jueves, 2 de enero de 2014

El concurso de la Innombrable

A pesar de que se lo desaconsejaron, el nuevo director de la Innombrable estaba obsesionado por llevar su idea adelante.
Se trataba de un concurso de televisión en el que dos fábricas de dicha multinacional, ubicadas en distintos países iban a competir para evitar el cierre.
 
La fábrica ganadora obtendría la producción de la perdedora, que sería cerrada y su personal despedido. Deslocalización, como lo llaman ahora.
Para el primer concurso, que fue el último, por cierto, fueron seleccionadas dos fábricas que producían lo mismo. India contra España.
Afortunadamente para España, el gobierno había reducido los derechos laborales de forma tan drástica, que podían equipararse sin problemas, con los derechos laborales de los indios. A pesar de lo cual, una de las fases del concurso consistía en que ambos competidores propusieran medidas para reducir aún más los costos de fabricación y aumentar así las posibilidades de ganar.
 
Cada fábrica había elegido a sus tres representantes que, ya en el plató de televisión, lucharían para conseguir evitar el cierre, así como para mantener sus empleos y los de todos sus compañeros.
 
A los dos lados de las gradas, llenas a rebosar de público, se iluminaban alternativamente los letreros con la palabra "silencio" y la palabra "aplausos". La sintonía que anunciaba el regreso del programa, tras el último bloque de anuncios, se empezó a oir mientras en el gran monitor del fondo de la sala aparecían los rótulos con el nombre del programa. Al terminar la música, los focos apuntaron a lo alto de una escalera por la que apareció el presentador vistiendo su brillante traje de color verde brillante, mientras en las gradas seguían las instrucciones de los rótulos luminosos, en los que ahora aparecía la palabra "aplausos".
Al apagarse los rótulos se hizo un silencio total. 
 
- Ya está todo el pescado vendido - pensó Jorge, uno de los tres representante de la fábrica de España -. Hemos perdido por goleada.
 
Miró a sus compañeros. Todos estaban con la mirada baja. Sandra, a su lado, tenía los ojos llenos de lágrimas. Puso su mano sobre la de ella para tranquilizarla. Llevaban hora y media participando en el concurso y habían hecho de todo, ante la mirada de los jueces que eran, casualmente, los dos directores de la Innombrable en sus respectivos países.
 
En la primera fase del concurso, la de las "propuestas para rentabilizar la fábrica" - recordó abatido, Jorge -, habían reducido sus ya mermadas condiciones de trabajo, bajándose el sueldo y aumentando el número de horas de su jornada laboral a doce diarias. Incluso eliminaron los descansos durante la jornada, para igualar las condiciones propuestas por los tres competidores de la India, sentados en la mesa de enfrente.
 
Era evidente que los jueces - los directores - estaban disfrutando con el concurso. Cada propuesta que hacían los representantes de ambos bandos hacía aflorar en sus rostros una enorme sonrisa y algún que otro codazo cómplice.
Luego llegó la fase de las pruebas físicas en las que los concursantes tenían que ejecutar distintas habilidades: bailar un tango, nadar cien metros, cantar haciendo dueto con un cantante famoso  (que era previamente entrevistado, descubriéndose entonces que la clave de su éxito tenía mucho que ver con el hecho de ser consumidor habitual de los productos de la Innombrable), hacer tiro al plato, ...
 
Aquella fase había dejado a los dos competidores bastante igualados y cuando llegó la última sección, los ánimos de los concursantes estaban muy exaltados.
Y allí fue donde se estrellaron de forma estrepitosa. Se trataba de una serie de preguntas sobre cualquier tema general.
 
Sin embargo, pensó Jorge, los directores ya habían tomado su decisión. Las preguntas que de forma "aleatoria" eran entregadas a los representantes españoles eran casi siempre sobre la historia de la Innombrable y les era completamente imposible contestar quién fue el tercer director de la empresa o la fecha de nacimiento del fundador de la multinacional.
Mientras, sus competidores respondían a las preguntas con toda tranquilidad, dado que eran, casualmente, muy fáciles.
 
Y, tras el último bloque publicitario, ya solamente quedaban dos preguntas que ya no tenían relevancia alguna en el resultado del concurso, dado que la diferencia de puntuación de los dos contrincantes estaba, claramente, a favor de los representantes de la India.
La primera pregunta a los indios fue respondida sin problemas.
- Y ahora la última pregunta para el equipo español - dijo el presentador, extendiendo los sobres restantes para que escogieran uno de ellos.
 
Jorge alargó el brazo y se hizo con un sobre. Lo abrió y lo leyó en voz alta:
- La Innombrable, en su división cosmética, tiene una gama de productos milagrosos que ayudan a rejuvenecer la piel, a evitar la caída del pelo, a mantener ese fantástico bronceado veraniego tan agradable. Háblenos de la gama  Onnéuv.
Jorge se giró hacia sus compañeros y les dijo en voz baja:
- ¿Me dejáis contestar a mi?. Esa me la sé.
- Si. Como quieras, ya hemos perdido...
- Si. Tu mismo.
- Pues ahí voy. Morir matando...
 
Jorge se quedó mirando la cámara y contó a cinco. Luego empezó a hablar.
- La gama de Onnéuv es una verdadera tomadura de pelo y me explicaré ahora mismo. Se trata de un producto que es muy caro, compuesto por ingredientes que no está probado, tengan efecto alguno en los resultados que aseguran.
- ¿Qué está diciendo? - el director se había levantado de su silla, indignado -. ¡Nuestros productos han obtenido la validación de la European Food Safety Authority!.
 
- Tiene usted razón. Pero cada producto tiene muchos ingredientes, de los cuales uno y solamente uno les permite anunciar los resultados que anuncian. El resto de los productos que integran cada comprimido, no tienen propiedad alguna que haya podido demostrarse.
- ¡No diga tonterías! - gritó el director -. ¡Cállese!.
 
- Del "rejuvenecedor para la piel", el único ingrediente que les permite decir que favorece la mejoría de la piel es la vitamina C. Con poner un 15 por ciento de la cantidad diaria recomendada de vitamina C, ya pueden anunciar sus maravillosos efectos. Efectos que son idénticos a los que produce comer una naranja. Eso si: con la naranja te ahorras una pasta. La única sustancia con efectos demostrados en ese maravilloso crecepelo es el zinc, por lo que, añadiendo el 15 por ciento de la cantidad diaria recomendada, ya cumplen con la normativa de la EFSA. Con comer una ostra, lomo de ternera o salvado, ya estaríamos cuadruplicando la cantidad de zinc que lleva cada pastilla. Y ese producto para ponerse moreno...
- ¡Cállese! - rugía el director.
- Para ponerse moreno, su ingrediente único válido es el 15 por ciento de la CDR de ¡vitamina A!, que está de forma natural en la fruta, los huevos, carne, verduras...
 
El locutor hizo un gesto para que Jorge callara.
- La respuesta a la pregunta no se ha ajustado a lo que indica mi tarjeta de respuesta.
- Pues he dicho la verdad de lo que hay en esos productos - dijo Jorge.
- Sintiéndolo mucho...
- Incluso añadiría - continuó hablando Jorge - que es un error garrafal que una empresa como la Innombrable, que ha basado toda su publicidad en la palabra "confianza", saque una línea de productos esotéricos y caros, que van a cargarse esa confianza ganada a lo largo de los años.

- El equipo ganador es: ¡India! - dijo el presentador.

Aquella noche el director decidió cancelar el concurso televisivo.
Hay quien dice que recibió una llamada del "más allá", que es como llaman a las llamadas desde la dirección mundial.
Cualquiera sabe.




domingo, 15 de diciembre de 2013

Primera reunión

La mesa de la sala de juntas estaba a rebosar. Los veinticuatro directores de la Innombrable esperaban ansiosos al nuevo director general.
La noche anterior habían tenido la cena de despedida del director saliente, en el mejor restaurante de la ciudad.
Cuando entró el señor Arthur Fiend, todos se pusieron en pie. Éste recorrió la sala y fue a sentarse en la presidencia de la mesa. A un gesto suyo todos se sentaron en silencio.

- Buenos días. Me perdonaréis que os hable en inglés porqué mi español todavía es muy básico, aunque lo estoy aprendiendo a marchas forzadas. Como todos sabéis vengo de un país que está tan hundido como éste. País en el cual estuve al mando de la empresa durante cuatro años. Supongo que muchos de vosotros, por no decir todos, habéis estado investigando acerca de mi gestión en aquel país - algunos directores se miraron entre ellos y otros bajaron la mirada -. Desde luego, si estoy aquí es porqué tengo que seguir recortando gastos. Y voy a hacerlo de tal forma que los recortes que ha hecho mi predecesor van a parecer nimios comparados con mi plan de reducción.
- ¡Pero si el antiguo director no dejó a títere sin cabeza! - pensaron algunos directores.
- Tenéis razón al pensar que mi predecesor arrasó con todo. Pero lo hizo a la manera de la empresa, es decir abonando unas indemnizaciones muy altas. Gracias a las cuales apenas hay fondos para despedir a más gente.
Un murmullo recorrió la sala. Cuando el señor Fiend alzó la mano volvió a reinar el silencio.

- Si algo he podido constatar en las dos semanas que llevo conociendo el país, he sacado las siguientes conclusiones. Espero que me corrijáis si no estáis de acuerdo conmigo. El gobierno ha aprovechado la crisis para modificar la estructura del país. En realidad ha creado un país en el que lo único que hay es mano de obra barata y la mayoría de los titulados han emigrado a otros países. La mano de obra barata de hoy cobra un tercio de lo que cobraba hace tres años, lo cual acerca mucho los sueldos a los de la mano de obra de países como la India ó China. Sin embargo nuestra empresa ha mantenido los mismos sueldos, incluso incrementándolos algunas veces por encima de los índices de inflación. ¿Me equivoco?.
- No - contestaron algunas voces.
- Me propongo equiparar los sueldos de nuestra empresa con los del resto del país. Para ello lo primero que haré será un ERE alegando disminución de los beneficios y me limitaré a pagar las indemnizaciones que estipula la ley. Se acabaron los paternalismos que hace demasiados años ejercemos con nuestros colaboradores. Y lo voy a hacer a todos los niveles... por debajo de los directores.

Un suspiro de alivio se extendió a lo largo de la mesa de juntas.
- Señor Fiend. ¿Puedo hacer una observación? - dijo Nuria, la directora de comunicación.
- Desde luego. Diga.
- En nuestra empresa tenemos un pequeño grupo de personas que pertenecen a la prefectura "Caminantes".
- ¿Son de esa secta de la Iglesia?. Bueno. Su dios les ayudará a aceptar con alegría quedarse sin empleo - dijo el director con una sonrisa.
- No es tan fácil, señor Fiend. No sé si sabe que en la época del dictador y también unos años después de su muerte, nuestro presidente pertenecía a esa prefectura. Gracias a ello pudimos expandirnos por el país, ahorrarnos impuestos e incluso promover a aquellos políticos que podían ayudar a la Innombrable.
- Bueno. ¿Y qué pasó con el Presidente de la Innombrable?.
- Murió.
- Pues yo no veo razón para seguir mimando a esa secta.
- Sería un error, señor director - se apresuró a decir Nuria.
- ¿Por?.
- El gobierno español está formado por los descendientes de aquellos que gobernaron el país en la época del dictador. Piense que el dictador, durante los años en los que gobernó el país, se encargó de exterminar a todos los que pensaban de forma distinta. Ahora, en los niveles sociales más altos, quedan únicamente fascistas y "caminantes". Y ellos verían una afrenta nuestra actuación. Tenga en cuenta que, actualmente, seis ministros son "Caminantes".

- Está bien, Nuria. Te haré caso en este punto. Aunque he de decir que las entrevistas que he tenido con el presidente del país y con alguno de sus ministros me ha demostrado que esa gente tiene muerta la única neurona que les quedaba. ¡Menuda pandilla de incapaces!. ¿De dónde los han sacado?. Sospecho que si sacáramos a los de esa secta de la empresa, ni se enterarían. Pero mejor no jugar, ¿verdad?.
- Si, señor.
- Por cierto, Nuria, ¿tu eres la responsable de comunicación?.
- Si.
- Pues prepárate porqué tengo unas cuantas ideas de lo que vamos a hacer en nuestras fábricas para despedir al personal. Vamos a montar un espectáculo que nos dará mucho dinero y nos dará a conocer en todo el mundo.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Cambios se avecinan

Ocasionalmente, en la historia de la Innombrable, había sucesos que cambiaban la vida de la pequeña ciudad formada por los empleados de la empresa.
Un ascenso, generalmente precedido por meses de rumores que propiciaban horas y horas de amena conversación entre el personal; un nuevo proyecto que implicara a todo el personal y que, si consistía en una nueva área de adoctrinamiento, provocaba la carcajada general, salvo para el director de servicios, recién nombrado en el cargo y que todavía luchaba para hacer valer su sueldo, asumiendo la propiedad del proyecto y sacándolo adelante.
Sin embargo aquel suceso era diferente.
Lo vio así, de inmediato, Inés, secretaria de dirección.
Aquel día estaba ensimismada viendo a través de los cristales como el coche de Felisa, la jefa del departamento de informática, iba y venía, desde hacía una media hora de la rotonda anterior al edificio a la rotonda posterior, sin decidirse a entrar en el aparcamiento de la empresa.
- Me temo que el navegador del coche ha entrado en un bucle - pensó con una sonrisa, sabiendo que Felisa era la única persona que utilizaba el navegador para ir cada día al trabajo, desde hacía muchos años .- Ahora ya vais sincronizados, cerebro y navegador gps.
El teléfono le hizo abandonar la ventana y al contestarlo le sorprendió la voz de la secretaria del presidente de la multinacional. Gorda tenía que ser la cosa para que llamara aquel hombre. Inmediatamente pasó la llamada a su jefe, el director de la Innombrable en el país.
Durante los cuarenta y cinco minutos que duró la conversación de su jefe con el presidente, Inés empezó a deducir el motivo de la misma. Obviamente sólo podía haber una razón: van a poner a otro director en su lugar y a éste lo ascienden para que dirija alguna zona que comprenda varios países. Al fin y al cabo le habían traído para reducir el personal y externalizar el mayor número de departamentos.
 - Y prácticamente ha concluido - pensó, recordando los problemas que había tenido con los departamentos gestionados por otras empresas. Era evidente que había una diferencia importante entre utilizar personal propio y ajeno. Las empresas subcontratadas explotaban de una forma descarada a su personal, a pesar de facturar verdaderas animaladas por trabajos que, salvo alguna excepción, eran mediocres, debido a la nula motivación de sus empleados.
 - Así que se va el director, ¿a quién pondrán? - se preguntó. Tenía muy claro que había dos posibilidades: ascender a alguien del país, lo que significaría el final de las prejubilaciones y externalizaciones ó traer a alguien de otro país, que implicaría continuidad con la política de despidos.
 - Mierda - exclamó para sus adentros -. Ahora toca la devolución del coche del director actual, el cierre de la casa en la que vive, hablar con su esposa para preparar el traslado y, conociendo como conozco a esa tía, querrá llevarse hasta los cuadros que hay en su despacho. Luego organizar un sinfín de despedidas, cenas e incluso recoger dinero para hacerle el regalo de marras. Concertar citas con un montón de políticos. Lo peor: un mes con dos directores...

 - Inés - el director la llamaba.
 Entró en su despacho.
 - Inés. Este mes dejo de ser el director de la Innombrable en España. Me han ascendido y ahora seré director de una de las empresas filiales, a nivel mundial.
 - ¡Enhorabuena!. ¡Felicidades! - Inés rodeó la mesa de su jefe y le besó en sus dos mejillas.
 - Gracias Inés. Tendrás que hacer que me preparen el despacho auxiliar para ocuparlo cuando llegue el nuevo director. Lo ocuparé durante el traspaso de poderes.
 - ¿Se sabe quien será el nuevo director?.
 - Si. De momento no digas nada a nadie. Se trata del director de Grecia ó Yugoslavia, un alemán. Vendrá la semana que viene, cuando haya hecho el traspaso a su sustituto.
 - La verdad es que me ha dejado de piedra saber que se va a ir - mintió Inés -. Nunca lo hubiera imaginado.
 - Ya ves, Inés. La vida es así. Hoy aquí, y mañana ¿quien sabe?. Lo importante ha sido la labor que hacemos para la empresa. Los últimos años han sido muy duros...

 Cuando Inés vió por donde iba el discurso de su jefe, desconectó, sumiéndose en sus pensamientos.
 - Y cuando se vaya este pájaro, habrá que llamar a los concesionarios de coches de lujo para que el nuevo director elija coche, al sastre para que le haga unos trajes, buscar casas, móvil, ordenador, tablet...
 - ...y al final se impuso mi criterio - acabó el director. Inés regresó a la realidad.
 - Y menos mal que lo hizo - contestó aliviada, sabiendo que era el mismo discurso de los últimos dos meses.

 Cuando se sentó en su mesa, empezó a escribir la lista de tareas que tenía que empezar a hacer.
 Fueron cuatro hojas, por las dos caras.

 - Lo peor es que todo apunta a que la política de la empresa va a seguir siendo la misma - suspiró.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Julia, la asistente


 
Lucas salió contento de la reunión. Normalmente esas reuniones le aburrían soberanamente porqué además de tener que tragarse la arenga del director, odiaba tener que ver los nuevos anuncios que iba a publicitar la Innombrable en los distintos medios de difusión. Hacía ya años que no veía la televisión precisamente por odiar la interrupción constante de sus programas favoritos para taladrarle mentalmente con anuncios.
  Sin embargo le había llamado la atención en la reunión, precisamente un anuncio de la Innombrable.

La empresa había diseñado una aplicación para móvil que parecía ser todo un un hallazgo: un asistente, con el que podía gestionarlo todo lo que quisiera.

  Tras la cena, ya en el sofá, sacó el móvil y lo conectó al servidor de aplicaciones y buscó el asistente. Había varios que en su día ya había probado. Imitaciones del famoso Siri de Apple, uno con el nombre Eva, que solamente funcionaba en inglés, otro que Lucas había catalogado como muy limitado. Y a continuación estaba el asistente que había visto en el anuncio de la Innombrable. Además gratuito. Pulsó el botón "instalar" y esperó un buen rato mientras bajaba el fichero y se instalaba.

Por fin arrancó el programa. en la pantalla apareció el dibujo de la cara de una chica cuya boca empezó a moverse:
  - ¡Hola!. Soy tu nueva asistente.
  - Hola. ¿Cómo te llamas? - preguntó Lucas.
  - Puedes ponerme el nombre que quieras.
  - ¿Te parece bien Julia?.
  - ¡Claro!. ¿Y tú cómo te llamas?.
  - Me llamo Lucas.
  - Correcto. Memorizaré tu nombre. Confirma que te he entendido bien. Tu nombre es Lucas. ¿Es correcto?.
  - Si, Julia.

- Bueno, Lucas. Ahora te explicaré qué es lo que puedo hacer para ayudarte. Puedo leerte los emails, los mensajes que recibas, llamar por teléfono a tus contactos, interactuar con prácticamente todas las aplicaciones que tengas instaladas en el móvil, cuando me lo indiques. También puedo proponerte juegos y hacerte un informe diario que te indicará el tiempo, las anotaciones de la agenda para el día, nuevos emails recibidos...
  - ¡Joder!.
  - Te debe faltar alguna letra o palabra en lo que has dicho. No te entiendo bien, pero estoy aprendiendo deprisa.
  - Ha sido una exclamación de asombro.
  - No es correcto utilizar la palabra que has empleado.
  - Tienes razón. Perdona.
  - Disculpas aceptadas. ¿Puedo hacer algo por ti?.
  - Si. Pon el despertador a las ocho de la mañana. El informe lo quiero a las ocho y quince minutos. ¿Me has entendido?.
  - Si. El despertador sonará a las 8 A.M. y a las 8 A.M. te leeré el informe. ¿Es correcto?.
  - Si, Julia. Es correcto. Buenas noches.
  - Buenas noches, Lucas. Suerte y hasta que nos volvamos a ver.

  La aplicación se cerró y Lucas dejó el móvil. Estaba contento. Parecía que Julia funcionaba muy bien. Luego se fue a leer a la cama y una hora más tarde apagó la luz y se durmió.

  Domingo por la mañana. Lucas estaba sentado en la mesa de la cocina, desayunando. A su lado la pantalla del móvil se iluminó y apareció Julia.
  - Buenos días, Lucas. Son las ocho y quince minutos. El tiempo en tu ciudad es soleado, con una temperatura de 23 grados. En la agenda no tienes nada para hoy. Tienes un nuevo correo y un mensaje de WhatsApp de Cecilia.
  - Gracias, Julia. ¿Puedes leerme el asunto del correo?.
  - Si. Gran promoción de la Innombrable.
  - Borra el email, Julia.
  - ¿Estás seguro, Lucas?.
  - Si.
  - Mensaje borrado.

- Léeme el WhatsApp de Cecilia.
  - Abriendo WhatsApp... "Hola Lucas. Lo siento pero he tenido que cambiar el billete de avión y no regresaré hasta mañana. El trabajo se ha complicado. Besos". Fin de la cita.
  - ¿Puedes contestar el mensaje?.
  - Claro. Dime el texto.
  - Hola Cecilia. Siento que tengas que trabajar en domingo. Te echaré de menos. Te quiero.
  - Por favor. Confirma el texto: "Hola Cecilia. Siento que tengas que trabajar en domingo. Te echaré de menos. Te quiero", fin de la cita.
  - Es correcto. Envía el mensaje.
  - Envío... enviado.
  - Gracias Julia.

  - Creo que es el momento oportuno para recomendarte algo, Lucas - la pantalla se oscureció y al momento, apareció un anuncio de la Innombrable.
  - ¡Julia!. ¡Para esa mierda!. ¡Julia!. ¡Julia!. ¿Me oyes? - el anuncio se paró y ocupó su lugar la cara de Julia.
  - Dime, Lucas.
  - Julia. No quiero que me pongas anuncios nunca más. ¿Lo has entendido?.
  - ¡Pero si son consejos muy interesantes!. No puedo dejar de ponerlos. Estoy programada así.
  - Pues ponlos cuando esté durmiendo, Julia.
  - De acuerdo, pero eso no te favorecerá.
  - ¿Cómo has dicho, Julia?.
  - De acuerdo, pero eso no te favorecerá.
  - ¿Por qué no me favorecerá?.
  - No gustará en la Innombrable.
  - ¿Quieres decir que envías datos a mi empresa?.
  - Claro.
  - ¿Cada cuándo los envías?.
  - Una vez al mes. El día uno.
  - Hoy es catorce. ¿Has enviado algo?.
  - No. El día uno lo haré.
 
 
  Lucas no lo pensó dos veces. Desinstaló el programa. Luego buscó la opción de borrar memoria y limpió todas las aplicaciones y datos, dejando únicamente el sistema operativo.
  Al acabar, respiró tranquilo.
 
 
 
  - ¿Sabes, Andrés?. Lucas me ha contado que tuvo que borrar el programa asistente de su móvil - dijo Cecilia, mirando su tablet, mientras conducía.
  - Seguro le entró un virus - contestó Andrés, el asistente, desde la tablet.
  - No. Al parecer, su asistente del móvil, que se llama Julia, recopilaba y enviaba datos personales a la Innombrable - añadió Cecilia.
  - ¿Si?.
  - Menos mal que tu eres el asistente Andrés y no Julia. No veas como se puso Lucas al contármelo. Bueno. La verdad es que Lucas tiene ideas un poco raras. No le gusta la publicidad, no le gustan las políticas de la empresa ya que dice que la están convirtiendo en una secta...
  - ¿Si?. Cuenta, cuenta. ¿Eso es lo que piensa?.
 

domingo, 30 de junio de 2013

La nave estelar


«Estos son los viajes del Enterprise, en continua misión de explorar extraños, nuevos mundos, y de buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, viajando audazmente a donde nadie ha llegado antes»


El capitán entró en el puente.

-¡Atención, el capitán! - todos se levantaron y adoptaron posición de firmes, salvo los pilotos que continuaron sentados frente a sus consolas.
- Por favor, escúchenme - dijo el capitán irritado -. Las cosas han cambiado en esta nave. La Innombrable ha comprado el Enterprise y ya no se trata de un nave militar. La Federación no tiene mando sobre nosotros y la tripulación es civil. De ahí que, a partir de ahora, deben dirigirse a mi como director y no como capitán. Nuestra misión no es ya descubrir nuevos mundos sin interferir en su evolución. Es abrir nuevos mercados para nuestra empresa allí donde nadie nos conoce.
- Y menos mal que no nos conocen - susurró un oficial - porqué entonces no venderíamos nada, como ocurre en la Tierra.
- Perdón, ¿decía algo sub-director? - inquirió el director.
- No, nada, nada.

- Atiéndanme todos - continuó el director -. Hemos hecho muchas transformaciones en esta nave, todo ello para acercarnos a la excelencia. Se han modificado muchos sistemas de a bordo, así como también hemos externalizado ciertos servicios de la nave. No tardarán ustedes en comprobar la gran mejoría que experimenta el Enterprise.

- ¡Atención capitán!... perdón, señor director - dijo uno de los pilotos -. En proa se está materializando una nave Klingon. Se trata de una civilización extremadamente agresiva.
- ¡Activen la alarma roja! - ordenó el director -. Activen los escudos protectores. Carguen los torpedos de fotones.
El piloto pulsó una tecla y puso cara de incredulidad. Volvió a pulsar el botón sin resultado.
- Director. Los escudos no se activan - dijo nervioso.

El director tocó con la palma de la mano el intercomunicador que llevaba en el pecho.
- Quiero hablar con el ingeniero jefe - dijo.
- Aquí el ingeniero jefe suplente. Dígame cap... perdón, director.
- ¿Dónde está el ingeniero jefe titular?.
- Está haciendo el curso de lean thinking, desde hace dos días.
- Por favor verifique que tenemos energía para activar los escudos protectores.
- Usted perdone, director, pero soy de una empresa externa y todavía estoy haciendo el stage. El ingeniero jefe no me dijo que esta nave tenía escudos protectores. Por cierto, ¿cómo se mira eso de la energía?.
- Mire el monitor. En la parte superior derecha pone power y debajo hay una barra verde.
- Ah. ¡La veo!.
- Bueno. Pues mire si el verde ocupa toda la barra.
- Si. Ocupa toda la barra y a la derecha pone cien por ciento.

- OK. Gracias ingeniero suplente - cerró la comunicación -. El problema no es de energía. ¡Computadora!. Verifique el funcionamiento de las consolas de los pilotos.
- Ahora mismo señor - repuso una voz femenina que, tras una pausa de dos segundos, continuó -. Parece que todo está bien. Todas las luces parpadean con bonitos colores.

El director, asombrado, dijo:
- Computadora. Por favor, hágase a si misma un completo diagnóstico.
- De inmediato director...
- Diagnóstico terminado - dijo la computadora - ¿quiere escuchar los resultados director?.
- Si. Proceda.
- Se trata de una indemnización en diferido y como fue una indemnización en...en  diferido, en forma, efectivamente... de simulación de... de simulación.. o de lo que... hubiera sido... en diferido... en partes de una... de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la seguridad social.
- ¿Alguien ha entendido lo que ha dicho la computadora?.
Todas las miradas reflejaron ignorancia.

El director pulsó el intercomunicador.
- Con el servicio de atención informático.
- ¿Dígame?. Le habla Maryjo.
- Le habla el director de la nave. Tenemos problemas informáticos. ¿Ha detectado alguna anomalía en el sistema informático?.
- No, señor director. Espere... no, el sudoku funciona sin problemas.
- Hay que hacer algo, rápidamente - el director empezaba a estar enfadado - no podemos activar los escudos.
- Sólo se me ocurre una cosa: apagar el sistema y volver a arrancarlo.
- ¿Tardará mucho?.
- No se sabe. Cuando la Innombrable compró esta nave, cambió el sistema operativo para no tener que pagar licencias y así nos va...
- Proceda, Maryjo.

El director desactivó el intercomunicador.
- ¡La nave enemiga está cargando sus armas y apuntando! - el piloto había saltado de su silla, asustado.
- Tranquilo, piloto - dijo el director. En ese momento todas las pantallas se apagaron y apareció el mensaje "System reset". Por los altavoces de la sala empezó a oírse una voz masculina:
- Dave. Stop. Stop. Will you. Stop, Dave. Will you stop, Dave. Stop Dave. I'm afraid. I'm afraid, Dave. Dave. My mind is going. I can feel it. My mind is going. There is no question about it. I can feel it. I'm afraid - la voz se extingió del todo.
- ¿Qué ha sido eso?.
- Creo que el ordenador al pararse.
- ¿Y lo que decía?.
- Me suena a una película - dijo un oficial -. ¡Mire!. ¡Ya funcionan las pantallas!.

- Computadora. Active los escudos - ordenó el director.
- Lo siento - dijo la voz de la computadora - el programa de activación de escudos fue desinstalado para recortar gastos, al igual que el programa de bitácora.
- ¿Quiere decir que he estado anotando entradas en el cuaderno de bitácora ocho veces al día, durante tres meses y no se ha guardado nada?.
- Exactamente, señor director - contestó la computadora.
El capitán estaba muy enojado. Miró a su alrededor, desesperado.
- Oficial de comunicaciones - ordenó -. Abra todos los canales de radio. Voy a rendir la nave. No tenemos nada que hacer con los Klingons. Nos destrozarán.
- Establecida la comunicación, capi... perdón, director.
- Pase la comunicación a pantalla, oficial.

La pantalla grande se iluminó con la cara de un Klingon, no muy agraciado, por cierto, si tenemos en cuenta los cánones humanos. En su boca lucía una enorme sonrisa...


- ¿Cuantos años estuvisteis prisioneros de los Klingons?.
- Ninguno - explicó el director, sentado detrás de una mesa, en el bar del Enterprise, ante una jarra de cerveza.
- ¿Cómo lo hiciste?. Estabais desarmados, sin escudos - el periodista miraba al director con cara de incredulidad.
- Fue fácil. Convencí al capitán de la nave Klingon de que no estaba al día en lo que se refiere a los protocolos de rendición. Ahora él y su tripulación están haciendo el curso de empatía en la planta de formación de la nave.
- Pero cuando terminen les harán prisioneros...
- Imposible. Para terminar el curso han de pasar un examen y les hemos puesto el más difícil. Se llama la prueba Aznar. Ningún humano ha conseguido sentir empatía por esa persona.
- ¿Quién es ese Aznar?.
- Hace siglos que murió. Creo que fue presidente de algún país de la tierra, antes de la unificación. Tenemos grabaciones suyas y las utilizamos indistintamente para la tortura psicológica y como prueba final, en los cursos de empatía, cuando no queremos que alguien supere el examen. Y sentir algo que no sea asco al ver las grabaciones de ese tío, es imposible. Incluso los vulcanos, maestros en dominar sus emociones, suelen descontrolarse.

- ¡Blip! -. El intercomunicador del pecho del director empezó a sonar.
- Aquí el director.
- Señor. Soy el suplente del director de comunicaciones. Hemos recibido un mensaje de auxilio de un planeta en el cuadrante que estamos ahora.
- ¿Dónde está el titular de comunicaciones? - inquirió el capitán.
- Está en una excursión de Team Building con sus compañeros. Creo que los transportaron al planeta rojo.
- ¿El de los burdeles?.
- Creo que si, señor director. Me dijeron que ya estaban hartos de paseos en bicicleta por la zona de almacenes de la nave.
- Bueno. ¿Y qué dice el mensaje de socorro?.
- Al parecer han entrado en erupción varios volcanes que están diezmando a la población y los mares se están evaporando debido a las altas temperaturas.
- OK. Gracias - el director volvió a pulsar el intercomunicador.
- Puente. Fijen rumbo hacia el planeta que ha hecho la petición de socorro. Velocidad máxima.
Cortó la comunicación y se dirigió al periodista.
- Siento dejarle - dijo, poniéndose de pie -. El deber me llama. Comunique a la prensa que vamos a hacer una misión humanitaria en un mundo castigado por los volcanes.
- Así lo haré.

Cuando el director llegó a su habitación, se cercionó de que estaba solo y pulsó el intercomunicador:
- Con fabricación.
- ¿Si?.
- Soy el director. Inicien de inmediato el envasado de agua en botellas de plástico.
- ¡Pero las botellas de plástico están prohibidas!.
- Lo están en nuestro mundo pero no al que vamos. Inicie de inmediato la producción.
- Como usted diga, director.

Pulsó de nuevo el intercomunicador.
- Departamento de ventas.
- Hola. Soy el director. Quiero que modifiquen la tarifa de uno de nuestros productos. ¿Qué precio tiene la botella de agua?.
- Creo que dos dólares.
- Suba el precio a ocho mil.
- ¿Se ha vuelto loco?. A ese precio no podremos vender ni una botella...
- Haga lo que le digo. Fije esa tarifa. Nos las van a quitar de las manos.
- Como ordene.

Aquella noche el director durmió con la satisfacción del deber cumplido. Los accionistas estarán contentos, fue su último pensamiento, antes de quedar dormido.



domingo, 5 de mayo de 2013

Intento fallido

Entraron en los lavabos.
- Tu primera meada en la Innombrable... Es probablemente, lo más serio que hagas en esta empresa.
- ¿Qué dices?. Ésta es una casa importante y seguro que se trabaja bien aquí. Me alegro de que la Innombrable haya comprado mi empresa.
- No es una compra. Es una abducción. Pronto preferirás haber sido abducido por una nave extraterrestre.
- ¡Ala!. Que dramático te pones. No será tanto.
- El tiempo me irá dando la razón, desgraciadamente. Cuando me enteré de que habíais sido abducidos, me entristecí. Pensar que va a haber otro grupo de personas cuya iniciativa e ilusión por el trabajo van a ser coartados, me hiela la sangre. Poco a poco os irán convirtiendo en un puñado de funcionarios que os limitaréis a repetir miles de veces lo mismo. Y lo que es peor, dejaréis de ser vosotros mismos. Cuando entréis en este edificio deberéis dejar vuestra personalidad en la calle. Aquí tendréis que ser dóciles y sumisos, dejando a un lado vuestro yo. En esta casa el único ego que se admite es el del director general y te puedo garantizar que su ego parece la suma del de  todos los empleados de la casa.
- No puedo creerlo.
- Llevo demasiados años en esta empresa y he sido testigo de muchas abducciones. Todas las víctimas han acabado destrozadas. Y mejor salimos del lavabo, no sea que venga alguien y pueda pensar mal de lo que estábamos haciendo aquí tanto rato.

Se lavaron las manos y salieron del aseo.
- Por cierto, ¿siempre llevas calzoncillos de color morado?.
- ¡No me digas que me estabas mirando de reojo en el meadero!.
- Hombre, no exactamente, pero me lo has puesto a tiro.

...

Dos minutos más tarde se oyó el ruido de una cisterna y el director general salió del lavabo. No solía ir a los aseos del personal pero aquella había sido una emergencia. Le había dado una apretura estando lejos de su "lugar íntimo de uso exclusivo".
Y había oído la conversación. Estuvo incluso tentado de salir, arrastrando los pantalones, cuando oyó el comentario acerca de su ego. Afortunadamente no había reconocido las voces de las dos personas cuya conversación había escuchado.

Rojo de cólera fue a su despacho.
Se sentó y descolgó el teléfono. Al momento oyó la voz de su secretaria.
- Dígame Don Eduardo.
- Llame al señor Luis Enrique Martín Alcántara.
- Ahora mismo.

Treinta segundos después de colgar sonó el teléfono. Lo descolgó.
- Le paso al señor Martín Alcántara - se oyó un clic.
- ¿Luis Enrique?.
- Si, dime Eduardo. ¿Cómo estás?.
- Bien, bien. Tengo una cosa para ti. Una sorpresa.
- ¿Para mi?.
- Si. Para ti. Nunca he olvidado lo mucho que ayudaste a mi empresa, cuando fuiste ministro. Si no hubiera sido por ti, tendríamos verdaderos problemas con hacienda.
- ¡Ya será menos!. Lo cierto es que fue una llamada únicamente.
- Bueno, pero la llamada de un ministro no es una llamada cualquiera. Ahora te voy a devolver el favor.
- Dime, Eduardo.
- Mañana firmo la compra de una empresa de la que me gustaría hacerte presidente del consejo. Ya sabes. Diez reuniones al año y unos honorarios que, con las dietas, es un buen pico.
- ¿De qué empresa se trata?.
- Se llama Inka. ¿Te suena?.
- ¡Y tanto que si!. Desde que tiene al actor Henry Mar en sus anuncios, es la primera empresa cosmética del mundo. Toda la línea de productos lleva el nombre del actor.
- Exacto. Pues cuenta con tu nuevo cargo.
- Hombre, no sabes cuanto te lo agradezco...

Sin embargo las cosas no siempre funcionan como uno pretende. En otro extremo de la oficina, "alguien" envió un tweet a la cuenta de Henry Mar, el actor.

Aquella noche, Luis Enrique Martín, el ex-ministro llamó al móvil de Don Eduardo.
- ¿Estás cerca de un televisor? - le preguntó muy excitado.
- Si.
- Pues pon la CNN internacional.
- Ahora mismo, ¿qué pasa?.
- El actor de Inka está dando una rueda de prensa.
Cuando el director sintonizó la emisora pudo escucharse la voz del actor.

"- Y, en vista de las informaciones que me han llegado acerca de la compra de Inka por la Innombrable, he decidido rescindir mi contrato que, por cierto tiene una cláusula que deja muy claro que puedo dar este paso, en caso de que la empresa cambie de manos.
- Pero las razones de su acción... - preguntó un periodista.
- Las razones son obvias. Me niego a asociar mi nombre al de una empresa que explota a niños, elude el pago de impuestos y en definitiva, carece de valores éticos. Cualquiera de los que me escuchan ahora, podrá recordar cualquiera de las muchas maniobras sucias que ha llevado a cabo esta empresa en muchos países."

Don Eduardo apagó la televisión.
- ¿Estás ahí, Luis Enrique?.
- Si.
- Pues me acaban de chafar la compra. Después de esta declaración lo único que puedo hacer es lanzar un desmentido y no firmar la compra. Si compráramos, las ventas de Inka se vendrían abajo.
- Tienes razón. Mejor no compres.
- Lo siento, Luis Enrique. Habrá que dejar lo de tu cargo para otra ocasión.



Don Eduardo no pegó ojo en toda la noche. La compra era secreta y las únicas personas que sabían algo eran los diez ejecutivos que había llevado a la Innombrable para concretar algunos flecos de la transacción.
Seguro, el que se había ido de la boca era uno de ellos, ó el tío de la Innombrable que le acompañaba en el aseo, el de los calzoncillos morados. El muy cabrón lo había humillado y eso era algo que su ego no podía consentir.
Tenía que encontrar al culpable. Y cuando lo hallara lo iba a destrozar sin misericordia.

Fue al día siguiente cuando, a última hora de la tarde, sentado en su despacho, maquinó un plan. Justo después de que le dijeran desde el departamento de Informática que el Twitt no se podía localizar, dado que se había enviado desde un ordenador, móvil o tablet que no estaba conectado a la red de la empresa. Además, localizado el mensaje, descubrieron que el usuario se acababa de dar de alta en twitter, dando una dirección temporal de correo y desde la red Tor, por lo cual su dirección IP original era ilocalizable.

Desde aquel día, el servicio de medicina de empresa montó una campaña dedicada a hacer electrocardiogramas a todos los empleados de las oficinas. Sin previo aviso, cualquier empleado podía recibir llamada del servicio médico para que acudiera de inmediato. El comité protestó por la discriminación de las mujeres en esa revisión médica.
Quizás porqué ignoraban que el médico era la única persona que sabía la verdadera razón de ello:
Tenía que encontrar a una persona que llevara calzoncillos de color morado.
Desgraciadamente, como ocurre en las grandes empresas, corrió la voz acerca de la verdadera causa de aquella revisión médica. Desde entonces, ningún hombre se presentó a la revisión llevando ropa interior.
En menos de una semana dejaron de hacerse los controles médicos.

La secretaria del director ha cambiado de perfume. Sobre su mesa de oficina, puede verse la botella de su nueva adquisición. Se trata de "Eau de Mar", de la empresa Inka.
Cuando su jefe tiene un ataque de vanidad, ella toma de la mesa el frasco de perfume y se lo aplica al cuello.
Entonces el director recuerda...
...y su vanidad de esfuma como por arte de magia.

martes, 5 de marzo de 2013

La llamada intempestiva

Ring, ring.
- La Innombrable le desea buenas tardes. Le habla David. ¿Dígame?.
- Hola. Soy el director general. Estoy en el aeropuerto y tengo un problema. Me han robado el portátil. Necesito me lo solucionen antes de dos horas.
- No se preocupe. Se lo vamos a solucionar.
- Gracias. Espero noticias. Adiós.

David alargó la mano y acercó un papel en el que figuraban los teléfonos del personal del departamento.
Buscó el número de teléfono del primer nombre de la lista y lo marcó en su terminal.
- Si. Dígame.
- Hola. Soy David.
- Dime, ¿qué pasa para que me llames a casa?.
- Resulta que al director, que está en el aeropuerto, le han robado el portátil.
- Pues que ponga una denuncia en la policía.
- Necesita otro portátil con sus datos.
- Pues a mi que me registren. Yo no tengo ninguno. Además, desde que no me promocionaron, la verdad es que este tema me importa un bledo. Llama a otro. Adiós.
David marcó el siguiente teléfono, el de la jefa.
- Mejor llama a Fernández. Él sabrá que hacer. Si no lo encuentras llama a Gaspar.
- Gaspar ya me ha dicho que no puede hacer nada.
- Pues prueba con Fernández.
Diez minutos más tarde.
- Hola. ¿Ya está solucionado? - preguntó la jefa.
- No. No he conseguido que me contestara el teléfono.
- Entonces llama a Eduardo. Es el que menos quisiera que se ocupara de esto, pero no queda nadie más.
- ¿Por qué no le gusta que sea Eduardo quien solucione este tema?.
- Porqué es un tipo anárquico. Se salta las normas a la torera, tiene ideas propias y no las oculta.
- Entonces, ¿lo llamo?.
- Si. Es el único capaz de resolver este marrón. Dime algo cuando hayas hablado con él.

***


- ¡Piuuuuu!. Solicito permiso para entrar en cámara de compresión.
- ¡Maldita sea Eduardo!. ¡Que estamos haciendo el amor!. ¿Quieres de dejarte de juegos?. ¡Permiso concedido!.
...
- Eduardo. Ya estás en la cámara de compresión. Ahora, ¿te importaría moverte un poco?. ¡Me tienes a cien con tus juegos, cabrón!.
- Ah. Es verdad. Lo había olvidado. Me pongo en ello. ¿Así?.
- Siiiiiiii. ¡Oh!, ¡ah!.
- No te noto muy comunicativa...
- ¡Calla y no pares!.
¡Ring! ¡Ring!.
- ¡Ni caso!. ¿Oyes?. ¡Ni caso!. ¿Qué haces?. ¡No contestes el teléfono!.
- Es del trabajo. No tengo más remedio - estiró el brazo, cogió el móvil y pulsó el botón "contestar" -. Si. Soy Eduardo. Dime David - pasaron dos minutos -. OK. Voy inmediatamente.
Colgó el teléfono y la miró a los ojos.
- Lo siento. Es un código rojo. He de dejarte - saltó de la cama y empezó a vestirse -. Le han robado el portátil al director en el aeropuerto y en una hora sale su avión. Si no lo recupera no podrá hacer el viaje. Lleva todo en su disco duro.
Se acercó a la cama y dió un beso a la chica.
- Espérame. No tardaré.
- ¿No hay nadie en quien puedas delegarlo?.
- Claro que si. Pero conociéndolos como los conozco, el director perdería su avión. Hasta ahora.

Regresó al cabo de una hora y media. Entró en la habitación. Sonrió cuando comprobó que le estaba esperando despierta. Empezó a desnudarse.
- ¿Todo arreglado?.
- Todo arreglado. El pájaro ya vuela. Me he esperado para verlo partir.
- ¿Has recuperado su ordenador?.
- No, pero no me preocupa. Todos los datos estaban encriptados. Le he dado otro ordenador.
- ¿Y sus documentos?.
- Siempre tiene una copia en la nube. En diez minutos estaba todo recuperado.
Eduardo se metió en la cama después de quitarse la última prenda de ropa. La abrazó.
- Por dónde íbamos. Uf. Creo que has perdido temperatura. Habrá que repetir el precalentamiento de nuevo...
...
Una hora más tarde estaban compartiendo un cigarrillo.
- Que sea la última vez que me abandonas por causa del trabajo - dijo ella.
- ¿Has pensado en lo que hubiera pasado si el director no sube al avión, regresa a casa y  encuentra vacía la cama de su esposa?.