domingo 14 de junio de 2009

En la gasolinera

- Buenos días señor.

- Hola, buenos días. Por favor cóbrame el surtidor número cuatro.

La dependienta es una chica de alguna parte de América. Delgada, morena, con unos ojos grandes y expresivos. Se pasa la mano por los ojos para limpiarse las lágrimas. Me pregunto la razón de aquellas lágrimas. Bronca del jefe, quizás de su marido, algún problema con los hijos...

Me mira y se lanza con el guión que ha de decir a todos los clientes:
- ¿No le gustaría comprar un número de la Cruz Roja?. Le pueden tocar muchos millones.
- Si cada vez que me ofreces un número de lotería te lo comprara - le digo - hace meses que estaría arruinado.

- Así tendrá más posibilidades, señor - me contesta.
- En eso tienes razón. Aumentarían mis posibilidades. Pero, la verdad es que no necesito dinero y no creo en el que viene del cielo.
Tengo trabajo y he aprendido a vivir con lo que tengo...
- En ese caso, son cuarenta euros del gasoil - me dice la chica con una sonrisa.
- No. Cóbrame el gasoil y un número de lotería - le digo.

Anota la cantidad en la registradora, le entrego mi tarjeta y el DNI y espero a que salga el recibo. Ella me lo da, junto con la tarjeta y el DNI. Firmo el recibo y se lo doy.
- Muchas gracias - le digo -.Que tengas un buen día.

Cuando llego a la puerta la chica me grita:
- ¡Señor!. ¡Se deja el número de lotería!.
- Lo sé. Es para ti. Guárdatelo. Es tuyo.
- No puedo quedármelo.
- Desde luego que si. Te lo mereces mucho más que yo. Espero y deseo te toque una buena cantidad. Si hay algo que me parte el corazón es ver a una mujer llorando. Quizás este gesto te ayude a ver tu problema de otra forma.

La dejo allí. Se queda sonriendo.
Me subo al coche y me voy.

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jueves 11 de junio de 2009

Leandro paga impuestos

Llegó exactamente a la hora. Los funcionarios de la Oficina de Recaudación Fiscal suelen ser muy puntuales.


- Buenas tardes, señor Leandro – me dijo al abrir la puerta.
- Buenas tardes – le contesté -. Pase, pase. Está usted en su casa.
Lo acompañé al salón y le ofrecí una taza de té que aceptó. Una vez le serví su taza, se acomodó en el sofá y sacó de su cartera un ordenador portátil que puso en marcha. Miré la pantalla.

- Hombre. ¡Tiene Linux! - le dije.
- Desde luego. Todos los funcionarios utilizamos sistemas abiertos.
Hizo un clic sobre un documento y apareció el borrador de mi declaración de renta.
- Bueno. Aquí tiene el resultado de la declaración del año pasado – me dijo – si no tiene ningún otro ingreso ó deducción, la daremos por buena.

- Bueno. Este año se casa mi hija y voy a necesitar algo de dinero para costearla.
- Ningún problema, señor Leandro. ¿Cuánto calcula le puede hacer falta?.
- Yo creo que con cuatro mil euros me puedo apañar.

El funcionario seleccionó una opción en su ordenador y escribió un cuatro y tres ceros que luego validó pulsando un botón.
- ¿No quiere hacer alguna obra en su casa, señor Leandro?. Me he dado cuenta de que tiene una humedad en el pasillo...
- No. Esto lo cubre el seguro. Se trata de un escape en casa del vecino. Ya lo tengo bajo control y la aseguradora ya me ha enviado un talón.

- Esta bien. Si no tiene más deducciones, vamos al reparto. La primera pregunta es si quiere hacer donación del 0.7 a alguna Iglesia.
- Soy ateo pero me he enterado de que la Iglesia Musulmana quiere hacer una mezquita en el pueblo. Me gustaría participar. Será hermoso poder ver el minarete desde casa.
El funcionario iba escribiendo mientras yo hablaba. Cuando terminó dijo:
- Anotado. El 0.7 para la Iglesia Musulmana. Otro punto: usted me aparece como objetor en el capítulo militar. ¿Sigue sin querer aportar nada al ejército?.
- Soy antimilitarista. Sigo sin querer aportar nada.

- Anotado. ¿Nucleares?.
- Tampoco.
- Anotado también. ¿Tecnología?. Este punto se lo recomiendo. Si la inversión de este año aumenta, bajarán los precios de la banda ancha.
- Pero si hace años que no se paga Internet.
- Es verdad, pero al bajar los precios del material podrán aumentar se la velocidad de las redes wifi.
Están a punto de crear un nuevo estándar que triplica la velocidad. Además conseguiremos terminar de cubrir por wifi la geografía del país.
- De acuerdo. Marque tecnología – le dije.

- ¿Sociedad de Autores?.
- No. Este año no. No me he bajado nada.
- ¿Ciencia e investigación médica?.
- Desde luego.

- Bueno – dijo el funcionario – y la pregunta que todos contestan de la misma manera: ¿Tercer Mundo?.
- Claro. Siempre y cuando no vaya a parar mi dinero a algún dictador de esos que se lo quedan todo.
- Sobre ese particular, puede estar tranquilo, señor Leandro. Controlamos el destino y el empleo de todos los euros que enviamos.
- Bien.
- Pues ya estamos – me dijo el funcionario -. Bueno. Hay un punto que quería comentarle. Se trata de su hijo. Creo que está en el Conservatorio, estudiando violín. ¿Es así?.
- Si.

- En este caso quiero comentarle que nos han llegado noticias de que usted le ha comprado un violín nuevo.
- Es cierto.
- Si es así, debe declararlo, para que le descontemos el importe de la compra. Se trata de material muy caro – creo que le costó unos doce mil euros – que el Estado tiene la obligación de financiar, ya que se trata de material docente, como los libros de texto y los ordenadores.
- ¿Cómo consiguen pagarlo todo si incluso nos han bajado los impuestos? - pregunté.

- Pues mire: los ministros y altos cargos van a trabajar en transporte público, lo cual, por cierto les va muy bien para saber lo que piensa el pueblo; la Cámara de diputados está siempre vacía porqué sus Señorías, ahora, en lugar de viajar a la capital cada semana desde sus respectivas ciudades, hacen las sesiones por videoconferencia. El Presidente ya no viaja, a pesar de que sigue en contacto con los dignatarios de otros países, también por videoconferencia y lo mejor: ahora controlamos y cuestionamos hasta el último euro de lo que gastan nuestros políticos en el Gobierno. Se terminó eso de gastar dinero desmesuradamente como si nuestro país fuera rico. Ahora vivimos en función de lo que tenemos. Bien administrado, el dinero puede dar para vivir bien...

- Ah. Si es así, le voy a entregar la factura del violín – dije levantándome.
- No es necesario. Ya nos consta este dato – me dijo -. Bueno. Creo que ya está todo.

Se levantó y lo acompañé a la puerta.
- Señor Leandro. Ha sido un placer conocerle. A partir de este año seré su interlocutor para cualquier cosa que quiera de nuestra oficina – me dio su tarjeta -. Dentro de un mes recibirá el importe de la boda de su hijo así como la devolución del importe del violín, siempre y cuando no haya cambiado de cuenta corriente, claro.
- No. No lo he hecho. Sigo con el mismo banco.
- Perfecto. Adiós señor Leandro. Y que vaya muy bien la boda de su hija.




Señor, señor – me dijo alguien tocándome el hombro – le toca a usted.


Medio adormecido, me levanté y fui a la mesa del funcionario de Hacienda, que me esperaba con cara de perro. Miré disimuladamente el reloj mientras el hombre me sometía a una solemne bronca por haberme dormido. Llevaba casi dos horas esperando a que me atendiera.



Luego descubriría que mi contribución al Estado era de un total, entre impuestos directos e indirectos, de un sesenta por ciento.

El reparto de mi dinero, descontado lo que se llevaban los políticos (directa e indirectamente), iba a distribuirse al antojo del gobierno, como de costumbre, sin tener en cuenta los deseos de sus ciudadanos.

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lunes 1 de junio de 2009

Ramona y la firma del convenio

Sonó el teléfono.

Juan alargó el brazo y lo descolgó.
- Si.
- Hola Juan. Dentro de media hora tenemos la firma.
- ¿La firma de qué?.
- La firma del Convenio.
- ¿Te refieres al Convenio ese, en el que no me han dejado participar y que aún no he visto?.

- Venga Juan. No te lo tomes así. Además te lo he dicho mal. No se trata de firmar el Convenio. Se trata de la firma de las actas de las reuniones del Convenio.
- Vamos. Que he de firmar las actas de las reuniones a las que no he asistido...

- Ya sabes que Ramona, la jefe de RRHH fue muy concreta a la hora de elegir a los negociadores del comité de empresa.
- De eso me quejo, Agustín. No es de recibo que la empresa negocie con los representantes que elige a dedo.
- No teníamos elección. Llevan meses despidiendo y prejubilando. Todos tenemos miedo a la posible llamada de Ramona para comunicarnos el fin de nuestra relación laboral. ¿Nos vemos en la sala de reuniones?.
- Vale. Allí estaré.


Ramona estaba satisfecha. Las reuniones para la revisión del Convenio habían salido a pedir de boca.

La campaña de miedo que había extendido a toda la empresa había dado sus frutos. En los últimos meses todos los empleados se habían convertido en simples corderitos mansos, incapaces de levantar su voz por duro que fuera lo que se les impusiera. Y ese era el caldo de cultivo que quería Ramona para negociar el Convenio.

Cuando apareció en la sala de reuniones escondió su sonrisa triunfal.
Doce personas la estaban aguardando.
Abrió la carpeta que llevaba y sacó unas hojas. Las puso sobre la mesa.
- Estas son las actas de las reuniones.

Uno a uno, fueron pasando los representantes de los trabajadores a firmar. Los cinco del sindicato y los siete de la otra candidatura, triunfadora en las últimas elecciones.
- Ahora viene lo bueno – pensó Ramona. Abrió de nuevo su carpeta y tiró sobre la mesa las hojas del Convenio, diciendo :
- Ya sólo falta firmar el Convenio. Como de costumbre, tenéis que visar todas las hojas y firmar en la última.

El silencio invadió la sala. Ramona observó las miradas de los miembros del comité de empresa. Tal y como esperaba, los cinco del sindicato fueron los primeros en hablar.
- Nosotros no aceptamos el Convenio y no lo vamos a firmar.
- Me lo imaginaba – contestó Ramona -. Ya podéis salir de la sala.

Una vez se hubieron marchado los cinco sindicalistas Ramona dijo:
- Ahora se pondrán a redactar un escrito que repartirán a todos los trabajadores en el que dirán que no están de acuerdo con el Convenio y así quedarán como los buenos de la película delante de sus compañeros y también del sindicato.

Tomó de la mesa el Convenio y se lo dio al que estaba a su izquierda.
- Venga. No perdamos tiempo, que tengo mucho que hacer. Firma.

Los siete representantes de los trabajadores firmaron el Convenio. De ellos, solamente dos, los que lo habían negociado – y, por cierto, cedido a todas las pretensiones de Ramona – lo habían leído.

Los cinco restantes no tuvieron el valor para decir que no podían firmar un documento que no conocían.

Cuando Ramona llegó a su despacho era la más feliz de las mujeres. Había conseguido eliminar un sinfín de privilegios que los trabajadores tenían desde hacía muchos años.
- ¡Bien por la política del miedo!. ¡Bien por la crisis!.


Juan no pudo pegar ojo en toda la noche. Sabía que había traicionado la confianza que le habían otorgado sus compañeros de la empresa.

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martes 19 de mayo de 2009

Los estudiantes contratacan

El hecho de que el bar de Santiago estuviera próximo a la Universidad hacía que a ciertas horas, estuviera abarrotado de estudiantes.

Entonces Santiago se encerraba en la cocina, dedicado a preparar todos los pedidos que le iban trayendo los dos ayudantes que tenía en la barra del bar.
Cuando la situación se calmaba, solía salir a charlar con los estudiantes.

Le encantaba el idealismo de aquellos jóvenes, aquella ilusión con la que se enfrentaban con todo lo que se les ponía por delante, aquella ingenuidad con la que veían el mundo.
Algunas veces había tertulias espontáneas que Santiago solía escuchar, mientras devoraba su comida bien merecida, en una mesa, cercana a la de los chicos.
Aquel día, hablaban de la elecciones del Parlamento Europeo.

- Pues yo no tengo idea de a quién votar – oyó decir a Eduardo, estudiante de farmacia.
- Yo no pienso votar. Ningún partido merece mi confianza – dijo Elvira, futura abogada -. Prometen un montón de cosas y en cuanto son elegidos, se olvidan de sus promesas electorales. Luego, al finalizar su mandato, contratan a una empresa publicitaria y pretenden hacernos creer que han cumplido con todo lo que habían prometido a base de campañas.

- Es cierto. Quizás por eso me niego a ver la televisión. Todas las cadenas pertenecen a algún poder mediático y las noticias están amañadas y algunas veces, incluso las ocultan – Manuel estaba en segundo año de periodismo.
- Si un futuro periodista piensa eso del periodismo... - dijo Eduardo – mal andamos.
- Será por creer en una prensa libre, no condicionada a los poderes ni a la influencia de los anunciantes – contestó Manuel -. Por eso suelo enterarme de las noticias a través de Internet, buscando medios no oficiales.
- Bueno. Mi dilema sigue siendo el mismo que antes – dijo Elvira -. No tengo a quien votar.

- Lo que has de hacer es buscar en los programas políticos de cada partido aquello que esté de acuerdo con lo que quieres – repuso Manuel.
- ¿Para qué?. ¿Para que luego hagan lo que se les antoje?.
- Quizás haya un partido que cumpla con lo que promete...
- Claro – dijo Elvira -. Posiblemente porqué no ha estado nunca en el poder...
- Vamos – dijo Álvaro, estudiante de informática -. El problema estriba en que hay un montón de promesas que nuestros políticos no cumplen cuando son elegidos. ¿No es eso?.

- Si. Exactamente. Además, durante los cuatro años que pasan entre las elecciones, vamos olvidando lo que prometieron – dijo Manuel -. Recuerdo que voté al partido actual, por su promesa de cancelar el plan Bolonia y, ¡ya ves!. Lo han aplicado sin miramientos.
- Yo tengo muy claras las ideas. Por un lado quiero un partido que cuando esté en Europa haga desaparecer el Tratado de Lisboa, que luche a favor de la libertad y no se deje extorsionar por las multinacionales, que defienda un Internet libre, que esté del lado de los inmigrantes, que termine con los transgénicos, que descarte el plan Bolonia, que no exista esa doble moral de criticar las guerras mientras vende armas a los contendientes...
- ¡Vale!. ¡Vale!. En eso estamos de acuerdo todos – dijo Álvaro –. Los políticos únicamente saben hablar y no actúan de acuerdo con sus palabras. ¿Qué opinas Santiago?.

Santiago levantó la vista y dejó su bocadillo en el plato.
- Es posible que tengamos que controlar a esa pandilla de mentirosos embaucadores.
- Si. Pero, ¿cómo?.
- Con las únicas armas sobre las que no tienen poder, por lo menos de momento.
- ¿Y cuáles son? - Preguntó Álvaro.
- Hombre – dijo riendo Santiago -. Que seas precisamente tu quien me lo pregunte...
- Espera. ¡Claro!. ¿Internet?.

- Es el único lugar en el que aún tenemos libertad para expresar nuestras ideas. Y hay que darse prisa para que esto no cambie, ya que nuestros políticos actuales también quieren controlar la red. La otra arma es vuestra inteligencia. No merece la pena defender vuestras ideas a base de encierros y manifestaciones. Tenéis que pegarles allí donde les duele.
- ¿Y cómo podemos hacerlo? - preguntó Elvira.

- Haciendo acopio de aquella información que os interesa conocer y publicarla, airearla – contestó Santiago -. Por un lado podéis recoger todas las promesas electorales de cada uno de los partidos y luego os dedicáis a ir reflejando si se van cumpliendo. Cortando y pegando lo que sale por la Red, podéis ir documentándolo todo. Y con el tiempo, la ciudadanía tendrá bases para elegir quienes son aquellos que cumplen con lo que prometen y quienes no. Me gustaría pensar que pudiera llegar el día en que la sociedad votara en base a ese tipo de datos y no por la prensa y a las campañas publicitarias. Se trata de jugar con la misma moneda que ellos, pero la diferencia es que vuestra información será veraz.
- La idea es buena – dijo Manuel -. Pero es muy caro llevarla a cabo.

- ¿Caro?. No lo creo – repuso Santiago -. ¿A ti te lo parece, Álvaro?.
- Deja que piense. Necesitaríamos un programa para presentar los datos, una base de datos para guardarlos, un sistema operativo, un programa servidor de páginas web...
- Espera – dijo Santiago -. No soy ningún experto pero en casa tengo un ordenador dentro del cual tengo un sistema operativo y un puñado de programas que nunca he pagado...

- ¡Vaya piratilla, Santiago!.
- No. Se trata de Linux. Si miles de usuarios han podido desarrollar algo como Linux, que ahora puede que ya sea mejor que un Windows, ¿qué no seréis capaces de hacer vosotros?. Existe mucho software libre que podéis utilizar.
- Pues tienes razón, Santiago – dijo Álvaro -. Podríamos usar el MediaWiki, que es el software de la Wikipedia, MySql, para las bases de datos, Apache para el servidor web... Es cierto. Todo es gratuito.

- Entonces ya sabéis. Los informáticos podríais desarrollar la parte técnica, los periodistas hacer acopio de promesas e incumplimientos, los abogados recoger esas leyes que vayan desarrollándose en las cámaras y que sean contradictorias con las promesas electorales... - Santiago bebió un trago de cerveza -. ¡Que gran proyecto!. Bien aireado por Internet, podéis conseguir miles de voluntarios en todo el país. Y si funciona, pronto os imitarán en otros países. Ya nadie podrá decir, como Elvira, que no sabe a quien votar.
- Lo único importante - dijo Elvira -, es ser muy veraces. Que nadie pueda decir que publicamos información inexacta ó tendenciosa. Ha de ser información contrastable. Quizás incluyendo incluso vídeos.


Dos meses después, Santiago se enteró sorprendido de que aquella idea que había surgido en el bar, iba tomando cuerpo en la Universidad. Los mismos profesores y catedráticos de las distintas facultades impulsaron el proyecto que, poco a poco fue convirtiéndose en algo real.

Un buen día, tras las vacaciones de verano, apareció una nueva página en la red. Pronto se convirtió en una de las más visitadas y los usuarios descubrieron que podían ir aportando contenidos y validarlos a través de los diversos foros.
Funcionarios de ayuntamientos y diversos trabajadores de empresas, están aportando también documentación acerca del montón de trapicheos de los políticos.

Corre el rumor de que en algún ayuntamiento el alcalde ha tenido que retirar la fotocopiadora y obliga a los funcionarios a depositar los móviles con cámara de fotos en la entrada, cuando van a trabajar, para evitar que se aireen documentos de sus trapicheos.

Aún así siguen llegando y publicándose documentos en la web.
Al fin y al cabo la picaresca es lo que mejor dominamos en nuestro país.
Y lo mejor de todo: por primera vez los políticos se lo piensan, antes de hablar.

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domingo 10 de mayo de 2009

Martín y el mobbing inmobiliario

- Cuando la señora Magdalena pide un carajillo, algo está pasando - pensó Santiago.
Se lo llevó a la mesa y se sentó mirándola de forma inquisitoria.
- ¿Algo va mal en el asilo, señora Magdalena? - preguntó.
- No. Nuestro taller sigue funcionando, a pesar de la crisis. Nuestros muñecos se venden como rosquillas y no tenemos problemas económicos - suspiró y sus ojos se perdieron en divagaciones internas, que finalizaron con otro suspiro.
- Sin embargo... - continuó Santiago.
- Sin embargo, estoy impresionada. Apenas he pegado ojo esta noche.
- ¿Qué pasa?.

- Se trata de un nuevo ingreso. Se llama Martín y tiene unos setenta y muchos años. Llegó ayer a la residencia. Es la misma imagen de la derrota. Lo trajo la policía. Entró llorando como un chiquillo. Me acerqué a él e intenté calmarlo. Poco a poco empecé a entender sus balbuceos y me hice una idea de lo que le había pasado.

Bebió un trago y continuó.

- Llevaba años intentando defender su vivienda. Al parecer, una promotora quería hacerse con el edificio entero, para construir un edificio de alto standing. Durante años se dedicaron a hacer la vida imposible a todos los propietarios del edificio, para que vendieran sus pisos a la baja. Poco a poco todos los vecinos se fueron marchando y el único habitante del edificio que quedó, era el señor Martín. Éste resistía todo tipo de presiones simplemente por principios. Se negaba a aceptar que una pandilla de matones le intimidara. Y así fue resistiendo hasta que, hace unos días, al entrar en el portal de su casa, alguien se le acercó y le dio un golpe en la cabeza, dejándolo inconsciente. Lo llevaron a un hospital, en el que estuvo unos días y cuando estuvo ya recuperado, un informe médico declaró que el hombre estaba incapacitado para vivir solo. Como su familia no quiso hacerse cargo de él, nos lo trajeron a la residencia. Y la promotora ha conseguido que la familia venda el piso por cuatro cuartos.

Santiago se quedó pensando. Luego pidió unos cuantos datos a la señora Magdalena.

Duele mucho perder una guerra en la que sabes que la razón está de tu parte. El señor Martín estaba sentado en al jardín con la señora Magdalena. Habían pasado seis meses desde que entró en la residencia. Con la ayuda del sinfín de amigos que había hecho en el centro, había podido ir recuperando su optimismo. Ya no le importaba demasiado que una pandilla de desalmados le hubiera arrebatado su hogar. Estaba aprendiendo a conformarse.

Se fijó en el joven que entró por la verja del centro. Moreno, alto, desaliñado, llevaba tatuajes en el cuello y en los brazos no había un centímetro de piel que no llevara un dibujo. En una ceja y en el labio inferior le colgaban dos aros.

Observó como hablaba con una enfermera y vió como ella levantaba el brazo y señalaba hacia donde ellos estaban.
Luego el chico se dirigió hacia ellos.
- Usted debe ser el señor Martín - dijo al llegar.
- Si. Soy yo.
El muchacho acercó una silla y se sentó frente a sus interlocutores.

- Tengo algo para usted - dijo, mientras metía la mano en el bolsillo de sus vaqueros y sacaba todo su contenido. Papeles, una navaja, una bolsita con cremallera con el dibujo de unas hojas de marihuana, unos billeres de diez euros arrugados... Luego revolvió entre los papeles y tomó uno que se veía menos sucio y arrugado que el resto. Lo desdobló, lo miró y se lo alargó al señor Martín. Éste lo tomó y, tras leerlo, se puso a temblar. Temblaba tanto que la señora Magdalena se temió que le fuera a dar un infarto.

- ¿Por qué me das eso? - dijo el señor Martín casi sin aliento.
- Porqué eso es suyo - mirando a la señora Magdalena le explicó -. Se trata de un talón conformado de tres millones de euros, el valor del piso del que fue echado hace unos meses.
- Pero si no me querían pagar más de doscientos mil... - dijo el señor Martín.

- Usted estuvo luchando por el piso y soportó lo indecible de aquellos desalmados - dijo el joven - . Y esta lucha fue la que hizo aumentar el valor del piso a tres millones. Este cheque es de la cantidad que nosotros consideramos vale su sufrimiento de estos últimos años.
- Pero, ¿cómo...?.

- Deje que le cuente. Cuando usted fue traído a esta residencia, mi familia fue alertada por un amigo, alguien que tiene un bar. Esta persona nos contó lo que le había pasado a usted - la señora Magdalena suspiró recordando su conversación con Santiago - y nosotros y unos amigos fuimos a instalarnos en su casa. Somos okupas. No tenemos propiedades y hace muchos años que vivimos en casas que nadie usa. No vea la cara que puso el promotor cuando descubrió que de la noche a la mañana tenía siete familias ocupando la casa que quería derruir. En cuanto lo supo vino a vernos, rodeado de matones, amenazándonos con echarnos a tiros. Nosotros le dijimos que preferíamos esperar al veredicto de un juez y que mientras tanto nos íbamos a quedar en la casa. Sabemos por experiencia que una demanda por okupación puede tardar años en convertirse en un desalojo. El ganster palideció y gritando nos dijo que nos iba a sacar de la casa vivos ó muertos. Y, sin embargo, nos mantuvimos meses en la casa. Eso si. Soportando a los matones que venían a complicarnos la vida.

Los ojos de la señora Magdalena y el señor Martín parecían a punto de salirse de sus órbitas.

- Hace tres días, volvió el director de la promotora. Esta vez estaba muy dócil, pero muy dócil. Sacó el talonario y nos dijo que estaba dispuesto a pagar hasta un millón. Nos pusimos a reir. ¿Usted cree que lo que sufrió el señor Martín y sus vecinos vale esto?, le dijimos. Se levantó y se marchó. Al día siguiente regresó. Esta vez traía un talón por tres millones. Le dijimos que no aceptábamos talones. Que preferíamos un talón conformado. Volvió a marcharse enfadado. Y ayer recibimos un sobre con el talón de los tres millones, esta vez en orden. Es suyo, señor Martín. Se lo merecía y se lo ha ganado.

- Pero, ¡yo no necesito dinero!.
- Quizás su familia.
- Mi familia nunca estuvo a mi lado cuando defendía mi casa...
- Haga lo que quiera con el dinero. Es suyo. Y, por último, quiero decirle que ha sido un verdadero placer conocer a alguien tan admirable como usted, señor Martín. A mis hijos les encanta que les cuente por la noche la historia del señor que defendía su piso de unos desalmados. Muchas gracias por su ejemplo.

El joven se levantó y dio la mano a aquel hombre que ya no se esforzaba en retener sus lágrimas y lloraba como un niño.
Luego se marchó, llevándose sus tatuajes, sus aros y su ropa desaliñada y raída.

La señora Magdalena dijo emocionada:
- Creo que hacemos mal juzgando a los demás por su aspecto. ¡Que chico tan encantador!.

Y, desde luego, supieron dar un buen uso a aquel dinero venido del cielo. Ahora la residencia ha crecido. Han comprado la torre del lado - eso si, sin presionar al propietario - y han doblado el número de residentes y de enfermeras del centro.

El señor Martín se ha acostumbrado a acompañar a la señora Magdalena al bar de Santiago.
Nunca le ha dicho nada a Santiago. Sabe que a éste no le gustan las frases de agradecimiento.

Pero Santiago sabe leer en su mirada aquello que las palabras son incapaces de expresar.

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domingo 19 de abril de 2009

Interrogando a un testigo

ABOGADO:- Señorita Talliot. ¿En serio espera que el tribunal crea que la tarde de noviembre del pasado año, el mismo día y le recuerdo al tribunal, que se realizó el horrendo crimen del que está acusado mi cliente, usted se encontraba paseando simplemente por el parque?.

TESTIGO:- Es lo que hacía.

ABOGADO:- ¿Es lo que qué?.
TESTIGO:- Es lo que hacía.

ABOGADO:- ¿Así que es lo que hacía?, ¿verdad?. Me pregunto señorita Talliot si usted sabía que la escritora americana Gertrud Stain ha confesado ser lesbiana.
TESTIGO:- Bueno. Eso creo.

ABOGADO:- ¿Eso cree?... Señorita Talliot, Gertrus Stain es una de las más grandes y célebres novelistas del siglo 20. Sus tendencias lésbicas son de dominio público.
TESTIGO:- Sí.
ABOGADO:- Sí. Pero usted sólo cree que es lesbiana.


TESTIGO:- Bueno, realmente nunca pensé en ello. Nunca he leido ninguno de sus libros.
ABOGADO:- Oh, venga, venga, Señorita Talliot. Todo el mundo sabe que hay, no más lejos de dos calles de su piso, una librería donde los trabajos de Gertrude Stein están libremente expuestos.

TESTIGO:- Oh.
ABOGADO:- Sí, oh. ¿Y le pide al jurado que crea que en las numerosas ocasiones en las que debe, durante el transcurso de sus deberes como mujer, haber pasado por esta tienda mientras compraba, por ejemplo, nunca entró en el establecimiento y compró un solo volumen de esta escritora abiertamente lesbiana?

JUEZ:- Señor Foley, me temo que realmente no acierto en ver a donde nos conduce esta línea de interrogación.

ABOGADO:- Bien, con el permiso de Su Señoría, estoy intentando establecer que este testigo ha sido culpable de tejer una capa transparente de falsedades, un catálogo de mentiras, y que lejos de ser la respetable presidenta de beneficencia infantil y la hija del embajador, que mi erudito amigo, el abogado de la acusación nos quería hacer creer, ella es, de hecho, una activa, promiscua y devoradora lesbiana.

JUEZ:- Ya veo, bien, continue. Pero, Señor Foley, debo advertirle que si intenta intimidar o hundir a esta testigo tendré una opinión indecente de usted.

ABOGADO:- Su Señoría es muy cariñosa.


JUEZ:- Lo sé perfectamente. Puede proceder.

ABOGADO:- Es usted consciente, Señorita Talliot...


TESTIGO:- En realidad soy señora.

ABOGADO:- Oh, oh, lo siento, le pido disculpas... Oh, bien, si quiere darle importancia a ello... yo, por mi parte, no pienso impedírselo, Señora. Talliot, ¿es así como prefiere que la llame?.

TESTIGO:- Bueno, es como mi marido prefiere que se me conozca.

ABOGADO:- Ah, sí, su marido. Su marido, es un renombrado obispo...
TESTIGO:- Sí.

ABOGADO:- Sí, un obispo en la religión... la Iglesia anglicana... creo que se la considera así; que posee tierra. Mucha tierra. Tierras sobre las que se construyen casas. Casas en las que es estadísticamente probable que se hayan cometido actos privados de lesbianismo.

JUEZ:- Sr. Foley, siento de nuevo que debo interrumpirle. Yo mismo soy miembro de esa iglesia. ¿Implica esto, a tenor de sus ideas centrales, que soy una lesbiana?.

ABOGADO:- No, no, Su Señoría me malinterpreta.
JUEZ:- Bueno, eso espero. Espero que esté muy lejos el día en el que sea acusado de haber hecho el amor con mi mujer.

ABOGADO:- Nunca me atrevería a atacarle, su Señoría.

JUEZ:- La atracción a las mujeres, la cual es rechazada como debería por las personas sensibles, no es en sí misma un crimen.
ABOGADO:- La autoría y sabiduría de su Señoría no es una nadería.

JUEZ:- Debemos recordar por consiguiente, Sr. Foley, en nuestro entusiasmo de llegar al fondo de esto, que la Srta. Talliot no esta siendo enjuiciada. Ella es un testigo. Por muy depravados y alocados que sean sus actos de lujuria, estos, en toda su desagradable y depravada bestialidad, no son por si mismos el tema de este tribunal.

ABOGADO:- Su Señoría es adorable, mi lord.


JUEZ:- Muy bien. Continue.

ABOGADO:- Gracias, mi amor. Ahora, no le propongo, Srta. Talliot, que agobie al jurado con más detalles de su sórdida y vergonzosa carrera erótica más de lo necesario. Simplemente deseo saber, para mi propio entendimiento, como es que usted espera que un jurado Brítanico crea en el testimonio de una monstruosa bollera como usted y se ponga en contra de un respetable hombre de negocios.

TESTIGO:- Yo solamente estoy contando lo que ví.

ABOGADO:- ¿Lo que vió?. ¿Lo que vió a través de esos ojos cegados de lujuria?... ¿Lo que usted vió enloquecida por los precarios juicios de sus prácticas tan conocidas?.


TESTIGO:- Lo que yo ví cuando volvía de la reunión del Consejo Parroquial.

ABOGADO:- ¿No es un hecho, Srta. Toilet, que las palabras "Consejo Parroquial" son un anagrama infame de las palabras "conejos parroquiales"?
TESTIGO:- Oh...

ABOGADO:- Está dudando, Srta. Talliot.
TESTIGO:- Bueno, yo ...

ABOGADO:- Sigue condenándose por su propia contaminada y sucia mente.
TESTIGO:- Yo...
ABOGADO:- No más preguntas.
TESTIGO:- Bueno...

ABOGADO:- No más preguntas. Gracias Señora Talliot.

JUEZ:- Puede sentarse, Señor Lesbiana.

TESTIGO:- Oh.

TESTIGO:- ¿Estarás para el té esta noche, Jeremy?

ABOGADO:- Por supuesto madre. Iré acompañado del señor juez.


Se trata de una traducción (libre) de un sketch de la serie "A Bit of Fry & Laurie". La encontré hilariante.
Dedicado a mis dos lectores abogados: Cornelivs y Xavi.

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martes 31 de marzo de 2009

El arte de ser consecuente

- Queridos todos.. - empezó el director, completamente sonriente - me encanta veros a todos juntos. Juntos alrededor de esta gran mesa, mesa que ha sido testigo de tantas y tantas reuniones.


Un murmullo de aprobación salió de las quince personas sentadas en la sala de juntas.

- Lo primero que quería deciros es que me siento orgulloso de vuestros subordinados. Hoy puedo constatar que el proyecto Lean Thinking ha funcionado de maravilla. Javier, el responsable del mismo, ha conseguido algo que yo mismo no creía que nadie consiguiera - Javier sonrió orgulloso en su butaca -. Entre nosotros y que no salga de aquí, siempre he opinado que todas las "medicinas" que van apareciendo en el mundo empresarial, no son otra cosa que la forma que tienen ciertas consultorías para crear nuevas necesidades y vender nuevos cursos.
Bebió un sorbo de agua y prosiguió:

- En realidad, si os soy sincero, nunca he creído demasiado en esos discursos con palabrejas tales como "proactividad", "sinergia", "excelencia", "escucha empática" ni en esos cientos de cursos que se imparten en el mundillo de la empresa. Si hay algo cierto en los miles de estudios que se han ido haciendo sobre el mundo de la empresa, lo reduciría todo, a dos principios: el de Peter y el de Dilbert. El resto consiste en estudios oportunistas de un montón de pseudo-estudiosos que generan un sinfín de libros y de cursos, lo que no deja de ser un buen negocio - su mirada recorrió los ojos de todos los asistentes - . Os preguntaréis cómo puede ser que una persona que no cree en eso que llaman "cultura de empresa" puede haber fomentado tanto curso como impartimos a nuestro personal. Quizás por tratarse de una moda de todas las empresas importantes, nos convenía no ser menos que ellos. También nos sirve para obtener desgravaciones importantes. O para demostrar ahora, en plena crisis, que nos los podemos permitir.

- De ahí - prosiguió - que me haya quedado asombrado por el éxito del curso. Un curso ha servido para algo. Puedo asegurar que el noventa por ciento de nuestro personal está motivado e ilusionado ya que, por primera vez, se les ha permitido cuestionar lo que hacían. Gracias a eso, ellos mismos han eliminado de su trabajo todo aquello que no aportaba ningún valor añadido para el cliente. Mucho de lo que hacían no era necesario. Tareas heredadas de otros tiempos, controles innecesarios, trabajos duplicados... Han sido ellos quienes han eliminado todo el "waste"(*). Nuestra productividad ha aumentado un ciento cincuenta por ciento...

Los rostros de los asistentes estaban eufóricos.

- Gracias a Lean Thinking hemos podido prescindir de cincuenta personas. Tratándose como se trata de personal de oficinas, no es gran cosa, el dinero ahorrado. Pero induce a pensar, ¿cómo podríamos eliminar más gastos?. ¿No es curioso que cientos de personas que estaban desmotivadas lo estén ahora gracias al programa de Javier? - se quedó pensativo, se rascó una oreja y prosiguió -. ¿Quien ha de motivar a nuestros empleados?. ¿Quién organiza su trabajo?. La respuesta es obvia: sus mandos. Lo cual significa que muchos jefes han eludido sus responsabilidades. Hablar de jefes, son palabras mayores. El sueldo de un jefe es astronómico, en esta casa. Y durante años, ninguno de los jefes se ha preocupado de motivar al personal y mejorar su trabajo, eliminando tareas innecesarias.

Bebió de nuevo un trago de agua.

- Deduzco entonces que los jefes no habéis hecho el trabajo que se os encomendó. En otros tiempos os hubiéramos reciclado con un curso sobre "motivación y mando". Hoy, con la crisis, no tendréis esa suerte. Cuando termine esta reunión, os agradeceré concertéis cita con Ramona, nuestra jefa de personal, para que os haga unos cuantos números y os prepare el finiquito.

Cabizbajos y arrastrando los pies salieron de la sala los quince jefes.
El director descolgó el teléfono.

- María. Por favor prepáreme un café y haga entrar a los siguientes quince.

Una vez sentados los quince alrededor de la mesa...

- Queridos todos... - empezó el director - me encanta veros a todos juntos. Juntos alrededor de esta gran mesa, mesa que ha sido testigo de tantas y tantas reuniones...




(*)Waste: nombre
  1. despilfarro
  2. derroche
  3. pérdida
  4. desgaste
  5. desperdicio
  6. merma
  7. desperdicios
  8. desierto
  9. tierra baldía
  10. yermo
  11. vertidos
  12. residuos
  13. basura
  14. desechos

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