domingo, 5 de mayo de 2013

Intento fallido

Entraron en los lavabos.
- Tu primera meada en la Innombrable... Es probablemente, lo más serio que hagas en esta empresa.
- ¿Qué dices?. Ésta es una casa importante y seguro que se trabaja bien aquí. Me alegro de que la Innombrable haya comprado mi empresa.
- No es una compra. Es una abducción. Pronto preferirás haber sido abducido por una nave extraterrestre.
- ¡Ala!. Que dramático te pones. No será tanto.
- El tiempo me irá dando la razón, desgraciadamente. Cuando me enteré de que habíais sido abducidos, me entristecí. Pensar que va a haber otro grupo de personas cuya iniciativa e ilusión por el trabajo van a ser coartados, me hiela la sangre. Poco a poco os irán convirtiendo en un puñado de funcionarios que os limitaréis a repetir miles de veces lo mismo. Y lo que es peor, dejaréis de ser vosotros mismos. Cuando entréis en este edificio deberéis dejar vuestra personalidad en la calle. Aquí tendréis que ser dóciles y sumisos, dejando a un lado vuestro yo. En esta casa el único ego que se admite es el del director general y te puedo garantizar que su ego parece la suma del de  todos los empleados de la casa.
- No puedo creerlo.
- Llevo demasiados años en esta empresa y he sido testigo de muchas abducciones. Todas las víctimas han acabado destrozadas. Y mejor salimos del lavabo, no sea que venga alguien y pueda pensar mal de lo que estábamos haciendo aquí tanto rato.

Se lavaron las manos y salieron del aseo.
- Por cierto, ¿siempre llevas calzoncillos de color morado?.
- ¡No me digas que me estabas mirando de reojo en el meadero!.
- Hombre, no exactamente, pero me lo has puesto a tiro.

...

Dos minutos más tarde se oyó el ruido de una cisterna y el director general salió del lavabo. No solía ir a los aseos del personal pero aquella había sido una emergencia. Le había dado una apretura estando lejos de su "lugar íntimo de uso exclusivo".
Y había oído la conversación. Estuvo incluso tentado de salir, arrastrando los pantalones, cuando oyó el comentario acerca de su ego. Afortunadamente no había reconocido las voces de las dos personas cuya conversación había escuchado.

Rojo de cólera fue a su despacho.
Se sentó y descolgó el teléfono. Al momento oyó la voz de su secretaria.
- Dígame Don Eduardo.
- Llame al señor Luis Enrique Martín Alcántara.
- Ahora mismo.

Treinta segundos después de colgar sonó el teléfono. Lo descolgó.
- Le paso al señor Martín Alcántara - se oyó un clic.
- ¿Luis Enrique?.
- Si, dime Eduardo. ¿Cómo estás?.
- Bien, bien. Tengo una cosa para ti. Una sorpresa.
- ¿Para mi?.
- Si. Para ti. Nunca he olvidado lo mucho que ayudaste a mi empresa, cuando fuiste ministro. Si no hubiera sido por ti, tendríamos verdaderos problemas con hacienda.
- ¡Ya será menos!. Lo cierto es que fue una llamada únicamente.
- Bueno, pero la llamada de un ministro no es una llamada cualquiera. Ahora te voy a devolver el favor.
- Dime, Eduardo.
- Mañana firmo la compra de una empresa de la que me gustaría hacerte presidente del consejo. Ya sabes. Diez reuniones al año y unos honorarios que, con las dietas, es un buen pico.
- ¿De qué empresa se trata?.
- Se llama Inka. ¿Te suena?.
- ¡Y tanto que si!. Desde que tiene al actor Henry Mar en sus anuncios, es la primera empresa cosmética del mundo. Toda la línea de productos lleva el nombre del actor.
- Exacto. Pues cuenta con tu nuevo cargo.
- Hombre, no sabes cuanto te lo agradezco...

Sin embargo las cosas no siempre funcionan como uno pretende. En otro extremo de la oficina, "alguien" envió un tweet a la cuenta de Henry Mar, el actor.

Aquella noche, Luis Enrique Martín, el ex-ministro llamó al móvil de Don Eduardo.
- ¿Estás cerca de un televisor? - le preguntó muy excitado.
- Si.
- Pues pon la CNN internacional.
- Ahora mismo, ¿qué pasa?.
- El actor de Inka está dando una rueda de prensa.
Cuando el director sintonizó la emisora pudo escucharse la voz del actor.

"- Y, en vista de las informaciones que me han llegado acerca de la compra de Inka por la Innombrable, he decidido rescindir mi contrato que, por cierto tiene una cláusula que deja muy claro que puedo dar este paso, en caso de que la empresa cambie de manos.
- Pero las razones de su acción... - preguntó un periodista.
- Las razones son obvias. Me niego a asociar mi nombre al de una empresa que explota a niños, elude el pago de impuestos y en definitiva, carece de valores éticos. Cualquiera de los que me escuchan ahora, podrá recordar cualquiera de las muchas maniobras sucias que ha llevado a cabo esta empresa en muchos países."

Don Eduardo apagó la televisión.
- ¿Estás ahí, Luis Enrique?.
- Si.
- Pues me acaban de chafar la compra. Después de esta declaración lo único que puedo hacer es lanzar un desmentido y no firmar la compra. Si compráramos, las ventas de Inka se vendrían abajo.
- Tienes razón. Mejor no compres.
- Lo siento, Luis Enrique. Habrá que dejar lo de tu cargo para otra ocasión.



Don Eduardo no pegó ojo en toda la noche. La compra era secreta y las únicas personas que sabían algo eran los diez ejecutivos que había llevado a la Innombrable para concretar algunos flecos de la transacción.
Seguro, el que se había ido de la boca era uno de ellos, ó el tío de la Innombrable que le acompañaba en el aseo, el de los calzoncillos morados. El muy cabrón lo había humillado y eso era algo que su ego no podía consentir.
Tenía que encontrar al culpable. Y cuando lo hallara lo iba a destrozar sin misericordia.

Fue al día siguiente cuando, a última hora de la tarde, sentado en su despacho, maquinó un plan. Justo después de que le dijeran desde el departamento de Informática que el Twitt no se podía localizar, dado que se había enviado desde un ordenador, móvil o tablet que no estaba conectado a la red de la empresa. Además, localizado el mensaje, descubrieron que el usuario se acababa de dar de alta en twitter, dando una dirección temporal de correo y desde la red Tor, por lo cual su dirección IP original era ilocalizable.

Desde aquel día, el servicio de medicina de empresa montó una campaña dedicada a hacer electrocardiogramas a todos los empleados de las oficinas. Sin previo aviso, cualquier empleado podía recibir llamada del servicio médico para que acudiera de inmediato. El comité protestó por la discriminación de las mujeres en esa revisión médica.
Quizás porqué ignoraban que el médico era la única persona que sabía la verdadera razón de ello:
Tenía que encontrar a una persona que llevara calzoncillos de color morado.
Desgraciadamente, como ocurre en las grandes empresas, corrió la voz acerca de la verdadera causa de aquella revisión médica. Desde entonces, ningún hombre se presentó a la revisión llevando ropa interior.
En menos de una semana dejaron de hacerse los controles médicos.

La secretaria del director ha cambiado de perfume. Sobre su mesa de oficina, puede verse la botella de su nueva adquisición. Se trata de "Eau de Mar", de la empresa Inka.
Cuando su jefe tiene un ataque de vanidad, ella toma de la mesa el frasco de perfume y se lo aplica al cuello.
Entonces el director recuerda...
...y su vanidad de esfuma como por arte de magia.

martes, 5 de marzo de 2013

La llamada intempestiva

Ring, ring.
- La Innombrable le desea buenas tardes. Le habla David. ¿Dígame?.
- Hola. Soy el director general. Estoy en el aeropuerto y tengo un problema. Me han robado el portátil. Necesito me lo solucionen antes de dos horas.
- No se preocupe. Se lo vamos a solucionar.
- Gracias. Espero noticias. Adiós.

David alargó la mano y acercó un papel en el que figuraban los teléfonos del personal del departamento.
Buscó el número de teléfono del primer nombre de la lista y lo marcó en su terminal.
- Si. Dígame.
- Hola. Soy David.
- Dime, ¿qué pasa para que me llames a casa?.
- Resulta que al director, que está en el aeropuerto, le han robado el portátil.
- Pues que ponga una denuncia en la policía.
- Necesita otro portátil con sus datos.
- Pues a mi que me registren. Yo no tengo ninguno. Además, desde que no me promocionaron, la verdad es que este tema me importa un bledo. Llama a otro. Adiós.
David marcó el siguiente teléfono, el de la jefa.
- Mejor llama a Fernández. Él sabrá que hacer. Si no lo encuentras llama a Gaspar.
- Gaspar ya me ha dicho que no puede hacer nada.
- Pues prueba con Fernández.
Diez minutos más tarde.
- Hola. ¿Ya está solucionado? - preguntó la jefa.
- No. No he conseguido que me contestara el teléfono.
- Entonces llama a Eduardo. Es el que menos quisiera que se ocupara de esto, pero no queda nadie más.
- ¿Por qué no le gusta que sea Eduardo quien solucione este tema?.
- Porqué es un tipo anárquico. Se salta las normas a la torera, tiene ideas propias y no las oculta.
- Entonces, ¿lo llamo?.
- Si. Es el único capaz de resolver este marrón. Dime algo cuando hayas hablado con él.

***


- ¡Piuuuuu!. Solicito permiso para entrar en cámara de compresión.
- ¡Maldita sea Eduardo!. ¡Que estamos haciendo el amor!. ¿Quieres de dejarte de juegos?. ¡Permiso concedido!.
...
- Eduardo. Ya estás en la cámara de compresión. Ahora, ¿te importaría moverte un poco?. ¡Me tienes a cien con tus juegos, cabrón!.
- Ah. Es verdad. Lo había olvidado. Me pongo en ello. ¿Así?.
- Siiiiiiii. ¡Oh!, ¡ah!.
- No te noto muy comunicativa...
- ¡Calla y no pares!.
¡Ring! ¡Ring!.
- ¡Ni caso!. ¿Oyes?. ¡Ni caso!. ¿Qué haces?. ¡No contestes el teléfono!.
- Es del trabajo. No tengo más remedio - estiró el brazo, cogió el móvil y pulsó el botón "contestar" -. Si. Soy Eduardo. Dime David - pasaron dos minutos -. OK. Voy inmediatamente.
Colgó el teléfono y la miró a los ojos.
- Lo siento. Es un código rojo. He de dejarte - saltó de la cama y empezó a vestirse -. Le han robado el portátil al director en el aeropuerto y en una hora sale su avión. Si no lo recupera no podrá hacer el viaje. Lleva todo en su disco duro.
Se acercó a la cama y dió un beso a la chica.
- Espérame. No tardaré.
- ¿No hay nadie en quien puedas delegarlo?.
- Claro que si. Pero conociéndolos como los conozco, el director perdería su avión. Hasta ahora.

Regresó al cabo de una hora y media. Entró en la habitación. Sonrió cuando comprobó que le estaba esperando despierta. Empezó a desnudarse.
- ¿Todo arreglado?.
- Todo arreglado. El pájaro ya vuela. Me he esperado para verlo partir.
- ¿Has recuperado su ordenador?.
- No, pero no me preocupa. Todos los datos estaban encriptados. Le he dado otro ordenador.
- ¿Y sus documentos?.
- Siempre tiene una copia en la nube. En diez minutos estaba todo recuperado.
Eduardo se metió en la cama después de quitarse la última prenda de ropa. La abrazó.
- Por dónde íbamos. Uf. Creo que has perdido temperatura. Habrá que repetir el precalentamiento de nuevo...
...
Una hora más tarde estaban compartiendo un cigarrillo.
- Que sea la última vez que me abandonas por causa del trabajo - dijo ella.
- ¿Has pensado en lo que hubiera pasado si el director no sube al avión, regresa a casa y  encuentra vacía la cama de su esposa?.
 

jueves, 24 de enero de 2013

Candidato a político





"Los idealistas deben darse mucha prisa en cambiar el mundo antes de que el mundo les cambie a ellos". (Mafalda).




Manuel entró en el despacho de su jefa como una tromba.

- No me lo puedo creer - dijo -. Tanto tiempo dejándome los cuernos trabajando y tú vas y asciendes a Julia. No hay explicación posible.
- ¿Quieres la versión oficial ó te cuento la verdad de lo que me ha llevado  a tomar esta decisión? - contestó ella.
- Prefiero la tuya - contestó Manuel rojo como una grana, debido al cabreo que llevaba.

- Pues te cuento... - empezó la jefa - he estado mirando todos los trabajos que habéis estado haciendo durante los meses que he estado de baja y he de decir que son impecables...
- Claro. Puse en ellos los cinco sentidos.
- No. No me estoy refiriendo a los tuyos. Los que son verdaderamente impecables son los de Julia.

Manuel se revolvió en su asiento.
- Aunque no lo creas, durante este tiempo en el que no he trabajado, me han ido llegando voces acerca de lo que iba aconteciendo. Lo que más me ha llamado la atención es el menosprecio que has demostrado hacia lo que hacía tu compañera. Te hes dedicado a machacar de forma inmisericorde todo lo que ha hecho esta chica. Y cuando no has ido a por ella, la has ninguneado...
- Seguro que te lo ha dicho ella. Es una mala pécora.

- Te equivocas. Nunca hay que fiarse de una única campanada. Es más. Ella no me quiso decir nada sobre este tema. Al principio no di crédito a lo que me explicaron, pero un día me hicieron llegar la grabación de una de las reuniones en la que te despachaste con Julia de forma que rallaba la grosería.
- Quizás ese día yo estaba algo nervioso... - su voz era temblorosa.
- A raíz de esa grabación, pedí que me grabaran todas las reuniones y en todas ellas quedaste muy a gusto ridiculizando todo lo que ella decía. Y lo curioso es que tú no eras el único que iba a por ella. Tu gran amigo Lorenzo, actuaba igual. Por desgracia, él me ha venido impuesto. No puedo sacármelo de encima y eso que tiene la inteligencia de una sandalia... Ahora intenta acallar su conciencia ó quizás luche por su supervivencia y es amigo de todos a quienes antes vejaba. Pobre imbécil. ¿Quién le dio poder?.

Manuel no dijo nada.
- Continúo - dijo la jefa -. Cuando llegué, tras meses de ausencia, descubrí que el ambiente del departamento era tan tenso que casi se podía cortar con cuchillo. Un silencio generalizado. En las reuniones presidía un ambiente pesimista. No había ni un ápice de alegría, interés, espontaneidad, ilusión. Eran lo más parecido a un funeral. Todos se limitaban a asistir, con unas ganas locas de terminar el cónclave.

- ¿Y yo tengo algo que ver con eso?.
- Al principio pensaba que nada. Pero las grabaciones me han abierto los ojos. Durante esos meses os habéis dedicado a controlar a todos vuestros compañeros.
- Las estadísticas indican que el rendimiento de ellos es altísimo gracias al control que ejercíamos en su trabajo - dijo Manuel, irritado.
- Estás hablando de tus compañeros, que hacen el mismo trabajo que tu. Bueno, para ser exactos, debería decir que tu deberías hacer el mismo trabajo que ellos. ¿Quien te ha dado atribuciones para controlar a tus compañeros?.

- Pero las estadísticas...
- Las estadísticas me importan poco. Prefiero un departamento en el que haya ilusión, alegría, camaradería. Nunca se te ha ocurrido echar un cable a tus compañeros cuando han tenido problemas. Mucho organizar eventos en fin de semana para crear camaradería, pero a la hora de la verdad, para ti lo único que cuenta es medrar a costa de lo que haga falta. ¿Hay que pisar?. Pues se pisa. ¿Hay que menospreciar a alguien?. Pues adelante. ¿Hay que dar unos cuantos codazos?. Pues se dan.

- Pero la has ascendido y ahora es mi jefa.
- ¿A quien?. ¿A Julia?. Claro. Es una buena profesional y tiene capacidad de liderazgo.
- Pues voy a pedir el traslado. Si la tengo como jefa, se dedicará a joderme la vida.
- Te equivocas - dijo la jefa -. Julia tiene algo de lo que vosotros, los arribistas, carecéis. Ella tiene principios. Si te hiciera lo mismo que tu le hiciste, para ella sería ponerse a tu nivel. Se trata de una persona que no se considera superior a nadie. Se lleva bien con todos, les infunde alegría y siempre está ahí cuando alguien lo está pasando mal.

Manuel se levantó irritado.
- Espera. No he terminado - dijo la jefa -. Me falta hablarte de otra de las causas que han inclinado la balanza: la lealtad. ¿Cómo voy a ascender a una persona que ha dedicado todas sus energías a ponerme verde durante mi ausencia?. ¿Cómo quieres que confíe en una persona que se dedica a darme puñaladas cuando me doy la vuelta?. Quiero tener gente a mi alrededor que me sea leal. Que acepte que soy humana y me equivoco, pero que muestre hacia mi la lealtad que creo, merezco. Conste que es aún más grave lo de tu compañero, ya que ostenta un cierto poder y tiene mayores posibilidades de influir en los demás. Con él se queda corta la palabra miserable. Es el ejemplo por el cual no te he querido ascender. Sólo me faltaría que te convirtieras en algo parecido a él. Sólo pensar en tener dos jefes desleales me pone frenética.

- OK. Lo entiendo - dijo Manuel yendo hacia la puerta.
- Manuel. Deja que te dé un consejo. Dado tu perfil, en el que predomina el ego, lo ideal en los tiempos actuales, sería que te dedicaras a la política. Si te fijas en la prensa, verás que estamos gobernados a todos los niveles, por gente como tú. No pierdas el tiempo en la Innombrable. Si algo ha cambiado en esta empresa es que ahora quedan pocos dictadorzuelos en los departamentos. Todavía hay, pero la tendencia es ir eliminándolos.

Manuel abrió la puerta.
- Ahora haz lo que creas - le dijo la jefa -. Te dedicas a criticarme para salvar tu ego ó  piensas en el consejo que te he dado.


Por suerte para millones de ciudadanos, hoy por hoy, Manuel no ha dado el salto a la política. Sigue en la Innombrable, eso si, renegando contra todos sus jefes.
Él no tiene la culpa.
Es una víctima.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El mando a distancia

Algunas veces, en la vida, hay casualidades que pueden cambiar la vida de una persona.
Así ocurrió cuando Javier, técnico informático de la Innombrable, descubrió aquel mando a distancia sobre la mesa de Felisa, su jefa, cuando estaba arreglando un problema en su ordenador. Como de costumbre, Felisa se ausentó de su despacho para ir a despachar con su jefe.

- Espero que a mi vuelta esté todo arreglado - le dijo antes de marcharse.

Fue entonces cuando vio aquel minúsculo mando sobre la mesa. Tenía cinco botones: en uno ponía "on/off", en otro "Bluethooth" y el resto de los botones tenían un número, desde el uno al tres.
Su espíritu curioso hizo el resto.
En su móvil, puso en marcha el programa que utilizaba para sustituir los distintos mandos a distancia de su casa, ya fuera por infrarrojos ó mediante bluethooth.
Cogió el mando y pulsó cada botón, para que su móvil los memorizara, asignándoles un botón virtual a cada uno de ellos.

Tras terminar de arreglar el ordenador, bajó al aparcamiento y se dirigió al coche de Felisa. Sacó el móvil e intentó abrir la puerta del vehículo.
No funcionaba.

Coincidió con Felisa una hora más tarde, en una reunión. Como todas las reuniones, era soporífera. Para hacerlo más llevadero sacó su móvil y se dedicó a jugar con él, bajo la mesa. Activó el bluetooth. Ordenó a su teléfono hacer una búsqueda. Inmediatamente apareció un dispositivo. Intentó emparejarlo y salió un mensaje pidiéndole una clave. Puso cuatro ceros. Otro mensaje: clave incorrecta. Probó con 1234 y entonces el sistema le dijo que estaba conectado.

- Curioso, quizás es el aparato que va con el mando a distancia - pensó. Arrancó el programa.
Pulsó el botón de "ON/OFF".
En la sala había diez personas y todas ellas observaron con asombro a Felisa. Estando a mitad de una frase, que estaba repitiendo continuamente - todos los asistentes conocían suficientemente a Felisa como para saber que era frecuentes sus entradas en un bucle mental - enrojeció de forma súbita, sus ojos se pusieron en blanco, lanzó un largo suspiro y continuó con la explicación, como si nada hubiera pasado.

Javier pulsó de nuevo la tecla "ON/OFF" sorprendido por el resultado para desactivar lo que fuera que hubiera activado.
- Increible. No puede ser... - pensó -. Este mando hace reset del cerebro de la jefa. ¿Pero cómo puede ser posible algo así?.
Esperó durante media hora a que la jefa volviera a entrar en un bucle y volvió a pulsar el botón, esta vez añadiendo también el botón número dos.
La reacción fue inmediata y se prolongó durante casi medio minuto con exactamente los mismos síntomas, aunque acentuados. Incluso le pareció a Javier  ver temblores en el rostro de su jefa.
- Esta tía es un robot, que se resetea con un mando a distancia - se dijo alarmado -. Si no lo hubiera visto, no podría creeelo.


Aquella noche, Felisa no podía conciliar el sueño. Su marido la observaba dando vueltas en la cama.
- ¿Qué te pasa? - le preguntó.
Ella empezó a explicarle.
- ¿Me estás diciendo que has ido a trabajar con las bragas que te regalé para tu cumpleaños? - preguntó él, indignado.
- Si. La verdad es que hace días que lo hago. No sabes lo bien que me van en ciertas reuniones. Sobre todo las de adoctrinamiento.
- Y ¿has activado el mini-vibrador de la braga en esas reuniones?.
- Claro. Por primera vez en la vida estoy deseando asistir a reuniones. Me llevo el mando a distancia y paso unos ratos maravillosos. Lo único malo es que algunas veces se activa solo.


Javier ya no trabaja en la Innombrable. Decidió marcharse cuando descubrió que en las reuniones, su jefa ya no era la única a la que podía resetear. ¡La mayoría de sus compañeras eran también robots!.
Ahora es escritor. Su libro "La Sociedad robotizada", se ha convertido en un best seller y es frecuente verlo en entrevistas por la televisión.

lunes, 22 de octubre de 2012

La consecuencia de ser consecuente

"Ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición. Ellos ya saben de algún modo en qué quieres convertirte realmente. Todo lo demás es secundario". Steve Jobs (1955-2011).


Años llevaba trabajando como informático en su empresa. Realmente se lo pasaba bien. Le encantaba el trato con los usuarios, a quienes solucionaba problemas informáticos.
Pero también su relación, con los años, fue más allá que lo que requería su trabajo. Algunas veces, cuando regresaba a su mesa después de haber atendido a alguien, se maravillaba por el hecho de que al ver en él a una buena persona, no tenían reparo en contarle sus problemas, sus ilusiones, sus frustraciones...

Sabía escuchar y jamás se hacía eco de aquello que le contaban.
Pronto se dio cuenta de que valoraba mucho más su trabajo. Le gustaba el "plus" que daba a sus compañeros. Además le servía para conocer el funcionamiento de otros departamentos y eso le enriquecía.

Posiblemente se convirtió en una de las personas más conocidas de la casa. Su carácter afable le abría todas las puertas y muchos corazones.
Se sentía feliz y aún más cuando nació su hijo. ¿Qué más podía esperar de la vida?. Tenía una esposa maravillosa, un hijo precioso y un trabajo que disfrutaba, a pesar de no estar demasiado bien pagado, aunque le daba para vivir y sacar adelante a su familia.

Sin embargo...
Sin embargo un día su jefe le comunicó que la empresa había sido comprada por una multinacional, la Innombrable. Le dijo que no se preocupara ya que las cosas iban a seguir exactamente de la misma forma.
Y así fue. Apenas hubo cambios en su trabajo y todo seguía igual. Desde luego tuvo que modificar ciertas cosas en la red de la empresa para permitir la conexión de la Innombrable a los servidores de su centro.

Ocasionalmente le hacían asistir a alguna jornada en la sede central de la Innombrable, para conocer aquellas tecnologías que tenía que implementar en su empresa. No le costó descubrir también que en la central había unas luchas de poder que jamás había visto en su empresa. A las reuniones asistían unas quince personas de las cuales solamente cuatro eran los encargados del "trabajo de calle". El resto era una amalgama de jefes, jefecillos y capataces y la razón de su presencia en la reunión era desconocida para él, salvo cuando se trataba de criticar las decisiones de sus compañeros.

Afortunadamente sus visitas eran requeridas un par de veces al año y nuestro protagonista seguía disfrutando con su trabajo.
Pasaron unos años y un día su jefe lo llamó a su despacho.

- Siento darte una mala noticia, Agustín. Quieren que cubras una vacante como informático en la central de la Innombrable.
- ¿Temporalmente?.
- No. Se trata de algo definitivo. Si te sirve de consuelo, tu sueldo se verá incrementado. Allí les pagan bastante bien.
- Y, ¿quién dará soporte aquí?.
- Han subcontratado a una persona a la que tendrás que formar antes de irte a la central.

Cuando llegó a la Innombrable tenía un nudo en la garganta. Le había sido muy duro despedirse de sus compañeros y apenas había dormido en toda la noche.

Sin embargo pronto se adaptó a su nuevo trabajo. En seguida se llevó bien con sus compañeros y su trabajo no era demasiado distinto al que hacía antes. La única diferencia era la desmesurada cadena de mando que había en su departamento y las luchas constantes entre sus integrantes. Como había hecho siempre, visitaba a sus usuarios y en poco tiempo tenía un montón de amigos que, al igual que en su antigua empresa, se abrieron a él.
Cuando no llevaba mucho más de un mes, empezaron a llegarle a su correo un sinfín de convocatorias para asistir a reuniones. Preguntó a sus compañeros que le dijeron que tenía que asistir a todas ellas.
- Pero, ¿cómo voy a atender a los usuarios?.
- Lo primero son las reuniones - le dijeron.

Las reuniones eran de lo más variopinto, teniendo en cuenta que apenas tenían que ver, directamente, con su trabajo. Versaban acerca de cómo tenía que ordenar su mesa de trabajo y participar en las reuniones así como el visionado de gráficos acerca de la eficacia del departamento, la marcha del negocio incluyendo el visionado de arengas del director a los empleados...

No era más que el principio, ya que un día que protestó por carecer de tiempo para atender a los usuarios, su jefe inmediato le dijo que no tenía que ir a la mesa de la gente a solucionarles los problemas.
- Por algo tienen todos ellos un portátil. Que te lo traigan, lo arreglas y luego les llamas para que vengan a recogerlo. Y anotas el problema y la solución para que la siguiente vez sea el usuario quien se solucione el problema, mirando tu documento.
- Pero perderé el contacto con la gente.
- De eso se trata. Y cuando te llamen para comunicarte un problema, la llamada no puede exceder los tres minutos.

Poco a poco Agustín fue perdiendo la ilusión por lo que hacía. Cada vez le costaba más acudir al trabajo y empezó a llegar tarde.
Su esposa lo notaba cada vez más alicaído y un día le preguntó:
- ¿Qué te pasa?. Te veo triste, apagado.
- Se trata del trabajo. Cada vez me cuesta más estar bien allí. Y no es por los compañeros, que son fantásticos. He perdido el contacto con la gente y ahora lo único que hago es solucionar un par de averías en mi mesa y pasar el resto del día rellenando informes, haciendo estadísticas y asistiendo a reuniones que me importan un rábano. He perdido el contacto con la gente, que era lo que me llenaba de verdad. Y ahora me están proponiendo asistir a actividades los fines de semana, que vienen a ser como retiros espirituales dedicados al adoctrinamiento del personal.
- ¿No puedes regresar a tu antiguo trabajo?.
- No. Ya lo he pedido.
- Entonces vete de la empresa. Negocia tu cese con la Innombrable.
- Eso haré.

No tuvo que hacerlo. El destino se lo puso en bandeja, ó quizás debería decir que fue su desconocimiento de la empresa que le facilitó el paso.
Un día, sin aviso previo le llamó el jefe y cuando entró en su despacho, encontró a varias personas dentro de la sala: dos personas de RRHH, el subdirector, su jefe inmediato, el jefe de su jefe inmediato y el jefe del jefe de su jefe inmediato.
Le hicieron sentar en la única silla vacía que quedaba en el despacho y le comunicaron que, debido a su actitud, se veían obligados a despedirle y que la empresa, haciendo gala de su gran paternalismo, le iba a indemnizar con veinte días por año trabajado. Le dieron un talón y le pusieron unas hojas delante para que las firmara.

- La gota que ha colmado el vaso ha sido el trato que le diste al director cuando te llamó.
- Me limité a decirle que buscara en la base de datos de problemas, como me dijeron que hiciera con los usuarios...
- Se trataba de un director. Con los directores, hay que dejarlo todo y atenderles de inmediato.
- Eso no me lo dijo nadie. No lo sabía. ¿Así que hay en la empresa dos categorías de usuarios?.
- Exacto.
- Pues me sorprende que en las casi cuatrocientas reuniones a las que me han hecho asistir, nadie me lo dijera - miró los papeles que tenía delante para firmar y los apartó con la mano -. Creo que voy a delegar el establecimiento de la cuantía de mi indemnización a un juez. Más que nada porqué pienso que merezco cuarenta y cinco días por año trabajado.

Nadie dijo nada durante dos minutos que a todos les parecieron larguísimos.
Al fin, el subdirector miró al jefe de personal y le hizo un gesto. El jefe de personal abrió la carpeta que tenía sobre la mesa y sacó otro talón que alargó a Agustín. Éste lo miró y dijo:
- ¿Dónde había que firmar?.
 

martes, 18 de septiembre de 2012

Lavando la imagen

- Bien, alteza. Tenemos por delante una tarea muy ardua - Emilio Rodríguez, asesor de imagen de la casa real, había decidido ser franco con el príncipe -. Yo le veo dos soluciones, la primera con pocas garantías de que pueda servir a largo plazo y una segunda, que le haría ser inmediatamente querido por todo el pueblo de este país.

- Explícamelas, Emilio.
- Empezaré por la segunda solución: usted sabe que, debido a la crisis, el gobierno está adoptando una serie de medidas, a todas luces impopulares y que han provocado continuas revueltas en el país. Además, su padre, el rey, ha sido pillado en falso en muchas ocasiones y eso le ha restado credibilidad delante del pueblo. El primer paso ha de ser que el rey abdique en usted.
- Eso ya lo tenemos previsto y antes de dos años seré rey - dijo el príncipe.

- Si, pero no será suficiente. La casa real está desprestigiada y un simple cambio de corona no va a acallar las protestas.
- Y, ¿qué me recomiendas?.
- Le recomiendo tomar posición al lado de su pueblo. Eso le convertiría en la persona más admirada en el país.
- Bueno. Si se trata únicamente de hacer los discursos más sociales...

- No es eso, alteza. El pueblo está harto de palabras. Quiere hechos. Se trata de que se cargue al grupo de neoliberales que ahora gobierna y restaure una verdadera democracia.
- Pero, yo no tengo poderes como para hacer una cosa así. No puedo cargarme de un plumazo al presidente del gobierno...
- Si que puede. Quizás no de forma tan inmediata, pero si puede impedir que prosperen las leyes y decretos ley que vayan en contra de los ciudadanos. Al fin y al cabo una ley no se promulga sin que la haya firmado el rey...

El príncipe estaba pensativo.
- Lo primero es negarse a firmar leyes que reduzcan el estado del bienestar, si es que queda algo de eso, todavía. El paso a hacer de forma simultánea, es comunicar a la sociedad sus propósitos y los motivos por los que ha tomado esa decisión. Decir algo así como "me considero el rey de todos los españoles y no puedo quedar impasible a la vista de tanta gente sufriendo".
- No puedo hacer eso - dijo el príncipe -. La corona tiene infinidad de compromisos con muchas personas y empresas. Si hago eso que me indica, se verían perjudicados esos compromisos.

- Desde luego es un paso arriesgado y usted tendrá que elegir: ser amigo del pueblo ó conservar esos compromisos que son los que permiten a los miembros de la casa real vivir como reyes, esponsorizados por muchos millonarios y multinacionales.
- No me gusta que hable así de la casa real.
- Y a mi no me gusta andarme con eufemismos. Mire. Su padre, para ser considerado rey de todos los españoles tuvo que dar un golpe en la mesa, durante la intentona del 23F, demostrando que estaba al lado de la democracia. Ahora que el pueblo sabe que aquella democracia era una farsa, no tiene más remedio que dar otro golpe en la mesa para decir que va a arreglar el engaño.

- Sigo diciéndole que no me gusta esta solución.
- Pues es la única, si quiere que la monarquía tenga un futuro largo. En fin. Eso nos lleva a la primera solución. Salir mucho en la prensa en base a asistir a muchas inauguraciones, congresos, cumbres y viajes oficiales. También hemos modificado la web de la casa real para que luzca muchos colores, fotografías, etc. Y vamos a crear un "personaje del mes", sacando mensualmente un buen reportaje de un miembro de la familia real que, como de costumbre, publicarán todos los periódicos afines, al igual como han hecho con su esposa, esta semana.


- Me gusta mucho más esta idea. La veo muy viable. La prefiero.
- Conste que, a pesar de los riesgos, es mejor la otra - Emilio se puso de pié -. Si no quiere ninguna cosa más, alteza, me pondré en ello.
- No. Puedes retirarte, Emilio. Ah. ¿Sobre quien será el reportaje del próximo mes?.
- Sobre Urdangarín.
- ¿Qué? - el príncipe dio un salto, poniéndose de pie.
- Es broma, alteza. Será sobre su hermana Elena.
- Uf. Vaya susto me has dado, Emilio.



- Me debes quinientos euros.
- ¿Has conseguido que el príncipe se levante para despedirte cuando habéis terminado la reunión?. No me lo creo. Nunca lo ha hecho con sus inferiores que, por cierto, somos todos...
Emilio pulsó un botón del interfono.
- Sala de control, ¿dígame?.
- Hola. Soy Emilio Rodríguez. ¿Podría pasarme el vídeo de mi reunión de esta tarde con el príncipe, a la pantalla treinta y cuatro?. Sólo imagen, sin sonido y los últimos dos minutos.
- Ahora mismo.
- Muchas gracias.
Al momento apareció la imagen.
- Mierda. ¡Es verdad!. ¡Menudo bote ha pegado para despedirse de ti!.
- Insisto. Me debes quinientos euros.

sábado, 14 de julio de 2012

Para emprendedores neoliberales

Nada como una declaración de objetivos, si vamos a crear una empresa.
He pillado este texto de un libro de Neal Stephenson, "Criptonomicón", libro de culto de la cultura Hacker.
Viene a ser el formulario ideal para aquella empresa que quiera prosperar. 
Nótese que este formulario puede servir también como código de conducta y lo cierto es que muchísimas empresas del mundo, a pesar de haber creado su propio CC, en realidad practican éste. Al fin y al cabo el mundo empresarial actual ya no necesita intentar hacernos creer que tienen otros objetivos que no sean ganar dinero.

Recuerdo que hace años, comenté a una especialista de marketing haber visto el anuncio de una organización ecológica en contra de la Innombrable en relación a la obtención del aceite de palma.
Su respuesta fue clara:

- Piensa que una semana antes de hacerse pública nuestra complicidad en la devastación de las selvas de Indonesia había también otra empresa: la multinacional XXXXX. Ellos salieron corriendo para no salir en la foto.
-   Quizás a ti te sirva de algo este argumento, Cris -le contesté -. A mi no me enorgullece que la empresa en la que ambos trabajamos, realice esas prácticas a pesar de que lo hagan otros.

Hoy en día no hace ni falta que las empresas se justifiquen cuando las pillan con el pie cambiado. 
¡Es la "grandeza" del neoliberalismo!.

MISIÓN: En [nombre de la compañía] creemos firmemente que [hacer lo que queremos hacer] e incrementar el valor de nuestras acciones no son sólo actividades complementarias: están inextricablemente relacionadas.
PROPÓSITO: Incrementar el valor accionarial [haciendo algo].
RESUMEN EJECUTIVO: Reuniremos [una cifra de dinero], luego [haremos algo] e incrementaremos el valor accionarial. ¿Quiere detalles?. Siga leyendo...
INTRODUCCIÓN: [Esta tendencia], que todo el mundo conoce, y [esta tendencia], que es tan increíblemente arcana que probablemente no la conocía hasta ahora, y [esta otra tendencia de aquí] que podría parecer, en primera impresión, no tener absolutamente ninguna relación, cuando se consideran juntas nos llevan a la idea (privada, extremadamente patentada, secreta, registrada y sujeta a acuerdos de confidencialidad) que podría incrementar el valor accionarial [haciendo algo]. Necesitaremos € [una cifra muy grande] y después de [no demasiado tiempo] podremos obtener un incremento de valor de € [una cifra todavía mayor], a menos que [el infierno se congele en pleno verano].
DETALLE:
Fase 1: Después de prestar voto de celibato y abstinencia y desechando todas nuestras posesiones materiales a cambio de túnicas fabricadas a mano, nosotros (ver currículos adjuntos) nos trasladaremos a un moderno complejo improvisado con cajas de refrigerados en medio del desierto del Gobi, donde el terreno es tan barato que en realidad nos pagan por ocuparlo, incrementando de esa forma el valor accionarial incluso antes de haber hecho nada. Alimentándonos con una ración diaria consistente en un puñado de arroz crudo y un cucharón de agua, comenzaremos a [hacer cosas].
Fase 2, 3, 4,..., n-1: Nosotros [haremos más cosas, aumentando en el proceso el valor accionarial a muy buen ritmo] a menos que [la tierra sufra el impacto de un asteroide de miles de quilómetros de diámetro, en cuyo caso se tendrán que reajustar ciertas suposiciones; ver las hojas de cálculo 397-413].
Fase n: Antes de que se seque la tinta en nuestros certificados del Premio Nobel, confiscaremos las propiedades de nuestros competidores, incluyendo a cualquiera lo suficientemente estúpido para invertir en sus patéticas compañías. Venderemos a esa gente como esclavos. Las ganancias serán redistribuidas entre los accionistas, que apenas lo notarán, porqué como demuestra la hoja de cálculo 265, para entonces la compañía será mayor que el Imperio Británico en su cénit.
HOJAS DE CÁLCULOS: [Hojas y hojas de números en letra diminuta, convenientemente resumidos en gráficas que parecen todas curvas exponenciales en dirección al cielo, aunque se les ha introducido suficiente ruido seudoaleatorio para que parezcan plausibles].
CURRÍCULOS: Limítese a recordar el primer rollo de "Los siete magníficos" y no tendrá que molestarse con esta parte; tendrá que venir arrastrándose hasta nosotros sobre manos y rodillas y rogar por el privilegio de pagar nuestros salarios.




Felices vacaciones para quien pueda permitírselas. En Septiembre comenzaré la publicación de varios artículos que serán algo así como una novela por capítulos.