domingo 12 de febrero de 2012

La venganza de Mariano

- ¿Os habéis enterado de que Ramón va a ir con los comerciales a Las Vegas?.
- ¡Anda ya!. ¡Si él es informático como nosotros!.
- No nos insultes, Mariano. Ramón tiene de informático lo que yo de bombero. En mi vida he visto un "free rider" como él.

- ¿Free rider?. ¿Que es eso?.
- Un tío que vive de los demás sin aportar absolutamente nada. Se refiere al tío que se beneficia de alguna cosa, evitando pagar por ella.
- Vamos. Algo así como el rey.
- En el caso de Ramón, ya sabéis que se ha puesto muchas medallas a costa de nuestro trabajo y sin pegar ni brote. Se limitaba a soltar extensas parrafadas en las reuniones, pero a la hora de la verdad nunca se curraba ningún proyecto. Siempre ha tenido habilidad para traspasarnos los trabajos que le correspondían a él y al final, lo único que hace es ponerse nuestras medallas.
- Es cierto. No es otra cosa que un parásito.

- Pues digámoslo a la jefa.
- ¿En qué mundo vives?. No tenemos nada que hacer con ese tío. Está muy bien considerado por la jefa. Son uña y carne. Siempre le está haciendo la pelota. Por otro lado nos daríamos de cabeza con meses de team building. Además, desde que la jefa está embarazada, evita complicarse la vida y nunca nos echaría una mano y menos contra su "amigo del alma".
- Se me hace difícil pensar que esa tía pueda estar de baja por maternidad teniendo a Ramón en el departamento. Se expone a un golpe de estado en su ausencia. ¡Menudo arribista es ese cabrón!.

- ¿Y cómo es que va a Las Vegas?.
- Supongo que eso ha sido a raíz de la pregunta que hizo aquella jefa al director, en la reunión de capos, en la que de forma clara, dejaba caer que sólo se organizan viajes para los del departamento comercial y que el resto del personal es ignorado en este tipo de actividades. Supongo que para anular aquel argumento, han invitado a algunas personas de otros departamentos para que hagan el viaje.
- Y le ha tocado a Ramón, casualmente.
- Bueno. Ya sabéis que en los últimos años se ha puesto todas nuestras medallas y sobre todo la de aquel proyecto que hicimos, que afectaba al área comercial.
- ¡Ese proyecto me lo curré yo solo! - saltó Mariano.
- Pero la medalla se la puso él.
- Esto no va a acabar así. Hemos de hacer algo.
- Podemos rezar...


Los dos aviones aterrizaron en Las Vegas con escasos minutos de diferencia. Salvo el pasaje, todos los viajeros pertenecían a la plantilla de la Innombrable. EL ambiente, durante el vuelo, había sido festivo y pocos pudieron permitirse dormitar un par de horas de las muchas que duró el viaje.

Tras pasar el control policial todos subieron a los autobuses que les estaban esperando al lado de las puertas de salida del aeropuerto. Al llegar al lujoso hotel se entregaron las llaves de las habitaciones y fue entonces cuando se dieron cuenta de que faltaba Ramón.
Durante el cóctel de bienvenida, llamaron a Ramón por los micrófonos. No estaba allí. Luego preguntaron si alguien lo había visto. Efectivamente había viajado en el avión. La última vez que lo vieron había sido en el aeropuerto, haciendo cola en el control de pasaportes.

Tras muchas llamadas al aeropuerto y a la embajada española supieron lo que había sido de Ramón: lo habían subido a un avión de vuelta a España, tras horas de interrogatorios.
Al parecer había mandado escritos ofensivos en contra del presidente americano y su país, desde su Twitter(*).


En el departamento todavía se ríen de lo que ocurrió con Ramón. A su llegada, se las vieron y se las desearon para evitar la carcajada en su presencia. Nadie se atrevió a preguntarle lo que le había ocurrido en Las Vegas. Al fin y al cabo había sido publicado en la prensa.

Mariano tiene ahora un secreto. Nunca le ha contado a nadie cómo se hizo con el móvil de Ramón y envió los mensajes el día antes del viaje.
Pero duerme tranquilo, sin problemas de conciencia.
Ha conseguido que Ramón haya dejado de ser un parásito y vuelva a trabajar.



(*) Twitter es una aplicación que no protege los datos que enviamos, por lo que pueden ser interceptados.
En Los Ángeles, dos turistas británicos son detenidos y encerrados durante doce horas, y finalmente deportados. ¿Su pecado? Haber intercambiado mensajes en Twitter en los que hablaban de la juerga que estaban planeando, en los que decían que iban a “destruir América” y a “desenterrar a Marilyn Monroe”.

lunes 16 de enero de 2012

La apuesta

- Por la forma que tienen de mirarse, hay rollo - estaban los dos tomando café delante de la máquina expendedora de bebidas calientes.
- Vamos. Tu tienes demasiada imaginación.
- Podríamos hacer una apuesta... - le dijo Gerardo.
- ¿Si?. ¿Y cómo lo comprobamos?. - respondió Óscar - Cuando salen del trabajo, cualquiera sabe lo que hacen...

- Quizás tengan rollo aquí dentro.
- Anda ya. Se trata de nuestra jefa y no es tonta. ¿Dónde van a tener intimidad?.
- Cuando alguien quiere una cosa, bien que se espabila - dijo Gerardo -. ¿Aceptas la apuesta?. ¿Cien euros?.
- Insisto - repuso Óscar -. Esa apuesta no se puede verificar.
- Yo me encargo de la verificación. ¿Aceptas?.
- Está bien. La acepto pero ya me dirás cómo la pillamos.
- Pásate después de comer por mi mesa - le dijo Gerardo -. A esa hora no hay nadie.


Cuando Óscar llegó a la mesa de su compañero, éste ya lo estaba esperando.

- ¿Qué sabes de los chips RFID? - le preguntó.
- Ni puñetera idea.
- Pues llevas uno, colega - rió Gerardo.
- ¿Quién?, ¿yo?. Y una mierda.

- Pues si. Y en tu casa también tienes un chip RFID (1), si te has renovado el pasaporte(2) hace poco. Desde Agosto del 2006 están en todos los pasaportes. Y aquí, lo llevas en tu identificador, en el carnet que nos hacen llevar visible cuando estamos en la Innombrable.
- Ah, bueno. Claro que lleva un chip. Es para que podamos hacer el marcaje cuando entramos ó salimos.
- Exacto. Simplemente, acercando nuestra identificación al reloj de marcar, lo detecta y lee nuestro número de empleado. Yo pensaba como todos, que el chip servía para eso.

- ¿Y no es así?.
- Si. Pero puede hacer mucho más. Hace un mes se averió un disco duro en el servidor que contiene las aplicaciones de seguridad de la empresa. No fue demasiado lío cambiar el disco y recuperarlo todo desde el backup de la noche anterior. Sin embargo...
- Sin embargo, ¿qué?.
- Sin embargo descubrí una aplicación desconocida para mi. Se llama Cerberus y lo que hace es registrar los movimientos de los que trabajamos en la Innombrable. Lo cual significa que en todas las salas de la casa hay ocultos lectores del chip de nuestras tarjetas, que van transmitiendo nuestra posición.
- El Gran Hermano de Orwell...

Gerardo desbloqueó su ordenador y luego se conectó al servidor de seguridad. Después puso en marcha un programa.
En la pantalla aparecieron muchas ventanas en las que aparecían el plano de cada planta del edificio y unos puntos rojos. Acercando el puntero a cada punto rojo aparecía el nombre de una persona. Gerardo maximizó una ventana.

- ¡Cielos!. ¡Esta es nuestra planta! - exclamó Óscar -. Y esos dos puntos debemos ser nosotros.
Gerardo acercó el puntero a los topos rojos indicados por Óscar y aparecieron sus respectivos nombres.
- Alucinante - dijo Óscar -. Y ¿cómo vamos a pillar a la jefa?.
- Este programa registra todos nuestros movimientos - pulsó un botón en el que ponía "trace". Apareció una ventana pidiendo un código y Gerardo escribió un número. Pulsó el botón "accept" y empezaron a aparecer mensajes.

- ¿Qué has hecho, Gerardo?.
- He introducido el número de empleado de la jefa y ha salido el listado de sus movimientos de hoy.
- Me parecen muy crípticos.
- No lo creas. Hora, sala y tiempo que ha estado allí.
- ¿Y esas salas con la letra A?.
- Son los ascensores. Y la P significa aparcamiento. Ahora fíjate bien. A las once de la mañana sale de su despacho, coge un ascensor y se va al aparcamiento. ¡Y se queda allí casi una hora!. ¿Necesitas más pruebas?. Me debes cien euros.

- Quizás ha ido a dormir al coche, tras una noche de insomnio...
- Me temía esta respuesta... - Gerardo pulsó de nuevo el botón "trace". Luego introdujo otro código que leyó del papel que tenía al lado. Apareció otro listado.
- Esos son los movimientos del pájaro sospechoso, el amante - dijo -. Curioso, curioso. Si lo miras bien, verás que a las once de la mañana va al aparcamiento y se queda allí una hora. Supongo que también tuvo una noche dura. Sobre todo teniendo en cuenta que ese tío no puede aparcar en la zona de jefes y su coche no estaba en la planta a la que fue, que casualmente, es donde ella aparca.

- Acepto la prueba. He perdido la apuesta. Mañana te pago. ¿Sabes?. Podríamos hacer maravillas con ese programa...
- Ni lo sueñes, Óscar. Mi entrada al servidor ha quedado registrada y aunque no miran los accesos, es todo un riesgo entrar con frecuencia. No quiero que me pillen.
- Está bien, lástima. La de historias que podríamos descubrir.




Aquella tarde, Gerardo, cuando todos se habían marchado, abrió la caja que se había traído de casa. Dentro había un ratoncito blanco. Lo sacó y lo dejó en el suelo. El ratoncito salió corriendo por el pasillo. Enganchado en una de sus patas traseras llevaba un chip. Ese chip tenía la misma información que el de la jefa.



(1) Radio­frequency Identification (identificación mediante radiofrecuencias).
(2) La introducción de la RFID en documentos oficiales es mucho más alarmante que cualquier otro chip RFID que pueda encontrarse y se está extendiendo a toda prisa porque los gobiernos, sabedores del rechazo que genera, quieren asegurarse de que el debate no llegue al gran público hasta que la red RFID esté ya bien asentada.

Para ahondar en el tema vale la pena leer el libro "La Sociedad de Control", de Jose F. Alcántara.



lunes 19 de diciembre de 2011

La cena de empresa

Patricia estaba deslumbrante cuando entró en el restaurante en el que se celebraba la cena de empresa.
Su vestido azul se ceñía a su joven cuerpo, realzando sus curvas. Sin embargo, lo que más llamaba la atención eran sus ojos, grandes y profundos, de un azul oscuro y enmarcados por su liso cabello negro.
Era la primera vez que acudía a una cena de empresa, ya que acababa de entrar en la Innombrable, su primer trabajo.

El restaurante era acogedor y su empresa había reservado una gran sala, con una barra de bar al fondo y una enorme mesa en la que ya estaban sentados algunos de los comensales.
Patricia saludó a sus compañeros y aprovechando la cantidad de sillas vacías, dejó su bolso sobre la mesa, en un lugar cercano al de los compañeros que mejor le caían.
Luego fueron llegando el resto de los comensales y cuando llegó el jefe, comenzó la cena.

Casi dos horas más tarde, superados discursos triunfalistas, conversaciones intrascendentes monopolizadas por los mandos y servidos los cafés, los camareros apartaron la gran mesa y montaron en pocos minutos un equipo de música. Luego habilitaron una zona, apartando sillas, para el baile.

Una hora mas tarde, Patricia fue hacia la barra y pidió un zumo. Estaba acalorada de tanto bailar. Se sentó en uno de los taburetes altos y bebió un trago de la copa que le acababan de servir.

- Sospecho que has quemado la totalidad de calorías que te has metido esta noche con la cena.

Patricia giró la cabeza y vio a su interlocutora, una chica algo mayor que ella, delgada, rubia y con unos ojos que reflejaban sinceridad. La había visto varias veces por el departamento aunque nunca la había tratado.
- Pues si. Me siento como si hubiera corrido una maratón - contestó.
- Creo que es tu primera cena de empresa, ¿no?. Ah, por cierto, me llamo Cristina.
- Encantada de conocerte, Cristina. Pues si, es mi primera cena de empresa.

- ¿Qué te ha parecido?. Sospecho que ha sido una experiencia única.
- La verdad es que no sé que decirte, Cristina.

Cristina lanzó una profunda mirada a la chica.
- Es curioso. Podías haber contestado a mi pregunta con cualquier respuesta tópica y sin embargo has optado por no darme una respuesta. De lo que deduzco que en este momento no sabes a qué atenerte conmigo. ¿Puedo confiar en ella?, estarás pensando.
- Tienes razón. Perdóname.

- No tengo nada que perdonar, Patricia. Yo también actúo así. Tengo la ventaja de que te he observado durante la cena y el baile y he podido hacerme una idea de cómo eres. Incluso he visto la cara de asco que has puesto cuando el "pulpo", tu jefe, ha intentado manosearte al bailar un lento contigo. ¿No te has fijado en que casi de inmediato han puesto un baile rápido?. Casualmente yo estaba con el DJ y no me ha costado convencerle para que cambiara la música.
- Muchas gracias, Cristina. No sabes el favor que me has hecho. Conste que ya había parado los pies al jefe y espero no me lo tenga en cuenta.

- Tranquila. Mañana no se acordará de nada, dada la tajada que lleva. Por cierto. Creo que ya hemos superado con creces el tiempo de presencia aquí. ¿Nos vamos?. ¿Tienes coche?.
- Buena idea. Si. He venido en coche. Si quieres te acompaño a casa.
- De acuerdo. Vamos.


- Odio las cenas de empresa. Son una farsa - dijo Cristina, sentada a la derecha de Patricia, que iba conduciendo -. Cada año asisto a un montón de cenas que organizamos aquellos que tenemos una cierta amistad. Sin embargo, las cenas oficiales son un desastre. Tener que aguantar a gente con la que no sientes la menos afinidad...
- No vayas, pues.

- No es tan fácil. El mundo empresarial se divide en dos tipos de empresas: las grandes y las pequeñas. En estas últimas te contratan para hacer un trabajo, es tu trabajo lo que vas a hacer durante muchos años y es, precisamente tu trabajo, lo que hará que estés bien valorada. Sin embargo en las grandes, lo que prima es tu actitud, tu sumisión, tu forma de llevarte con los jefes y compañeros. Para tener posibilidades de futuro has de tragarte tu ego y seguir las directrices de los superiores. Cuando en una empresa como la nuestra, ya se han recortado gastos, incrementado ventas y optimizado la burocracia, lo único que les queda a los directores para hacerse valorar, es llevar a cabo pseudofilosofías, proyectos de adoctrinamiento... Pretenden convertir el trabajo en una especie de religión, intentando crear grupos de trabajo imposibles. Son incapaces de darse cuenta de que las relaciones humanas han nacido siempre de forma espontánea.

- Voy entendiendo la razón por la que no puedes dejar de ir a las cenas de empresa - dijo Patricia.

- Si no fuera, sería tildada de "no alineada", rara, poco sociable y muchas otras cosas más. Son tan miopes que no valoran cualquier forma de pensar distinta a la oficial. Ellos quieren un pensamiento único y al hacerlo se cargan la individualidad. Luego venden al mundo la idea de que fomentan la diversidad. Lo peor es que incluso tienen un departamento de publicidad interna para vender la maravilla que supone trabajar en la Innombrable. ¿Crees que es necesario hacer publicidad de algo que es verificable?. Si gastan dinero en ese tipo publicidad, es porqué no es cierto lo que venden. Intentan hacernos creer, a base de machacarnos con frases repetitivas, que la nieve es negra. Pensamiento único: si la nieve es blanca es porqué no estás alineado con los principios de la empresa. De ahí que yo decidiera aprender el arte del "desatino controlado", es decir jugar a su juego, como quien actúa en una obra de teatro, sin dejar de ser yo misma. Gracias a eso he llegado a ser jefa.
- ¿Eres jefa?.
- Si. Lo que viene a demostrar que soy buena actriz.


A la mañana siguiente, Patricia se despertó y empezó a pensar en todo lo que le había contado Cristina. ¡Que buena persona es! - pensó -. Recordó las horas que estuvieron hablando, aparcado el coche delante de la casa de Cristina y lo que ocurrió después.
Patricia se acercó al cuerpo desnudo de Cristina y sintió su calor mientras pensaba "hoy es sábado, no tengo que madrugar".
Después de apretarse a su nueva amiga, volvió a dormirse.






Feliz Navidad.
Feliz año 2012.

domingo 11 de diciembre de 2011

El ascensor

Cuando Hilario salió de la planta en la que trabajaba, dando soporte informático a los mil usuarios de la Innombrable se sentía agotado, tras una jornada plagada de reuniones, con apenas tiempo para la elaboración de los informes y estadísticas que tenía que presentar en las reuniones siguientes.

- Otro día perdido - pensó mientras bajaba por las escaleras. Encontraba a faltar cada vez más aquella época anterior en la que podía dedicarse a solucionar los problemas de los usuarios. Ahora lo tenía prohibido y quien tenía fallos en su ordenador, que se las arreglara solo, eso si, con la ayuda de algún compañero más avezado ó intentando encontrar la solución a su problema buscándolo en una base de datos. Los únicos usuarios que se salvaban de esta norma eran los directores, a quienes había que darles asistencia inmediata, fuera la hora que fuera. Hilario añoraba la relación que había tenido con los usuarios. Aquel trato humano con los compañeros de otros departamentos era lo que más le gustaba de su trabajo y ahora lo había perdido para verse relegado a estar todo el día redactando estudios, gráficas y asistiendo a reuniones que apenas le aportaban nada en lo humano, ya que únicamente servían para aumentar el grado de vanidad de los convocantes a esos actos.

Hilario aceleró el paso, alegrándose de ser tan previsor como para haberse creado un recorrido en el que era dudoso cruzarse con su jefe.

Minutos antes, cuando estaba trabajando en su mesa, oyó contestar el teléfono a Robledo, su jefe, dos mamparas más allá y las pocas frases que oyó, le sirvieron para pasar a "DEFCON 1*": un director tenía problemas. Afortunadamente eran ya las siete de la tarde, no quedaba nadie más que él y su jefe, por lo que podía irse ya a casa. Cerró sus programas, dejó el ordenador apagándose y cogiendo su chaqueta se dirigió sigilosamente a la puerta de salida. Tuvo suerte. Su jefe aún no había colgado el teléfono cuando salió.
Un par de plantas abajo, buscó un reloj y marcó su salida del trabajo. Después se dirigió al aparcamiento, subió a su coche y salió.

Cuando Robledo colgó el teléfono se levantó y recorrió la planta buscando a alguien que se hiciera cargo de solucionar el problema del director, cuya secretaria le había pasado.
- Vaya. Hilario ya se ha marchado - pensó al ver que su mesa estaba recogida, el ordenador parado y que su chaqueta ya no colgaba de la silla -. Voy a tener que ir yo...

Se dirigió al ascensor y pulsó el botón de llamada. Cuando se abrieron las puertas entró e hizo el saludo de "alineado", golpeando el canto de su mano contra la parte central de su pecho a las tres personas que había dentro, quienes le devolvieron el saludo. Dos mujeres y un hombre. Pulsó el botón de la planta a la que tenía que ir y cruzó los brazos.

El ascensor cerró sus puertas y empezó a subir. Dos pisos más arriba se paró. Las puertas permanecieron cerradas.
Nadie dijo nada. Todos estaban esperando a que el ascensor reanudara su ascenso.

Medio minuto más tarde una de las mujeres dijo:
- Me parece que se ha estropeado el ascensor.
- ¡Joder!. Eso es perspicacia - Robledo no pudo evitar el sarcasmo.
- Bueno. Como nadie decía nada... - contestó la mujer enojada.
- Perdona. Es que me está esperando un director y esta avería del ascensor me ha puesto nervioso.

Robledo se acercó a las puertas e intentó separarlas un poco.
- Estamos entre dos pisos. Quizás podríamos intentar salir - dijo.
- Ni hablar de intentar salir. Lo mejor es usar el teléfono y esperar a que nos saquen de aquí - dijo la otra mujer.
- Tienes razón - dijo Robledo descolgando el teléfono del ascensor.

- Cuerpo de Guardia, dígame...
- Hola. soy el señor Robledo y nos hemos quedado encerrados en el ascensor.
- Por favor, dígame cual de los tres ascensores. ¿El A, el B ó el C?.
- El central, el B.
- De acuerdo. Ahora enviamos a alguien. Sobre todo no se les ocurra para nada abrir las puertas e intentar salir.
- Muy bien. Por favor, dense prisa.

-Ahora vienen a sacarnos - comunicó Robledo a sus compañeros del ascensor. El calor se empezaba a notar y las caras de todos estaban congestionadas. Estaban callados mientras transcurrían los minutos.

Un cuarto de hora más tarde, Robledo estaba cercano al ataque de histeria.
- ¿Cómo se lo pueden tomar con esa tranquilidad? - dijo -. El director me está esperando. Voy a salir como sea de aquí.

Se acercó a las puertas y haciendo toda la fuerza de la que fue capaz, las separó quedando éstas abiertas. Hasta medio metro de altura había pared y a continuación, se podía ver la tercera planta.
- Ni se te ocurra salir, Robledo - se interpuso el hombre.
- Déjame en paz, Gómez. No sabes la mala leche que tiene el director.
- Se trata de un caso de fuerza mayor y no podemos hacer nada hasta que nos saquen de aquí...

Sonó el teléfono. Gómez lo descolgó. Robledo aprovechó la distracción para encaramarse a la pared para así saltar a la tercera planta.
- Hola. Soy el Guarda Jurado. Voy a pulsar el botón de reset del ascensor. No se muevan. Ya está.
El ascensor, hizo reset y empezó a bajar. Descendió hasta la planta más baja del edificio. Luego se quedó ahí.

Cuando llegó el Guardia Jurado, encontró ahí a tres personas, dos mujeres y un hombre. Todos ellos en estado de shock.
La moqueta estaba llena de sangre.
También había una pierna.




* DEFCON: es un acrónimo para «DEFense CONdition», condición o estado de defensa.

domingo 27 de noviembre de 2011

Formación del espíritu de empresa

A las ocho de la mañana, Felisa iba a toda prisa por el pasillo. Acababa de recibir la orden de su director para que fuera a su despacho.

Cada vez que se cruzaba con alguien, lo saludaba golpeando el filo de la palma de su mano con el centro del pecho, mientras maldecía para sus adentros aquel estúpido saludo que se le había ocurrido a su jefe que indicaba estar "alineado" con los principios corporativos de la Innombrable. Algunos de sus subordinados decían medio en broma, que en realidad aquel gesto no era de "alineación", que era de "alienación".

Quince ó veinte saludos más tarde y un cierto dolor entre las costillas y llegó al despacho de su jefe, el director.
La secretaria la acompañó hasta la puerta y tras llamar y oir el "adelante" de su jefe, abrió la puerta, se hizo a un lado para que Felisa entrara y cerró la puerta a su espalda.

Felisa no se inmutó cuando vio a su jefe sentado, en mangas de camisa y sin zapatos, en el suelo, con las piernas cruzadas sobre una pequeña alfombra. Encima de su mesa humeaban dos barritas de sándalo. En las paredes apenas había espacios vacíos por estar cubiertas de carteles y posters anunciando los proyectos que el director había impulsado, siguiendo las recomendaciones de la central. "Team building", "Lean thinking", "Alto rendimiento", "ICE" (Innombrable Continuous Excellence), "Goal Alignment" eran los textos que aparecían en muchos carteles, así como diversas fotos de grupos de personas, todas ellas con una gran sonrisa que venía a certificar los maravillosos efectos que se habían operado en ellos al participar en esos proyectos.

Felisa permaneció de pie, esperando a que su director saliera del estado de trance en el que estaba. Por un momento recordó el comentario que le había hecho un día, en una reunión:
- Hola Felisa, ¿vas de Shakira hoy?.

Ella no entendió el comentario y tuvo que ser uno de sus subordinados quien se lo explicara: que ya no tenía edad para ir con aquellas minifaldas y generosos escotes que tanto habían cautivado a su anterior jefe. Le costó una fortuna cambiar su vestuario, aunque su hija, de unos veinte y pocos años, se lo agradeció, al estar harta de los frecuentes hurtos de ropa que le hacía su madre.

Un sonoro cuesco del director le indicó a Felisa que su jefe ya había conseguido la relajación total y que pronto saldría de su trance.

- Ah, Cupo, ya estás aquí... - dijo el director, medio somnoliento.
- ¿Cupo?.
- Claro. Es la única razón por la que eres jefe, ya que por capacidad... - el director se levantó y fue a su mesa. Sacó de un cajón una caja de toallitas de papel, la puso en la mesa y se sacó la camisa.
- No entiendo - dijo, mientras sacaba una toallita de la caja y empezaba a frotarla por su axila izquierda - como es posible que no hayáis terminado el proyecto del cambio de las antenas de Wifi N en el edificio.

- No había nadie que lo pudiera hacer. Tenía a la mitad de mis subordinados haciendo el curso de coaching y el resto estaba en el curso de ICE - repuso Felisa mientras miraba el torso de su director. Era bajo pero regordete, de cabello rizado como ella, aunque moreno y a pesar de ser lampiño, llevaba algo que un optimista hubiera llamado barba.
- ¿Están "alineados" tus subordinados, Felisa? - preguntó el director mientras empezaba a frotarse la axila derecha con la toallita -. Empiezo a pensar que no lo están. ¿Qué problema hay en que trabajen después de los cursos que están haciendo?.

- Hay una empresa subcontratada. Mis subordinados solamente han de dar instrucciones a los operarios.
- Bueno. Pues que venga esa empresa después del curso - el director tiró la toallita a la papelera.
- No es posible. Nos cobran casi el doble, al ser fuera de la jornada laboral y yo no tengo presupuesto para pagarles - contestó Felisa.

- Entonces que lo hagan tus chicos - el director se estaba enfadando. Empezó a ponerse la camisa -. Te pago para que lleves a cabo los proyectos que te encargo y no para que me traspases tus problemas. Si eres jefa es para que los resuelvas tu. Si me toca solucionarlos a mi, vete haciendo la idea de que vas a terminar montando esas antenas.
- Está bien. Lo arreglaré. Pero quizás sea necesario que mis subordinados aplacen los cursos que tienen previstos para esta semana...

- ¿Qué me estás diciendo?. Los cursos son lo más importante que les da la empresa. Esos cursos sirven para crear en todos los empleados una conciencia de equipo, una forma de trabajar involucrándose con el espíritu de la Innombrable, en una nueva forma de desarrollar el trabajo. Forja, además, una personalidad diferente que sirve para mejorar incluso, la vida personal.

Felisa permaneció callada, mirando como el director se ponía la camisa.

- Piensa - continuó el director - que todos los cursos e iniciativas que proponen desde la central europea, son casi una religión. En mi vida, podría decirse que hay un antes y un después de los cursos. He cambiado, gracias a haberlos seguido y mi cambio ha sido para bien. De ahí que quiera extenderlo a todos los ámbitos. En fin, Felisa. Tampoco lo entenderías. Quiero que el proyecto Wifi N esté listo esta semana.

Felisa asintió y fue hacia puerta. Allí se dio la vuelta y mirando al director hizo su saludo de "alineado". Luego salió.

Cuando el director se conectó al correo tenía cerca de setenta mensajes.
Sin embargo uno de ellos le llamó la atención sobre el resto: era de la central. Inconscientemente hizo su saludo de "alineado" y con las manos temblorosas lo abrió.
Sus ojos se agrandaron cuando empezó a leer el escrito. ¡Un nuevo proyecto de formación!. Lo leyó con avidez.
Al terminar de leerlo, sus ojos tenían lágrimas. El proyecto era sencillamente perfecto.
Cerró los ojos y meditó lo que acababa de leer. Casi de inmediato notó como algo se endurecía entre sus piernas.


La secretaria del director estaba charlando con una compañera cuando sonó el teléfono.
- Perdona. Es el jefe - le dijo, mientras descolgaba el auricular - Si, diga señor director. Ahora mismo - colgó, descolgó de nuevo y pulsó una tecla del teléfono. Al momento oyó una voz - señora, su esposo quiere hablar con usted. Si. Le paso -. Pulsó una tecla y dijo - señor director le paso con su esposa -. Luego colgó.

- Uf - dijo aliviada a su compañera -. Sospecho que hoy toca sexo. Lo cual suele coincidir con los nuevos proyectos que le encargan desde la central. La última vez, la esposa del dire me preguntó por qué había tan pocos proyectos en la Innombrable.

domingo 6 de noviembre de 2011

Una llamada de atención

- Le llama el señor Panyard, desde la Central, señor Mousseline.
- Pásamelo, Lourdes - no podía hacer esperar al director mundial de la Innombrable.
- Monsieur Panyard, ¿cómo estás?.
- Todo bien por aquí. ¿Cómo estás, Dominique?. ¿Te tratan bien en España?.
- Desde luego. Es un hermoso país, desde luego mucho más cálido que Rusia. ¿Has recibido mi informe mensual?.
- Si. Lo he recibido y me parece todo en orden. Se van cumpliendo las espectativas que pusimos en ti al nombrarte director general en España.

- Me alegro de que estés contento con mi gestión.
- Ya sabes que juego con las cartas marcadas, Dominique - sonrió Panyard -. Hiciste una buena limpieza en Rusia y sabía que ibas a hacerlo igual de bien en España. Por eso te propuse el traslado. Sabía que no me ibas a decepcionar.
- Muchas gracias por confiar en mi, Panyard - repuso Dominique con orgullo -. Sabes que no te decepcionaré.
- Bueno. Si quieres que te sea sincero, hay algo que quería comentar contigo. Por cierto, ¿cómo está Olya?. ¿Sigue tan guapa como siempre?. Debo reconocer que elegiste muy bien a tu mujer.
- Pues estamos un poco distanciados, últimamente. Ella sigue con su obsesión por el matrimonio.
- No me extraña que se obsesione. Hace años que estáis juntos y no sería mala idea que os casarais. Piensa que ella lo ha dejado todo para seguirte. Sabes que las rusas le dan mucha importancia a la familia.
- Lo sé, Panyard. Pero se me hace difícil arriesgarme de nuevo a otro posible matrimonio fallido...

- Incertidumbre que aprovechas para liarte con la primera pelandusca que se cruza por tu camino.
- ¿Cómo?. ¿Liarme con quien? - Dominique estaba sobresaltado.
- ¿Quieres pistas? - dijo Panyard -. Brasil...

Esperó unos segundos. Al no obtener respuesta continuó.
- Eres la comidilla de toda la empresa. Corren rumores acerca de tu affair con cierta mujer que conociste en el viaje a Brasil que organizaste para premiar a los comerciales. Hubo incluso, al principio, apuestas acerca de quien era ella. Imagínate si ha corrido la voz que incluso a mi me han llegado fotos en las que aparecéis ambos bailando, quizás demasiado agarrados como para que alguien pueda pensar que era un simple baile de compromiso...

- Bueno, Panyard. Estamos hablando de algo que pertenece a la esfera de lo personal.
- ¿Personal?. Ni hablar de ello. Eres director general de la Innombrable en España y ese es un cargo público. Sales en Televisión, prensa escrita, radio, te codeas con políticos, empresarios importantes y dentro de las obligaciones de tu cargo has de dar la imagen de ser una persona centrada y no es precisamente la imagen que te estás creando ahora con tus líos de faldas, lo que conviene a la empresa.
- Entiendo. Pero me he enamorado de Carlota, la chica que conocí en Brasil.

- Mira, Dominique. Te voy a dejar las cosas claras. Eres una persona que no ha llegado todavía a su techo en la empresa. Hasta ahora me has demostrado que puedo contar contigo y darte mayores responsabilidades. Si quieres seguir apareciendo en las listas de promocionables vas a hacer lo siguiente: por un lado vas a dejar de ver a esa Carlota de la que dices que te has enamorado, cosa que dudo, ya que si te elegí para enviarte a Rusia y España para despedir a todo el personal posible, es por tu absoluta carencia de escrúpulos y posiblemente, de sentimientos como para sentir algo de empatía por alguien. Por otro lado vas a casarte con Olya, lo antes posible, para acallar rumores. No organices un gran acontecimiento. Hazlo discretamente, quizás por sorpresa, sugiero. La decisión es tuya, Dominique. Ya me dirás algo. Piénsalo.

Cuando Panyard colgó el teléfono lanzó un profundo suspiro. Luego se estiró en la cama, tapándose con las sábanas. A su lado, Olya le miró a los ojos y apartó con dulzura el flequillo que le tapaba el ojo derecho.
- ¿Bien?.
- Si. Todo arreglado, Olya. Prepárate para una boda sorpresa la semana que viene.
- ¿Estás seguro?.
- Al cien por cien. Conozco muy bien a Dominique. Hará lo que le he dicho - se quedó pensativo y acarició la espalda de Olya -. Lo que no entiendo es que pueda estar con otra mujer, teniéndote a ti - siguió acariciando su cuerpo desnudo. Luego paró y le dijo -. Creo que ha habido un cambio sutil en mi cuerpo.
Ella deslizó la mano bajo las sábanas y soltó una carcajada.
- ¿A eso lo llamas cambio sutil?...


A Carlota no le extrañó ser llamada por la jefa de personal y no dudó en firmar el generoso finiquito que ésta le puso delante.
La sorpresa fue cuando, ya en casa después de ingresar el talón, sonó su teléfono. Era Olya.
- ¿Carlota?. Soy Olya.
- Ah. Hola Olya. ¿Lo has conseguido?.
- Si. Ya nos hemos casado.
- ¡Felicidades!. ¡No sabes lo feliz que me haces!.
- Gracias, Carlota. Te acabo de enviar un billete de avión para que vayas a Suiza.
- ¿Para?.
- Tienes abierta una cuenta allí con un millón de euros. Has de ir a registrar tu firma para poder disponer del dinero.
- Pero no era lo acordado, Olya. Me ofreciste mucho menos...
- Acéptalo, amiga. Quizás te compense algo el hecho de que no nos podamos ver más. Piensa que perderte a ti es lo único que me duele de esta historia. Siempre has sido mi mejor amiga y te encontraré mucho a faltar.
- Yo también a ti.
- Pues acepta el dinero. Cuídate Carlota. Te quiero mucho, amiga.
- Yo también te quiero.

Cuando Carlota colgó el teléfono notó como le resbalaba una lágrima por su mejilla.

domingo 23 de octubre de 2011

El adoctrinamiento

- Pase, señor Arcadas - el director de la agencia de asesoría de imagen, señor Duaso, estrechó la mano de su visitante y le hizo un gesto para que tomara asiento.

Tras cerrar la puerta de su despacho, se sentó en una butaca que estaba al lado del señor Arcadas, director de comunicación de la Innombrable.

- Usted dirá señor Arcadas, aunque a simple vista tengo la sospecha de que mi empresa podría hacer mucho por mejorar su imagen.
- No. No se trata de mi. Soy director de Comunicación de la Innombrable y quería encargarle una campaña de concienciación hacia los empleados.

- A ver, a ver. ¿La Innombrable no es esa multinacional que gasta al año millones en comunicados internos y que incluso tiene una revista que envía a sus trabajadores?, revista, por cierto que utilizo en mis clases como ejemplo de exceso de triunfalismo e intento de adoctrinamiento.
- Hombre, no es precisamente eso lo que hacemos. Nunca hemos intentado adoctrinar a nadie. Respecto al exceso de triunfalismo, es cuestión de puntos de vista.
- Y, ¿para que necesita su empresa los servicios de nuestra agencia? - preguntó Duaso.

- Queremos hacer una campaña explicando la importancia que damos en la empresa al recurso humano. En los últimos años hemos invertido mucho dinero en la formación de nuestros empleados.
- Por lo que me dice, sus empleados ya saben la importancia que les da la empresa. ¿Para qué es necesaria la campaña?.

- Siempre hay un porcentaje de empleados que están disconformes con los cursos que impartimos...
- ¿Quiere decir que los vendedores no están de acuerdo en asistir a un curso de ventas, que un mecánico no está de acuerdo con asistir a un curso de mecánica, que un químico no considera bueno un curso de química?.

- Los cursos no son, precisamente, sobre sus profesiones en concreto. Se trata de enseñarle lo que es el compromiso, la alineación, la priorización, el liderazgo, la responsabilidad...
- Vamos, adoctrinamiento.
- No es adoctrinamiento. Son actitudes que ayudan al profesional a hacer mejor su trabajo.
- Empiezo a entender un poco la necesidad de la campaña que quiere encargarme - dijo Duaso con una sonrisa.

- ¿Por qué dice eso?.
- Mire señor Arcadas. Su tiempo y el mío no nos permite estar mareando la perdiz, en una conversación como ésta. ¿Quiere que le sea franco?.
- Desde luego, señor Duaso - repuso Arcadas.
- Hablando claro, están ustedes insultando a sus empleados con los cursos que les están impartiendo.
- ¿Cómo?, ¿está usted loco? - saltó Arcadas.

- Deje que me explique - dijo con calma Duaso -. Cualquier profesional razonablemente bueno, ya tiene todas esas las actitudes que están ustedes enseñando en sus cursos. Precisamente, la selección de personal y el período de prueba de un nuevo empleado, tienen por objeto determinar si una persona tiene esas actitudes. El hecho de que a una persona se le haga asistir a esos cursos puede interpretarse como que la empresa duda de su buena profesionalidad. Y eso explica la razón de que haya empleados descontentos con la empresa.

- Bueno. ¿Pero se va a hacer usted cargo de la campaña?.
- Verá, señor Arcadas. Soy enemigo de las causas perdidas. Y lo que me pide es una causa perdida. Por muy buena campaña que le haga, no serviría para nada. Hace un año llevé a cabo la campaña de otra multinacional acerca de la importancia que le daban a mejorar la sociedad y poco después salió la noticia de que esa empresa explota a niños en África. Se fue todo mi trabajo al garete.

- ¿No estaría dispuesto si le pagáramos el doble de su tarifa normal?.
- No. Precisamente por uno de los principios que intenta inculcar a sus empleados: responsabilidad. Lo que tiene que hacer con este dinero que me ofrece es hacer un stage en Google ó en Apple e intentar averiguar cómo consiguen esas empresas que sus empleados estén orgullosos de trabajar en ellas. Quizás han sido capaces de eliminar el adoctrinamiento...

El señor Arcadas se levantó y fue a la puerta. Duaso se levantó, fue a él y le estrechó la mano.
- Siento no haber podido ayudarle, señor Arcadas.
- Yo también.
- Por cierto, pase por la mesa de mi secretaria que le dará hora para el dentista.
- ¿Cómo?. ¿Qué me está diciendo?. ¿Dentista?.
- Invita la casa, señor Arcadas. Tiene una limpieza bucal gratuita para eliminar su halitosis.
- ¿Halitosis?.
- Si - el señor Arcadas se puso como una grana. Duaso puso cara de sorpresa -. ¿Nadie se lo ha dicho?.


Cuando Duaso se sentó en su sillón, detrás de la mesa, descolgó el teléfono y marcó un número.
- ¿Ramona?. Hola, soy Duaso. Ya se lo he dicho.
- ¡Oh!. Gracias. No sabes el favor que nos has hecho. Llegamos a convocar un comité de dirección para ver como le decíamos a Arcadas lo de su halitosis y no fuimos capaces de encontrar quien se lo dijera. ¡Muchísimas gracias!.
- Tranquila, Ramona. Te enviaré factura de mis servicios y los del dentista.