sábado 21 de junio de 2008

Buscando en el desván

Muchas veces ciertos recuerdos pasados, nos quedan ocultos en algún recóndito lugar de nuestro cerebro, debido a un trauma sufrido.

Nuestros recuerdos pasan a un desván, cualquiera de los miles de desvanes que tenemos en nuestra memoria y no es fácil acceder a aquella página que quedó allí archivada.

Lo peor de todo es que, asociados al trauma, al dolor, se esconden también en el desván, recuerdos hermosos que no merecerían pasar al olvido.



Cuando salió del despacho de Bárbara, estaba algo desconcertado.
La semana anterior había muerto un buen amigo de la infancia, Pepo, a quien hacía muchos años que no veía. Se enteró unos días más tarde.
La verdad es que aún no había asimilado demasiado aquella pérdida.
Pertenecía al pasado y formaba parte de todo aquello que había intentado olvidar.

Pero aquel apellido, que había leído en un diploma en aquel despacho no dejaba de darle vueltas a la cabeza.
No se trataba de un apellido habitual y por ello estaba desconcertado. No podía haber mucha gente con aquel apellido.
Y él había conocido a una persona que lo tenía.

Empezó a recordar cómo había conocido aquel apellido.
Fue cuando tenía unos diecisiete años.

Pepo le había llamado por teléfono. Tenían una semana de vacaciones por delante y le preguntó si quería ir a esquiar.

- No tengo ropa de esquí - le contestó.
- No te preocupes. Ven a casa y verás como te encontramos algo.

Tras pedir permiso a su madre, fue a casa de su amigo y, tal como éste había predicho, en media hora estaba equipado para ir a esquiar.
- Iremos con mi hermana y su novio - le dijo Pepo.

Era el novio, por cierto, quien tenía aquel apellido tan original.
Fue una semana mágica. Los cuatro pudieron disfrutar de unos días inolvidables.

Era sorprendente que aquel apellido estuviera asociado al novio de la hermana de su amigo, muerto la semana anterior, sobre todo cuando habían pasado tantos años desde entonces.

Al día siguiente volvió al despacho de Bárbara.

- Tu segundo apellido me resulta muy familiar, Bárbara - le dijo -. Hace un montón de años fui a esquiar con un amigo mío, su hermana y el novio de ella. El novio tenía este apellido. La hermana se llama Rosa.

- Se trata de mis tíos Hugo y Rosa. Él es notario.
- Y ella estudiaba medicina. ¿Terminó la carrera?. ¿Tienen hijos?.
- Si. Pero no ha ejercido. Tienen tres hijos.
- Fantástico. No sabes cuanto me alegro.
- Bueno. Ella tuvo un problema. La tuvieron que internar de urgencias. Tuvo una embolia cerebral. Estuvo dos meses y medio en coma. Un buen día despertó y empezó a recuperarse. Le tuvieron que operar de un ojo, ya que le habían quedado secuelas de la embolia. Pero se está restableciendo muy bien. Ahora está con su marido en París, en algo así como una segunda luna de miel.
- Menos mal. Pobre. Rosa es una persona maravillosa, como lo era su hermano Pepo - la miró a los ojos -. ¿Lo sabe?.
- Si. Lo sabe.

Cuando salió de despacho de Bárbara sintió la necesidad de estar solo. Desgraciadamente no consiguió estar consigo mismo hasta que no llegó a casa, por la noche.
Se preparó la cena y decidió acompañarla con una buena botella de vino. El mejor que tenía.
Luego puso un lied de Mahler y empezó a cenar, dejando que sus pensamientos fluyeran libremente.

Poco a poco empezó a recordar aquella época de su vida, su adolescencia.
Volvió a oir los gritos de su padre, el miedo que sentía entonces, cuando los oía; el ambiente denso que casi podía tocarse; el miedo en los rostros de sus hermanos; la rabia que sentía en aquellas situaciones; la violencia a la que asistía cada día; el terror a que llegara el fin de semana...
¡Que dura había sido aquella época de su vida!.
Menudo infierno fue la separación de sus padres.

Entonces se acordó de Pepo, su amigo. De las tardes y más tardes en las que jugaban al millón en la máquina de un bar, en las muchas películas que habían compartido yendo al cine, de las miles de partidas de ping pong que habían jugado en casa de Pepo. Siempre ganaba Pepo, pero nunca le había importado perder.
Y sobre todo, recordó, aquellas tardes en las que iban al cuarto de Rosa a estudiar. Aquella habitación era como un santuario. Se sentaban los tres alrededor de la mesa, desplegaban los libros, ponían música y empezaban a estudiar. Allí no existía el tiempo, ni los problemas. El carácter de ambos hermanos te lo hacía olvidar todo.
Estudiar, lo que se dice estudiar no estudiaban mucho, ya que cualquier excusa servía de pretexto para empezar una conversación.
Allí no regía el cerebro. Solamente actuaba el corazón. Había una verdadera distensión. No existían temas tabú. Se hablaba de todo. No había rencor, ni rabia, ni miedo - sobre todo miedo - ni tristeza.
Fueron años, lo que duró aquello.
Y un buen día aquello se terminó, tras aquella semana de esquí cargada de magia.
Al empezar la universidad nuestro amigo fue enviado a otra ciudad y se perdió el contacto.

Y ahora, varias décadas después, una persona terminó su cena, tras acceder a un desván que tenía olvidado.
Luego, se puso a llorar.

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21 comentarios:

SUSANA dijo...

Tu cuento es muy movilizador.
Fuiste derechito allí, a esos "desvanes" donde nuestra memoria guarda cuidadosamente recuerdos, algunos para protegernos y otros son lágrimas y risas "archivadas" arbitrariamente.

Dicen, a medida que pasa el tiempo, la memoria va abriendo paso lentamente a esos recuerdos. Y quizás sea la razón por la cual los ancianos comienzan a "recordar" aquellos hechos que parecían olvidados para siempre.
Vuelve la niñez, la adolescencia y los personajes que le dieron vida.

¿Será la forma en que la naturaleza nos cuida, y sella parcialmente la entrada a esas escenas y personas? ¿Será que la "pesada carga" se deja atrás para continuar el camino?

Lo cierto es que el desván siempre está allí, forma parte de nosotros...y en algún momento, cuando cesen los ruidos y las urgencias, allí iremos a buscarnos a nosotros mismos, cuando estemos listos.

Hermoso tema, hermoso cuento.

Muchas Gracias por compartirlo, amigo!

Mi abrazo para Vos!

María Jesús Lamora dijo...

De aquí a nada quedará la nada.
Y los recuerdos.
Un abrazo infinito para ti.

jmdedosrius dijo...

Don Luis, lo describió muy bien y Susana lo corroboró. La vida es una habitación con estantes en los que guardamos, de forma desordenada, vivencias, olores y recuerdos que sólo afloran cuando algún hecho los evoca y en ocasiones a destiempo, pero casi siemtre para bien, aunque sea doloroso.
Salud.

SAUVIGNONA dijo...

a veces la memoria es mejor perderla que encontrarla....pero yo no se porque la memoria es el lugar ese donde sguardan cosas infinitas....muchas veces me gustaria que mis recuerdos toquen la puerta antes de entrar ..pero es imposible......
muchos besos y abrazos...y gracias por pasarte nuevamente...
un gran saludo y feliz verano!
:)

Ludwig dijo...

Lo curioso de todo ello, Susana, es que algunas veces son las casualidades ó "causalidades" las que nos hacen recuperar ciertos recuerdos, como ocurre en el texto.

Y los recuerdos, María Jesús, como bien dices.
Afortunadamente.

En este caso, JMdedosrius, puedo asegurarte que ha sido el escrito que más me ha costado escribir. El más doloroso.

Pues yo me conformo con lo que tenemos Sauvignona. Unos recuerdos que, cuando la vida los requere, afloran. Algunas veces es duro. Muy duro.

nieve dijo...

Te he dejado un regalo en mi blog. Luego vendré con tiempo para poder leer tranquilamente y disfrutar, como siempre, con tus relatos. Un besote

El Rincón del Relax dijo...

Hola de visita por aquí y para mi un honor el haber descubierto este blog, lleno de buenas palabras y verdades. Recibe un afectuoso saludo desde mi rincón!

Isabel Romana dijo...

Es una historia muy bella y me hace evocar episodios de mi propia infancia, de los amigos de los que nos separamos para siempre, de alguno que se ha ido, de lo que sentía y pensaba, del dolor... Ciertamente, hay experiencias hermosas enterradas con las malas. Y no siempre se tiene deseo de removerlas. Un beso, querido amigo.

Ludwig dijo...

Me parece un poco excesivo, dos premios de golpe, Nieve.
De todas maneras, muchísimas gracias.

Siéntete como en casa "El rincón del relax". De eso se trata. Cuando pueda visitaré tu casa que, a simple vista, me parece muy acogedora.

Gracias por tu comentario, Isabel. En realidad es la única historia, cien por cien real.

Anónimo dijo...

Los recuerdos son las memorias de un pasado del que no podemos desprendernos Luís. Permanecen tenaces, persistentes, y como cual estrella fugaz, aparecen como un destello de luz sin preguntar, sumergiéndose como un ladrón hacia unos sentimientos aparentemente olvidados.
Me ha gustado tu escrito, así como me gusta recordar; por ser inolvidables.
Recuerdo que una vez te dije, que los recuerdos agradables, siempre producen satisfacción reencontrarlos.
Sin embargo, no deberíamos intentar evadir de nuestra memoria, aquellos que nos producen dolor, ni renunciar a las lágrimas que se desprenden de ello.
Puesto que siempre han estado allí y siempre lo estarán, en un tiempo pasado que hasta día de hoy, permanecían arrinconados en un papel, en alguna mesilla de una cajón o como dice Susana, guardados en algún rincón de un viejo baúl.
Los recuerdos es algo que poseemos, referente a algo que ya no tenemos, y tal vez por no tenerlo, se nos hace imprescindible.
Por eso me gusta recordar Luís.
Porque recordar es volver a vivir… y tu lo has expresado magníficamente en tu escrito.

A_nónimo

Ludwig dijo...

¡Que hermoso escrito, Anónimo!.
Ha merecido la pena leerlo varias veces.

El problema, sin embargo, que pretendía reflejar, es que cuando existe un trauma, el olvido del recuerdo traumático es algo inconciente, no es voluntario.

Y algunas veces, como en mi escrito, involuntariamente, nuestra mente esconde el hecho traumático, arrastrando también otros recuerdos que no lo son (iba a decir se lleva también los vivencias colaterales, pero esta palabra está desprestigiada).

De cualquier manera, con control ó sin el mismo, cuando recobras vivencias, vives de verdad, valga la redundancia.

Un saludo y gracias por tu reflexión, Anónimo.

Luis

El Rincón del Relax- Beatriz- dijo...

Hola de nuevo! Es un honor para mi que sea de tu agrado mi rincón, te puedes hospedar el tiempo que desees tu compañía es muy grata! Un abrazo!

jagovi dijo...

Menudo relato.
Me encanta acceder a esos escondites, no sé, es como una chispa que hace que las puertas secretas se abran y dejen ver lo que ocultan.
La verdad es que no siempre se abren esas puertas...es complejo su funcionamiento.

Saludos

Anónimo dijo...

Te entiendo y te comprendo, Luís, aunque mis palabras, a veces, no sepan expresarlo.
Tal vez, recurrí a los recuerdos voluntarios, por que me eran más agradables y más fáciles de transmitir, aunque no deje de pensar en los involuntarios.
Me reitero en decirte, que me gusto mucho leer tu escrito, no solo por que me hizo revivir tiempos en los que uno siempre evita recordar, sino además, por que tomo conciencia del gran esfuerzo que supone transmitir un escrito como este.
Un saludo y gracias a ti por no dejar de escribir.

A_nónimo.

Cariátides dijo...

Es muy sano tener limpios los desvanes. Como uno no sabe donde está, cuando algo nos lleva a ellos no hay que perder la oportunidad de entrar en ellos sin miedo, revisarlos, ordenarlo, tirar lo que ya no vale y enfrentarnos a las emociones allí escondidas. El llanto es la mejor de las limpiezas. A veces esos sitios duelen profundamente, pero cuando se le da salida a ese dolor se encuentra esa paz que no tiene precio y que todo el mundo anhela.

Un abrazo muy fuerte.

nieve dijo...

Vaya sacudida he sufrido leyendo tu post!!!. Ah los desvanes de la memoria y el recuerdo...

Un beso

Désirée dijo...

También ocurre que a veces nuestros recuerdos se van distorsionando con el paso del tiempo y acabamos recordando sin estar siendo fieles a la realidad. La memoria es caprichosa y en ocasiones nos pilla por sorpresa y saca de la profundidad hasta la superficie un pasado presente reconstruido con matices imaginados.

Bonita y dolorosa a la vez historia.

Un abrazo muy fuerte.

Miguel Benavent de B. dijo...

Cada recuerdo se almacena en una ventana,con el sentimiento que produce y la experiencia vivida. Esa ventana se abre cada vez que un hecho o un sentimiento parecido nos llega... Esas ventanas continuamente aparecen y desaparecen en nuestra existencia diaria, están ahí guardadas y la vida nos ofrece situaciones para "obligarnos" a reabrirlas y revisitarlas, pero hemos aprendido a resignarnos ante lo que encontramos o, demasiadas veces, simplemente huir de ello. Le llamamos "sobrevivir o ir tirando". Ni que decir tiene que esa acumulación de ventanas mal cerradas nos produce vivir de manera poco coherente con lo que somos realmente en nuestro hoy...y eso provoca enfermedades que nos invitan a abandonar este mundo que apenas reconocemos como nuestro y que no tenemos el valor de vivir!
Hasta que un buen día -seguramente tras un "trastazo"- tenemos el valor y la fortaleza suficientes para revisitar nuestra alma, abriéndo ventana a ventana y asociando a cada "antiguo" sentimiento una "nueva" experiencia, y biceversa. Si no lo hacemos por miedo, estamos condenados a vivir y sentir experiencias "caducas", reincidentes, fruto sesgado de la inmadurez y los buenos y malos recuerdos vividos. Eso nos hace vivir una vida "ajena, previsible e irreal" que, aunque a veces nos confiere falsa seguridad o confort, o sea "el gran autoengaño". Pero eso condiciona "in eternum" nuestra propia capacidad de vivir, nuestra actitud ante lo que nos rodea y nos impide percibir el hoy con sorpresa y/o con curiosidad suficiente como para amar nuestra vida intensamente y nuestro hoy tal como viene! Ese decisivo paso de reabrir ventanas -que implica solo perder el miedo- otorga sentido a nuestra vida y nuestro hoy,dotándonos de verdadera libertad y de respeto ante cada nueva persona, lugar y momento que encontremos en nuestra vida y que no tienen otro objetivo que ayudarnos a reencontrarnos a nosotros mismos...y, con ello, poder ser felices!

Ludwig dijo...

Además de quedarme en tu rincón, Beatriz, voy a proponer la lectura de tu blog a unas cuantas personas. Sobre todo aquellos que han de estar "predispuestos al estrés".

Jagovi. Algunas veces requiere un golpe, algunas veces muy fuerte.

Anónimo. La verdad es que no tienes problemas para expresarte. Incluso se nota que escribes lo que tu corazón te dicta. Por eso insisto en lo que un día te dije: escribe.

Te acepto, Cariátides la herramienta indicada. Es la mejor, con diferencia.

Gracias, Nieve por tu comentario. Eso quiere decir que he "llegado" a ti.

Desiree. Es curioso, pero los hombres que hemos tenido que hacer el servicio militar tenemos recuerdos sesgados. Solamente recordamos lo positivo.

Muy buena reflexión, Miguel. Larga pero completa. Y eso que si nos atenemos a la coherencia, me queda mucho trabajo por hacer.

El Rincón del Relax *Beatriz* dijo...

Hola Luis! Gracias por tus recomendaciones sobre mi blog, eres muy amable!. Recibe un abrazo lleno de buenas vibraciones!!

SAUVIGNONA dijo...

te invito leer mi post de hoy sabado quizas te guste ....
beso!!!!!!!!!