonó el teléfono y el presidente contestó el teléfono:
- ¿Si?... Está bien, pásamelo... ¡Hola Gregory!. ¿Cómo van las cosas por Africa?. ¿Se venden bien las leches en polvo?. ¿Si?. No sabes cuanto me alegro. Al parecer mi idea publicitaria, ha sido un éxito y ahora nos compran las leches en polvo sin rechistar... ¿Cómo?. ¿Otra vez los de Unicef?. Tranquilo, Gregory. Ya nos encargamos aquí de ellos. Tu esposa, ¿bien?... ¿Y los niños?. Me alegro. ¿Cuando vienes a Europa?. Ah. Perfecto. Iremos a cenar cuando andes por aquí... De acuerdo. Un abrazo. Adiós.
Tras colgar el teléfono le explicó al director:
- Es McGregor, el director de la zona de Africa. Está de visita en Africa. Allí las ventas se han disparado, gracias a la idea que se me ocurrió de asociar la lactancia al contagio del sida. Cada vez menos mujeres dan de mamar a sus hijos. Lo malo es que detrás nuestro está la Unicef investigándonos y no quiero exponerme a que nos hagan boicot aquí en Europa, otra vez. Antes nos limitábamos a regalar a las madres nuestras leches y así cuando llevaban unos días sin amamantar a sus hijos, sus cuerpos ya no producían más leche y tenían que seguir con nuestros productos. Por desgracia nos prohibieron seguir regalando las leches.
El móvil del director de la Multinacional en España, empezó a sonar. Éste lo sacó de su bolsillo, lanzó una mirada a su superior y cuando obtuvo su mirada de aprobación, descolgó el teléfono.
- Si. Dime, Arturo... Si... ¿Cómo?... ¿El código?... Pero... Habla con ellos... No puedo aceptar eso... No les dejes marchar. Entretenlos. Ya te diré algo. Adiós.
Colgó el teléfono y se lo guardó en el bolsillo.
-¿Qué pasa?.
- Resulta que todos los vendedores leyeron y decidieros asumir el código de conducta empresarial que repartimos a todo el personal. Esa es la razón de que las ventas estén cayendo en picado - abrió su cartera y extrajo un folleto de dentro. Lo abrió y comenzó a pasar páginas - por aquí andaba... ¡Aquí está!.
Pasando el dedo por el folleto, empezó a leer:
- La política que hay en su mercado sobre “presentes, comidas y entretenimiento” permite hacer regalos a terceros – incluidos funcionarios – hasta el equivalente de 50€, ya que se estima que es educado y no inapropiado.
- Me parece muy correcto. ¿Cuál es el problema entonces? - preguntó el presidente.
- En España hay una tradición muy extendida. Se llama "tarugo". Se trata de incentivos que los vendedores ofrecen a los médicos y farmacéuticos para vender su producto. En casos puede ser un descuento, un viaje, un sobre con dinero, un DVD, un televisor, e incluso una moto ó un coche. Está tan arraigado el tarugo en la clase médica, que hoy es impensable venderles algo sin ese incentivo. El problema que ha surgido es que el código de conducta empresarial deja muy claro que no puede superarse la cantidad de 50 euros en regalos y nuestros visitadores médicos lo están cumpliendo a rajatabla. Por eso las ventas han caído en picado.
- Maldita sea. ¡Los principios corporativos se trataban de una cortina de humo!. Una forma de decirle a la sociedad que somos unos santos. ¡Pero no se trataba de que lo cumpliéramos!.
- Pues nos ha salido el tiro por la culata. Tenemos que hacer algo al respecto.
- Por un lado no podemos desautorizar los principios corporativos... ¡Ya está!. Tengo una idea - el presidente de la multinacional estaba eufórico -. Vas a crear un nuevo departamento. Su cometido serán los incentivos, es decir los sobornos. Tendrán que visitar a los médicos y a los farmacéuticos y serán ellos quienes hagan los regalos. Así los visitadores se limitarán a cumplimentar los pedidos, sin problemas éticos. Ese nuevo departamento podría llamarse "Relaciones sanitario-farmaceuticas". Por cierto, encárguese de que no reciban en este departamento el código de conducta empresarial.
Desde entonces los médicos y farmacéuticos reciben a los vendedores, quienes se limitan a tomar nota de los pedidos y así mantenerse dentro de la ética empresarial, ignorando que sus clientes reciben también a los visitadores del departamento de Relaciones Sanitario-farmacéuticas quienes se encargan de los incentivos, sobornos, descuentos, promociones, regalos y viajes de placer.


