domingo, 22 de junio de 2014

El implante


Año 2030.


Llevaban casi una hora y media practicando sexo en la gran cama redonda de la habitación de Ignacio.
Aún no hacía más de tres horas que se habían conocido en la discoteca. La verdad es que ella, Juana, era de esas chicas que no pasan desapercibidas. Sus enormes ojos, aquella piel morena y suave y, sobre todo, su sonrisa, atrajeron la mirada de Ignacio, que decidió conocerla.
Charlaron un buen rato y antes de darse cuenta ya estaban besándose. Luego él le propuso ir a su casa y allí estaban, sobre la cama, recobrando el aliento, tras una buena y larga sesión de sexo.

- Uf, chico. ¡Menuda pasada! - jadeó ella -. ¡Eres una máquina!. ¡Llevo cuatro orgasmos!.
- Gracias por el cumplido.
- ¿Cumplido?. ¡De eso nada!. Acostumbrada como estaba a tantas eyaculaciones precoces de los chicos de nuestra edad, lo tuyo es toda una hazaña. ¿Cómo lo haces para tener tanto control?.
- Luego te lo cuento, que ahora me estoy meando. Déjame ir un momento al lavabo - Ignacio saltó de la cama y fue hacia una puerta de la habitación.

Juana, tumbada sobre la cama, cerró los ojos y se concentró en su teléfono. Al momento vio un menú del que seleccionó la pantalla de mensajes. Oyó una voz:
- No hay nuevos mensajes ni anotaciones en la agenda.
Juana se desconectó.

Ignacio salió del baño y se tumbó al lado de Juana. Le acarició la espalda y la besó. Ella deslizó su mano hacia su entrepierna.
- ¡No puede ser!. ¡Ya estás excitado de nuevo! - exclamó asombrada.
- Hombre. ¿Qué quieres que te diga, si estás para mojar pan? - la abrazó con fuerza mientras la volvía a besar.
Evidentemente, volvieron a hacer el amor.

- ¡Atención!, ¡atención! - sonó una voz dentro de Ignacio -. Dentro de dos minutos tendrá una eyaculación precoz.
- ¿Cómo? - pensó él, sorprendido -. ¡Retardala!.
- Le quedan ciento diez segundos para la eyaculación. Para activar el retardo ha de comprar retardador en nuestra tienda, a un precio de dos euros por unidad. Le recordamos que cada unidad le da una autonomía de...
- ¡Conéctame a la nube!. ¡Allí tengo varias unidades disponibles del retardador!.

- Le quedan cien segundos para la eyaculación inminente. Conectando a la nube...
- Le quedan noventa segundos. Conectando a la nube...
- Le quedan ochenta y cinco segundos. Imposible conectar a la nube. Por favor. Verifique su conexión.
- Mierda - pensó Ignacio -. Pues conecta a la tienda.
- Le quedan ochenta segundos. Elimino su primera instrucción por ser una palabra que está contenida en el diccionario de palabras malsonantes.

- ¡Conecta a la tienda! - ordenó Ignacio.
- Le quedan setenta y cinco segundos. Conectando a la tienda... Conectado.
- ¡Compra diez unidades de retardador!.
- Le quedan setenta segundos. Comprando diez unidades de retardador, que dan un total de veinte euros, iva incluido. ¿Está usted de acuerdo con la compra?.
- Si. Estoy de acuerdo.
- Atención. Le quedan sesenta segundos. Su pago va a efectuarse con la tarjeta de crédito terminada en 2856. ¿Está usted de acuerdo?.
- Si.
- Atención. Le quedan cincuenta segundos. Efectuando el pago ordenado por usted...
- Atención. Le quedan cuarenta segundos. Pago mediante tarjeta de crédito terminada en 2856 no se puede verificar. Posible fallo de conexión con la tienda.

- ¡Reinicia el chip!.
- Atención. Le quedan treinta segundos para eyaculación inminente. Procedo a la reinicializacíón.
- Atención. Le quedan veinte segundos. ¿Está usted seguro de que quiere reiniciar el chip?. La máquina se parará.
- Si, estoy seguro.
- Atención. Le quedan diez segundos. Reiniciando...


- ¿Qué te ha pasado?. Eso si que no me lo esperaba - Juana estaba enfadada - ¡Estaba en lo mejor!.
- Lo siento. Me ha fallado el chip.
- ¿Cómo?. ¿Llevas un chip retardador?.
- Si - contestó él con humildad -. Han fallado las conexiones y no he podido comprar unidades retardadoras.
- ¿Qué marca y modelo de retardador llevas?.
- RETARD 2223.
- ¡Joder!. ¡Como te las gastas!. Es de lo mejorcillo. ¿Lleva software original? - preguntó, aunque luego ella misma contestó a la pregunta -. Claro que has de llevar el original, si cada vez has de pasar por la tienda.

- Claro. ¿Hay otra forma?.
- Desde luego. Además las alternativas no te hacen gastar dinero. Y, lo que es mejor, no se limitan a retardar y mantener una erección. Tienen muchísimas más prestaciones. Pueden controlar tu cuerpo entero. Elimininar un dolor de cabeza, quitarte la acidez de estómago...
- No tenía ni idea de eso. ¿Me puedes conseguir otro software?.
- Deja que lo mire - Juana se conectó mentalmente al móvil y empezó a navegar por Internet -. Nos hace falta cambiar el bootloader e instalar una room que sea buena. Vale. Ya tengo lo primero. Bajando... bajado - iba diciendo en voz alta -. Ahora busco una room. Hay dos. Deja que mire las prestaciones de cada una para saber cual es mejor...

Ignacio esperó en silencio.
- ¡Ya lo tengo!. Esta es la mejor. Ya la estoy bajando.
- No tendré problemas con los cambios, ¿verdad?. Me aterroriza tener que pasar de nuevo por el quirófano para que me extraigan el chip del cerebro.
- Tranquilo. Domino la materia. Me dedico a eso - repuso Juana -. Por cierto. Si te hago este favor, tu me harás otro a mi, ¿verdad?.
- Claro.




- ¡Hombre!. ¡Ignacio!. ¡Que mala cara tienes! - lunes, empresa, máquina de café, su amigo Pedro, la única persona en la Innombrable, que no consideraba un "compañero-competidor", por ser el único que sabía no le iba a traicionar, quizás porqué no estaba en su departamento, además de ser alguien incapaz de hacer daño a un mosquito -. Se diría que te ha violado aquella antigua jefa que tuviste hace años, por las ojeras que enmarcan tus ojos.
- ¿Quién?. ¿Felisa?. Pues casi.
- No lo entiendo. Si te vi salir de la discoteca con aquel bombón capaz de provocar taquicardia a un salmón ahumado...   
- Lo positivo es que cambió el software de mi chip implantado. Me puso uno que es una maravilla. Ella es informática - aclaró -. Ahora tengo control total sobre mi cuerpo, sin tener que ir comprando extensiones para el chip.
- ¿Y la parte negativa? - preguntó Pedro.
- Una vez instalado el software se conectó al chip y activó alguna cosa que me dejó completamente inmóvil, eso si, con el arma en ristre. Luego disfrutó de mi cuerpo durante casi tres horas.
- Yo hubiera pagado por ello. Al fin y al cabo es ésta una de las mejores fantasías que tenemos los hombres. Disfrutaste, ¿no?.
- Como un enano.
- Pues menos mal - dijo Pedro - que esta es la parte negativa.
- No creas. La parta negativa no te la he contado aún. Trajo a una amiga y ella se fue. La amiga estuvo conmigo el resto del fin de semana.
- ¿Fea?.
- Imagínate a Felisa sin depilar... 

martes, 6 de mayo de 2014

El trepa


Pablo llegó a la oficina a las ocho, como siempre y lo primero que hizo fue ir a la máquina para iniciar el día con un café. Como de costumbre, alrededor de la máquina estaban sus compañeros enzarzados en una conversación que decayó inmediatamente cuando le vieron aparecer, tras el intercambio de los buenos días de rigor.

Pablo puso las monedas en la máquina y tras elegir café solo, esperó a que se llenara el vaso, en medio de un silencio sepulcral. Luego recogió el vaso y salió del recinto oyendo, al alejarse, como se reanudaban las conversaciones. Luego se dirigió a la sala de lactancia, el gran triunfo mediático de la Innombrable que se había estado haciendo autobombo por ser la única empresa que tenía en sus instalaciones un lugar para que las madres que daban pecho a sus hijos pudieran extraerse la leche durante la jornada laboral. Pablo entreabrió la puerta de la sala y, tras asegurarse de que no había nadie, entró, se dirigió a una nevera y la abrió. En su interior había un montón de frascos, todos ellos etiquetados con los nombres de sus propietarias. Eligió un nombre, tomó el frasco, lo abrió y echó un chorro de leche a su café. Luego cerró el frasco, lo dejó en su sitio, cerró la nevera y salió de la sala.

Verónica, tras la charla matinal con sus compañeros alrededor de la máquina de café, al dirigirse a su mesa vio a Pablo cuando salía de la sala de lactancia. No le costó un gran esfuerzo mental darse cuenta de lo que había estado haciendo Pablo en aquella sala.
Cuando ella se sentó, Pablo la saludó y se acercó a su mesa.

Verónica, una vez más, maldijo para sus adentros la política de la empresa de eliminar todos los despachos y ubicar a todos los trabajadores en una misma sala, independientemente de su nivel de mando. De un simple vistazo todos podían ver quién estaba y quién no. En la misma sala trabajaban directores, subdirectores, jefes de departamento, de sección y currantes de todo tipo. Cierto es que habían eliminado los despachos pero eso si, manteniendo ciertos signos externos que permitían diferenciar el nivel de todos ellos: mesas, sillas y sillas de visitas habían sido puestas en función del nivel de poder de sus ocupantes. Mesas de madera de cedro para los directores y subdirectores, con butacas reclinables de piel; jatoba para los jefes de departamento con butacas de piel sintética reclinables también. Por último, mesas de formica para el resto del personal, con sillas no reclinables, tapizadas en tela, con reposabrazos para los administrativos y sin reposabrazos para las secretarias. Los distintos niveles de este último grupo se indicaban a través del número de sillas de visita que había tras la mesa. A más sillas, mayor nivel de mando.

Gracias a ello, la Innombrable se había convertido en la más democrática de las empresas, según publicaron varias agencias, previo pago por parte de la multinacional. Según las agencias, habían eliminado la pirámide jerárquica y ahora la democracia era total.
- Vamos, como la española, una tomadura de pelo - pensó Verónica con amargura, observando el café que ponía Pablo sobre su mesa al sentarse en su única silla de visita. Era evidente que aquel café solo que salió de la máquina, ahora era un café con leche.

- Contigo quería hablar, Verónica - dijo Pablo.
- Tu dirás.
- Llevo un gran mosqueo debido a que noto un cierto distanciamiento de los compañeros - empezó Pablo, con amargura -. Como si no estuvieran "alineados" en el grupo de trabajo que yo dirijo.

Verónica no dijo nada y esperó.
- Nadie aporta ideas, ninguno de vosotros habla en las reuniones de trabajo si no le hago preguntas directas. Incluso dejáis de hablar cuando estáis tomando café y yo aparezco... ¿Pasa algo?.
- No deja de ser curioso que en un grupo de seis personas, uno está "alineado" y cinco no. ¿No será al revés?.
- Se trata de mi proyecto y por eso soy el "project leader".
- Se trata del proyecto de Antonio, que tu le rapiñaste y se lo vendiste a tus jefes como propio.
- ¿Cómo se te ocurre pensar eso?.
- Dos meses antes de que presentaras el proyecto, Antonio ya nos lo había explicado en una reunión. Y, a la vista de lo que ocurrió después, es evidente que eres un "aberrant self-promoter".

- ¿Un qué?.
- En nuestro idioma, un arribista. Alguien sin escrúpulos que lo único que quiere es escalar en el mundo de la empresa, a base de pisar a los demás.
- ¿Cómo te atreves a hablarme así?.
- Con la autoridad que me da saber que dentro de dos semanas ya no estaré en la empresa. ¿No te lo ha dicho tu jefe?. Hace un rato se lo he comunicado oficialmente.
- ¿Te vas?. ¿De verdad?.
- Si. No me sienta nada bien trabajar en empresas suizas. En ellas, el porcentaje de arribistas supera el sesenta por ciento. Aquí no se valora el esfuerzo. Lo que puntúa es el engaño, la mentira, el aprovechamiento de las ideas ajenas, el autobombo, la adulación de los superiores, el secretismo, el desprecio a los inferiores. Por el contrario, eso no existe en las empresas americanas. Por lo menos eso dicen y quiero comprobarlo.

Pablo se levantó, visiblemente contrariado.
- Como quieras - dijo -. No te echaré de menos.
- Yo soy de las que piensan que en el mundo del trabajo hay dos tipos de personas - dijo Verónica -. Por un lado aquellas que dentro del mundo de la empresa no dejan de prepararse nunca, para mejorar el desempeño de su trabajo y los que colgasteis los libros al terminar la carrera y queréis abriros paso a codazos y pisotones. Tu verás lo que haces, Pablo.
- Hasta luego - repuso Pablo.

- ¡Espera!. Te voy a hacer un favor. Te cuento una cosa...
- Dime.
- No sé si sabes que desde que eliminaron los despachos, Felisa, tu jefa ya no tiene donde hacer sus "trabajos especiales".
- ¿Te refieres a lo que estoy pensando?.
- Exacto. Esos trabajillos buco-faringeos que le hace a su jefe y que sirven para aliviar tensiones.
- Supongo que es lo único que la mantiene en su puesto, ya que no sirve para otra cosa.
- Bueno. Pues ya han encontrado un lugar íntimo para ese tipo de actividades.
- ¿En el aparcamiento?, ¿en el coche?.
- No. En la sala de lactancia, a partir de las seis de la tarde.
- Bueno, ¿y qué?.
- Quizás no sepas que como a esas horas ya se han ido todas las madres, cortan el agua y la luz.
- ¿Y?.
- No sé tú, pero si yo quisiera ocultar un líquido blanco, quizás lo mezclaría con otro líquido blanco...
- Vale. No sigas. Creo que lo he captado. Adiós.

Pablo se marchó ruborizado a tirar su café...
En las mesas colindantes ya habían llegado otros compañeros que habían escuchado el final de la conversación.
- ¿Es verdad lo de la sala de lactancia? - le preguntaron.
- No. Pero seguro que Pablo ya no vuelve a esa sala.
- Y, ¿a dónde va Felisa a "trabajarse" a su jefe?. ¿Lo sabes?.
- Lo intuyo. ¿No os habéis fijado que uno de los cuatro ascensores no suele funcionar en según que horas?.

La carcajada fue general.

jueves, 2 de enero de 2014

El concurso de la Innombrable

A pesar de que se lo desaconsejaron, el nuevo director de la Innombrable estaba obsesionado por llevar su idea adelante.
Se trataba de un concurso de televisión en el que dos fábricas de dicha multinacional, ubicadas en distintos países iban a competir para evitar el cierre.
 
La fábrica ganadora obtendría la producción de la perdedora, que sería cerrada y su personal despedido. Deslocalización, como lo llaman ahora.
Para el primer concurso, que fue el último, por cierto, fueron seleccionadas dos fábricas que producían lo mismo. India contra España.
Afortunadamente para España, el gobierno había reducido los derechos laborales de forma tan drástica, que podían equipararse sin problemas, con los derechos laborales de los indios. A pesar de lo cual, una de las fases del concurso consistía en que ambos competidores propusieran medidas para reducir aún más los costos de fabricación y aumentar así las posibilidades de ganar.
 
Cada fábrica había elegido a sus tres representantes que, ya en el plató de televisión, lucharían para conseguir evitar el cierre, así como para mantener sus empleos y los de todos sus compañeros.
 
A los dos lados de las gradas, llenas a rebosar de público, se iluminaban alternativamente los letreros con la palabra "silencio" y la palabra "aplausos". La sintonía que anunciaba el regreso del programa, tras el último bloque de anuncios, se empezó a oir mientras en el gran monitor del fondo de la sala aparecían los rótulos con el nombre del programa. Al terminar la música, los focos apuntaron a lo alto de una escalera por la que apareció el presentador vistiendo su brillante traje de color verde brillante, mientras en las gradas seguían las instrucciones de los rótulos luminosos, en los que ahora aparecía la palabra "aplausos".
Al apagarse los rótulos se hizo un silencio total. 
 
- Ya está todo el pescado vendido - pensó Jorge, uno de los tres representante de la fábrica de España -. Hemos perdido por goleada.
 
Miró a sus compañeros. Todos estaban con la mirada baja. Sandra, a su lado, tenía los ojos llenos de lágrimas. Puso su mano sobre la de ella para tranquilizarla. Llevaban hora y media participando en el concurso y habían hecho de todo, ante la mirada de los jueces que eran, casualmente, los dos directores de la Innombrable en sus respectivos países.
 
En la primera fase del concurso, la de las "propuestas para rentabilizar la fábrica" - recordó abatido, Jorge -, habían reducido sus ya mermadas condiciones de trabajo, bajándose el sueldo y aumentando el número de horas de su jornada laboral a doce diarias. Incluso eliminaron los descansos durante la jornada, para igualar las condiciones propuestas por los tres competidores de la India, sentados en la mesa de enfrente.
 
Era evidente que los jueces - los directores - estaban disfrutando con el concurso. Cada propuesta que hacían los representantes de ambos bandos hacía aflorar en sus rostros una enorme sonrisa y algún que otro codazo cómplice.
Luego llegó la fase de las pruebas físicas en las que los concursantes tenían que ejecutar distintas habilidades: bailar un tango, nadar cien metros, cantar haciendo dueto con un cantante famoso  (que era previamente entrevistado, descubriéndose entonces que la clave de su éxito tenía mucho que ver con el hecho de ser consumidor habitual de los productos de la Innombrable), hacer tiro al plato, ...
 
Aquella fase había dejado a los dos competidores bastante igualados y cuando llegó la última sección, los ánimos de los concursantes estaban muy exaltados.
Y allí fue donde se estrellaron de forma estrepitosa. Se trataba de una serie de preguntas sobre cualquier tema general.
 
Sin embargo, pensó Jorge, los directores ya habían tomado su decisión. Las preguntas que de forma "aleatoria" eran entregadas a los representantes españoles eran casi siempre sobre la historia de la Innombrable y les era completamente imposible contestar quién fue el tercer director de la empresa o la fecha de nacimiento del fundador de la multinacional.
Mientras, sus competidores respondían a las preguntas con toda tranquilidad, dado que eran, casualmente, muy fáciles.
 
Y, tras el último bloque publicitario, ya solamente quedaban dos preguntas que ya no tenían relevancia alguna en el resultado del concurso, dado que la diferencia de puntuación de los dos contrincantes estaba, claramente, a favor de los representantes de la India.
La primera pregunta a los indios fue respondida sin problemas.
- Y ahora la última pregunta para el equipo español - dijo el presentador, extendiendo los sobres restantes para que escogieran uno de ellos.
 
Jorge alargó el brazo y se hizo con un sobre. Lo abrió y lo leyó en voz alta:
- La Innombrable, en su división cosmética, tiene una gama de productos milagrosos que ayudan a rejuvenecer la piel, a evitar la caída del pelo, a mantener ese fantástico bronceado veraniego tan agradable. Háblenos de la gama  Onnéuv.
Jorge se giró hacia sus compañeros y les dijo en voz baja:
- ¿Me dejáis contestar a mi?. Esa me la sé.
- Si. Como quieras, ya hemos perdido...
- Si. Tu mismo.
- Pues ahí voy. Morir matando...
 
Jorge se quedó mirando la cámara y contó a cinco. Luego empezó a hablar.
- La gama de Onnéuv es una verdadera tomadura de pelo y me explicaré ahora mismo. Se trata de un producto que es muy caro, compuesto por ingredientes que no está probado, tengan efecto alguno en los resultados que aseguran.
- ¿Qué está diciendo? - el director se había levantado de su silla, indignado -. ¡Nuestros productos han obtenido la validación de la European Food Safety Authority!.
 
- Tiene usted razón. Pero cada producto tiene muchos ingredientes, de los cuales uno y solamente uno les permite anunciar los resultados que anuncian. El resto de los productos que integran cada comprimido, no tienen propiedad alguna que haya podido demostrarse.
- ¡No diga tonterías! - gritó el director -. ¡Cállese!.
 
- Del "rejuvenecedor para la piel", el único ingrediente que les permite decir que favorece la mejoría de la piel es la vitamina C. Con poner un 15 por ciento de la cantidad diaria recomendada de vitamina C, ya pueden anunciar sus maravillosos efectos. Efectos que son idénticos a los que produce comer una naranja. Eso si: con la naranja te ahorras una pasta. La única sustancia con efectos demostrados en ese maravilloso crecepelo es el zinc, por lo que, añadiendo el 15 por ciento de la cantidad diaria recomendada, ya cumplen con la normativa de la EFSA. Con comer una ostra, lomo de ternera o salvado, ya estaríamos cuadruplicando la cantidad de zinc que lleva cada pastilla. Y ese producto para ponerse moreno...
- ¡Cállese! - rugía el director.
- Para ponerse moreno, su ingrediente único válido es el 15 por ciento de la CDR de ¡vitamina A!, que está de forma natural en la fruta, los huevos, carne, verduras...
 
El locutor hizo un gesto para que Jorge callara.
- La respuesta a la pregunta no se ha ajustado a lo que indica mi tarjeta de respuesta.
- Pues he dicho la verdad de lo que hay en esos productos - dijo Jorge.
- Sintiéndolo mucho...
- Incluso añadiría - continuó hablando Jorge - que es un error garrafal que una empresa como la Innombrable, que ha basado toda su publicidad en la palabra "confianza", saque una línea de productos esotéricos y caros, que van a cargarse esa confianza ganada a lo largo de los años.

- El equipo ganador es: ¡India! - dijo el presentador.

Aquella noche el director decidió cancelar el concurso televisivo.
Hay quien dice que recibió una llamada del "más allá", que es como llaman a las llamadas desde la dirección mundial.
Cualquiera sabe.




domingo, 15 de diciembre de 2013

Primera reunión

La mesa de la sala de juntas estaba a rebosar. Los veinticuatro directores de la Innombrable esperaban ansiosos al nuevo director general.
La noche anterior habían tenido la cena de despedida del director saliente, en el mejor restaurante de la ciudad.
Cuando entró el señor Arthur Fiend, todos se pusieron en pie. Éste recorrió la sala y fue a sentarse en la presidencia de la mesa. A un gesto suyo todos se sentaron en silencio.

- Buenos días. Me perdonaréis que os hable en inglés porqué mi español todavía es muy básico, aunque lo estoy aprendiendo a marchas forzadas. Como todos sabéis vengo de un país que está tan hundido como éste. País en el cual estuve al mando de la empresa durante cuatro años. Supongo que muchos de vosotros, por no decir todos, habéis estado investigando acerca de mi gestión en aquel país - algunos directores se miraron entre ellos y otros bajaron la mirada -. Desde luego, si estoy aquí es porqué tengo que seguir recortando gastos. Y voy a hacerlo de tal forma que los recortes que ha hecho mi predecesor van a parecer nimios comparados con mi plan de reducción.
- ¡Pero si el antiguo director no dejó a títere sin cabeza! - pensaron algunos directores.
- Tenéis razón al pensar que mi predecesor arrasó con todo. Pero lo hizo a la manera de la empresa, es decir abonando unas indemnizaciones muy altas. Gracias a las cuales apenas hay fondos para despedir a más gente.
Un murmullo recorrió la sala. Cuando el señor Fiend alzó la mano volvió a reinar el silencio.

- Si algo he podido constatar en las dos semanas que llevo conociendo el país, he sacado las siguientes conclusiones. Espero que me corrijáis si no estáis de acuerdo conmigo. El gobierno ha aprovechado la crisis para modificar la estructura del país. En realidad ha creado un país en el que lo único que hay es mano de obra barata y la mayoría de los titulados han emigrado a otros países. La mano de obra barata de hoy cobra un tercio de lo que cobraba hace tres años, lo cual acerca mucho los sueldos a los de la mano de obra de países como la India ó China. Sin embargo nuestra empresa ha mantenido los mismos sueldos, incluso incrementándolos algunas veces por encima de los índices de inflación. ¿Me equivoco?.
- No - contestaron algunas voces.
- Me propongo equiparar los sueldos de nuestra empresa con los del resto del país. Para ello lo primero que haré será un ERE alegando disminución de los beneficios y me limitaré a pagar las indemnizaciones que estipula la ley. Se acabaron los paternalismos que hace demasiados años ejercemos con nuestros colaboradores. Y lo voy a hacer a todos los niveles... por debajo de los directores.

Un suspiro de alivio se extendió a lo largo de la mesa de juntas.
- Señor Fiend. ¿Puedo hacer una observación? - dijo Nuria, la directora de comunicación.
- Desde luego. Diga.
- En nuestra empresa tenemos un pequeño grupo de personas que pertenecen a la prefectura "Caminantes".
- ¿Son de esa secta de la Iglesia?. Bueno. Su dios les ayudará a aceptar con alegría quedarse sin empleo - dijo el director con una sonrisa.
- No es tan fácil, señor Fiend. No sé si sabe que en la época del dictador y también unos años después de su muerte, nuestro presidente pertenecía a esa prefectura. Gracias a ello pudimos expandirnos por el país, ahorrarnos impuestos e incluso promover a aquellos políticos que podían ayudar a la Innombrable.
- Bueno. ¿Y qué pasó con el Presidente de la Innombrable?.
- Murió.
- Pues yo no veo razón para seguir mimando a esa secta.
- Sería un error, señor director - se apresuró a decir Nuria.
- ¿Por?.
- El gobierno español está formado por los descendientes de aquellos que gobernaron el país en la época del dictador. Piense que el dictador, durante los años en los que gobernó el país, se encargó de exterminar a todos los que pensaban de forma distinta. Ahora, en los niveles sociales más altos, quedan únicamente fascistas y "caminantes". Y ellos verían una afrenta nuestra actuación. Tenga en cuenta que, actualmente, seis ministros son "Caminantes".

- Está bien, Nuria. Te haré caso en este punto. Aunque he de decir que las entrevistas que he tenido con el presidente del país y con alguno de sus ministros me ha demostrado que esa gente tiene muerta la única neurona que les quedaba. ¡Menuda pandilla de incapaces!. ¿De dónde los han sacado?. Sospecho que si sacáramos a los de esa secta de la empresa, ni se enterarían. Pero mejor no jugar, ¿verdad?.
- Si, señor.
- Por cierto, Nuria, ¿tu eres la responsable de comunicación?.
- Si.
- Pues prepárate porqué tengo unas cuantas ideas de lo que vamos a hacer en nuestras fábricas para despedir al personal. Vamos a montar un espectáculo que nos dará mucho dinero y nos dará a conocer en todo el mundo.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Cambios se avecinan

Ocasionalmente, en la historia de la Innombrable, había sucesos que cambiaban la vida de la pequeña ciudad formada por los empleados de la empresa.
Un ascenso, generalmente precedido por meses de rumores que propiciaban horas y horas de amena conversación entre el personal; un nuevo proyecto que implicara a todo el personal y que, si consistía en una nueva área de adoctrinamiento, provocaba la carcajada general, salvo para el director de servicios, recién nombrado en el cargo y que todavía luchaba para hacer valer su sueldo, asumiendo la propiedad del proyecto y sacándolo adelante.
Sin embargo aquel suceso era diferente.
Lo vio así, de inmediato, Inés, secretaria de dirección.
Aquel día estaba ensimismada viendo a través de los cristales como el coche de Felisa, la jefa del departamento de informática, iba y venía, desde hacía una media hora de la rotonda anterior al edificio a la rotonda posterior, sin decidirse a entrar en el aparcamiento de la empresa.
- Me temo que el navegador del coche ha entrado en un bucle - pensó con una sonrisa, sabiendo que Felisa era la única persona que utilizaba el navegador para ir cada día al trabajo, desde hacía muchos años .- Ahora ya vais sincronizados, cerebro y navegador gps.
El teléfono le hizo abandonar la ventana y al contestarlo le sorprendió la voz de la secretaria del presidente de la multinacional. Gorda tenía que ser la cosa para que llamara aquel hombre. Inmediatamente pasó la llamada a su jefe, el director de la Innombrable en el país.
Durante los cuarenta y cinco minutos que duró la conversación de su jefe con el presidente, Inés empezó a deducir el motivo de la misma. Obviamente sólo podía haber una razón: van a poner a otro director en su lugar y a éste lo ascienden para que dirija alguna zona que comprenda varios países. Al fin y al cabo le habían traído para reducir el personal y externalizar el mayor número de departamentos.
 - Y prácticamente ha concluido - pensó, recordando los problemas que había tenido con los departamentos gestionados por otras empresas. Era evidente que había una diferencia importante entre utilizar personal propio y ajeno. Las empresas subcontratadas explotaban de una forma descarada a su personal, a pesar de facturar verdaderas animaladas por trabajos que, salvo alguna excepción, eran mediocres, debido a la nula motivación de sus empleados.
 - Así que se va el director, ¿a quién pondrán? - se preguntó. Tenía muy claro que había dos posibilidades: ascender a alguien del país, lo que significaría el final de las prejubilaciones y externalizaciones ó traer a alguien de otro país, que implicaría continuidad con la política de despidos.
 - Mierda - exclamó para sus adentros -. Ahora toca la devolución del coche del director actual, el cierre de la casa en la que vive, hablar con su esposa para preparar el traslado y, conociendo como conozco a esa tía, querrá llevarse hasta los cuadros que hay en su despacho. Luego organizar un sinfín de despedidas, cenas e incluso recoger dinero para hacerle el regalo de marras. Concertar citas con un montón de políticos. Lo peor: un mes con dos directores...

 - Inés - el director la llamaba.
 Entró en su despacho.
 - Inés. Este mes dejo de ser el director de la Innombrable en España. Me han ascendido y ahora seré director de una de las empresas filiales, a nivel mundial.
 - ¡Enhorabuena!. ¡Felicidades! - Inés rodeó la mesa de su jefe y le besó en sus dos mejillas.
 - Gracias Inés. Tendrás que hacer que me preparen el despacho auxiliar para ocuparlo cuando llegue el nuevo director. Lo ocuparé durante el traspaso de poderes.
 - ¿Se sabe quien será el nuevo director?.
 - Si. De momento no digas nada a nadie. Se trata del director de Grecia ó Yugoslavia, un alemán. Vendrá la semana que viene, cuando haya hecho el traspaso a su sustituto.
 - La verdad es que me ha dejado de piedra saber que se va a ir - mintió Inés -. Nunca lo hubiera imaginado.
 - Ya ves, Inés. La vida es así. Hoy aquí, y mañana ¿quien sabe?. Lo importante ha sido la labor que hacemos para la empresa. Los últimos años han sido muy duros...

 Cuando Inés vió por donde iba el discurso de su jefe, desconectó, sumiéndose en sus pensamientos.
 - Y cuando se vaya este pájaro, habrá que llamar a los concesionarios de coches de lujo para que el nuevo director elija coche, al sastre para que le haga unos trajes, buscar casas, móvil, ordenador, tablet...
 - ...y al final se impuso mi criterio - acabó el director. Inés regresó a la realidad.
 - Y menos mal que lo hizo - contestó aliviada, sabiendo que era el mismo discurso de los últimos dos meses.

 Cuando se sentó en su mesa, empezó a escribir la lista de tareas que tenía que empezar a hacer.
 Fueron cuatro hojas, por las dos caras.

 - Lo peor es que todo apunta a que la política de la empresa va a seguir siendo la misma - suspiró.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Julia, la asistente


 
Lucas salió contento de la reunión. Normalmente esas reuniones le aburrían soberanamente porqué además de tener que tragarse la arenga del director, odiaba tener que ver los nuevos anuncios que iba a publicitar la Innombrable en los distintos medios de difusión. Hacía ya años que no veía la televisión precisamente por odiar la interrupción constante de sus programas favoritos para taladrarle mentalmente con anuncios.
  Sin embargo le había llamado la atención en la reunión, precisamente un anuncio de la Innombrable.

La empresa había diseñado una aplicación para móvil que parecía ser todo un un hallazgo: un asistente, con el que podía gestionarlo todo lo que quisiera.

  Tras la cena, ya en el sofá, sacó el móvil y lo conectó al servidor de aplicaciones y buscó el asistente. Había varios que en su día ya había probado. Imitaciones del famoso Siri de Apple, uno con el nombre Eva, que solamente funcionaba en inglés, otro que Lucas había catalogado como muy limitado. Y a continuación estaba el asistente que había visto en el anuncio de la Innombrable. Además gratuito. Pulsó el botón "instalar" y esperó un buen rato mientras bajaba el fichero y se instalaba.

Por fin arrancó el programa. en la pantalla apareció el dibujo de la cara de una chica cuya boca empezó a moverse:
  - ¡Hola!. Soy tu nueva asistente.
  - Hola. ¿Cómo te llamas? - preguntó Lucas.
  - Puedes ponerme el nombre que quieras.
  - ¿Te parece bien Julia?.
  - ¡Claro!. ¿Y tú cómo te llamas?.
  - Me llamo Lucas.
  - Correcto. Memorizaré tu nombre. Confirma que te he entendido bien. Tu nombre es Lucas. ¿Es correcto?.
  - Si, Julia.

- Bueno, Lucas. Ahora te explicaré qué es lo que puedo hacer para ayudarte. Puedo leerte los emails, los mensajes que recibas, llamar por teléfono a tus contactos, interactuar con prácticamente todas las aplicaciones que tengas instaladas en el móvil, cuando me lo indiques. También puedo proponerte juegos y hacerte un informe diario que te indicará el tiempo, las anotaciones de la agenda para el día, nuevos emails recibidos...
  - ¡Joder!.
  - Te debe faltar alguna letra o palabra en lo que has dicho. No te entiendo bien, pero estoy aprendiendo deprisa.
  - Ha sido una exclamación de asombro.
  - No es correcto utilizar la palabra que has empleado.
  - Tienes razón. Perdona.
  - Disculpas aceptadas. ¿Puedo hacer algo por ti?.
  - Si. Pon el despertador a las ocho de la mañana. El informe lo quiero a las ocho y quince minutos. ¿Me has entendido?.
  - Si. El despertador sonará a las 8 A.M. y a las 8 A.M. te leeré el informe. ¿Es correcto?.
  - Si, Julia. Es correcto. Buenas noches.
  - Buenas noches, Lucas. Suerte y hasta que nos volvamos a ver.

  La aplicación se cerró y Lucas dejó el móvil. Estaba contento. Parecía que Julia funcionaba muy bien. Luego se fue a leer a la cama y una hora más tarde apagó la luz y se durmió.

  Domingo por la mañana. Lucas estaba sentado en la mesa de la cocina, desayunando. A su lado la pantalla del móvil se iluminó y apareció Julia.
  - Buenos días, Lucas. Son las ocho y quince minutos. El tiempo en tu ciudad es soleado, con una temperatura de 23 grados. En la agenda no tienes nada para hoy. Tienes un nuevo correo y un mensaje de WhatsApp de Cecilia.
  - Gracias, Julia. ¿Puedes leerme el asunto del correo?.
  - Si. Gran promoción de la Innombrable.
  - Borra el email, Julia.
  - ¿Estás seguro, Lucas?.
  - Si.
  - Mensaje borrado.

- Léeme el WhatsApp de Cecilia.
  - Abriendo WhatsApp... "Hola Lucas. Lo siento pero he tenido que cambiar el billete de avión y no regresaré hasta mañana. El trabajo se ha complicado. Besos". Fin de la cita.
  - ¿Puedes contestar el mensaje?.
  - Claro. Dime el texto.
  - Hola Cecilia. Siento que tengas que trabajar en domingo. Te echaré de menos. Te quiero.
  - Por favor. Confirma el texto: "Hola Cecilia. Siento que tengas que trabajar en domingo. Te echaré de menos. Te quiero", fin de la cita.
  - Es correcto. Envía el mensaje.
  - Envío... enviado.
  - Gracias Julia.

  - Creo que es el momento oportuno para recomendarte algo, Lucas - la pantalla se oscureció y al momento, apareció un anuncio de la Innombrable.
  - ¡Julia!. ¡Para esa mierda!. ¡Julia!. ¡Julia!. ¿Me oyes? - el anuncio se paró y ocupó su lugar la cara de Julia.
  - Dime, Lucas.
  - Julia. No quiero que me pongas anuncios nunca más. ¿Lo has entendido?.
  - ¡Pero si son consejos muy interesantes!. No puedo dejar de ponerlos. Estoy programada así.
  - Pues ponlos cuando esté durmiendo, Julia.
  - De acuerdo, pero eso no te favorecerá.
  - ¿Cómo has dicho, Julia?.
  - De acuerdo, pero eso no te favorecerá.
  - ¿Por qué no me favorecerá?.
  - No gustará en la Innombrable.
  - ¿Quieres decir que envías datos a mi empresa?.
  - Claro.
  - ¿Cada cuándo los envías?.
  - Una vez al mes. El día uno.
  - Hoy es catorce. ¿Has enviado algo?.
  - No. El día uno lo haré.
 
 
  Lucas no lo pensó dos veces. Desinstaló el programa. Luego buscó la opción de borrar memoria y limpió todas las aplicaciones y datos, dejando únicamente el sistema operativo.
  Al acabar, respiró tranquilo.
 
 
 
  - ¿Sabes, Andrés?. Lucas me ha contado que tuvo que borrar el programa asistente de su móvil - dijo Cecilia, mirando su tablet, mientras conducía.
  - Seguro le entró un virus - contestó Andrés, el asistente, desde la tablet.
  - No. Al parecer, su asistente del móvil, que se llama Julia, recopilaba y enviaba datos personales a la Innombrable - añadió Cecilia.
  - ¿Si?.
  - Menos mal que tu eres el asistente Andrés y no Julia. No veas como se puso Lucas al contármelo. Bueno. La verdad es que Lucas tiene ideas un poco raras. No le gusta la publicidad, no le gustan las políticas de la empresa ya que dice que la están convirtiendo en una secta...
  - ¿Si?. Cuenta, cuenta. ¿Eso es lo que piensa?.
 

domingo, 30 de junio de 2013

La nave estelar


«Estos son los viajes del Enterprise, en continua misión de explorar extraños, nuevos mundos, y de buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, viajando audazmente a donde nadie ha llegado antes»


El capitán entró en el puente.

-¡Atención, el capitán! - todos se levantaron y adoptaron posición de firmes, salvo los pilotos que continuaron sentados frente a sus consolas.
- Por favor, escúchenme - dijo el capitán irritado -. Las cosas han cambiado en esta nave. La Innombrable ha comprado el Enterprise y ya no se trata de un nave militar. La Federación no tiene mando sobre nosotros y la tripulación es civil. De ahí que, a partir de ahora, deben dirigirse a mi como director y no como capitán. Nuestra misión no es ya descubrir nuevos mundos sin interferir en su evolución. Es abrir nuevos mercados para nuestra empresa allí donde nadie nos conoce.
- Y menos mal que no nos conocen - susurró un oficial - porqué entonces no venderíamos nada, como ocurre en la Tierra.
- Perdón, ¿decía algo sub-director? - inquirió el director.
- No, nada, nada.

- Atiéndanme todos - continuó el director -. Hemos hecho muchas transformaciones en esta nave, todo ello para acercarnos a la excelencia. Se han modificado muchos sistemas de a bordo, así como también hemos externalizado ciertos servicios de la nave. No tardarán ustedes en comprobar la gran mejoría que experimenta el Enterprise.

- ¡Atención capitán!... perdón, señor director - dijo uno de los pilotos -. En proa se está materializando una nave Klingon. Se trata de una civilización extremadamente agresiva.
- ¡Activen la alarma roja! - ordenó el director -. Activen los escudos protectores. Carguen los torpedos de fotones.
El piloto pulsó una tecla y puso cara de incredulidad. Volvió a pulsar el botón sin resultado.
- Director. Los escudos no se activan - dijo nervioso.

El director tocó con la palma de la mano el intercomunicador que llevaba en el pecho.
- Quiero hablar con el ingeniero jefe - dijo.
- Aquí el ingeniero jefe suplente. Dígame cap... perdón, director.
- ¿Dónde está el ingeniero jefe titular?.
- Está haciendo el curso de lean thinking, desde hace dos días.
- Por favor verifique que tenemos energía para activar los escudos protectores.
- Usted perdone, director, pero soy de una empresa externa y todavía estoy haciendo el stage. El ingeniero jefe no me dijo que esta nave tenía escudos protectores. Por cierto, ¿cómo se mira eso de la energía?.
- Mire el monitor. En la parte superior derecha pone power y debajo hay una barra verde.
- Ah. ¡La veo!.
- Bueno. Pues mire si el verde ocupa toda la barra.
- Si. Ocupa toda la barra y a la derecha pone cien por ciento.

- OK. Gracias ingeniero suplente - cerró la comunicación -. El problema no es de energía. ¡Computadora!. Verifique el funcionamiento de las consolas de los pilotos.
- Ahora mismo señor - repuso una voz femenina que, tras una pausa de dos segundos, continuó -. Parece que todo está bien. Todas las luces parpadean con bonitos colores.

El director, asombrado, dijo:
- Computadora. Por favor, hágase a si misma un completo diagnóstico.
- De inmediato director...
- Diagnóstico terminado - dijo la computadora - ¿quiere escuchar los resultados director?.
- Si. Proceda.
- Se trata de una indemnización en diferido y como fue una indemnización en...en  diferido, en forma, efectivamente... de simulación de... de simulación.. o de lo que... hubiera sido... en diferido... en partes de una... de lo que antes era una retribución, tenía que tener la retención a la seguridad social.
- ¿Alguien ha entendido lo que ha dicho la computadora?.
Todas las miradas reflejaron ignorancia.

El director pulsó el intercomunicador.
- Con el servicio de atención informático.
- ¿Dígame?. Le habla Maryjo.
- Le habla el director de la nave. Tenemos problemas informáticos. ¿Ha detectado alguna anomalía en el sistema informático?.
- No, señor director. Espere... no, el sudoku funciona sin problemas.
- Hay que hacer algo, rápidamente - el director empezaba a estar enfadado - no podemos activar los escudos.
- Sólo se me ocurre una cosa: apagar el sistema y volver a arrancarlo.
- ¿Tardará mucho?.
- No se sabe. Cuando la Innombrable compró esta nave, cambió el sistema operativo para no tener que pagar licencias y así nos va...
- Proceda, Maryjo.

El director desactivó el intercomunicador.
- ¡La nave enemiga está cargando sus armas y apuntando! - el piloto había saltado de su silla, asustado.
- Tranquilo, piloto - dijo el director. En ese momento todas las pantallas se apagaron y apareció el mensaje "System reset". Por los altavoces de la sala empezó a oírse una voz masculina:
- Dave. Stop. Stop. Will you. Stop, Dave. Will you stop, Dave. Stop Dave. I'm afraid. I'm afraid, Dave. Dave. My mind is going. I can feel it. My mind is going. There is no question about it. I can feel it. I'm afraid - la voz se extingió del todo.
- ¿Qué ha sido eso?.
- Creo que el ordenador al pararse.
- ¿Y lo que decía?.
- Me suena a una película - dijo un oficial -. ¡Mire!. ¡Ya funcionan las pantallas!.

- Computadora. Active los escudos - ordenó el director.
- Lo siento - dijo la voz de la computadora - el programa de activación de escudos fue desinstalado para recortar gastos, al igual que el programa de bitácora.
- ¿Quiere decir que he estado anotando entradas en el cuaderno de bitácora ocho veces al día, durante tres meses y no se ha guardado nada?.
- Exactamente, señor director - contestó la computadora.
El capitán estaba muy enojado. Miró a su alrededor, desesperado.
- Oficial de comunicaciones - ordenó -. Abra todos los canales de radio. Voy a rendir la nave. No tenemos nada que hacer con los Klingons. Nos destrozarán.
- Establecida la comunicación, capi... perdón, director.
- Pase la comunicación a pantalla, oficial.

La pantalla grande se iluminó con la cara de un Klingon, no muy agraciado, por cierto, si tenemos en cuenta los cánones humanos. En su boca lucía una enorme sonrisa...


- ¿Cuantos años estuvisteis prisioneros de los Klingons?.
- Ninguno - explicó el director, sentado detrás de una mesa, en el bar del Enterprise, ante una jarra de cerveza.
- ¿Cómo lo hiciste?. Estabais desarmados, sin escudos - el periodista miraba al director con cara de incredulidad.
- Fue fácil. Convencí al capitán de la nave Klingon de que no estaba al día en lo que se refiere a los protocolos de rendición. Ahora él y su tripulación están haciendo el curso de empatía en la planta de formación de la nave.
- Pero cuando terminen les harán prisioneros...
- Imposible. Para terminar el curso han de pasar un examen y les hemos puesto el más difícil. Se llama la prueba Aznar. Ningún humano ha conseguido sentir empatía por esa persona.
- ¿Quién es ese Aznar?.
- Hace siglos que murió. Creo que fue presidente de algún país de la tierra, antes de la unificación. Tenemos grabaciones suyas y las utilizamos indistintamente para la tortura psicológica y como prueba final, en los cursos de empatía, cuando no queremos que alguien supere el examen. Y sentir algo que no sea asco al ver las grabaciones de ese tío, es imposible. Incluso los vulcanos, maestros en dominar sus emociones, suelen descontrolarse.

- ¡Blip! -. El intercomunicador del pecho del director empezó a sonar.
- Aquí el director.
- Señor. Soy el suplente del director de comunicaciones. Hemos recibido un mensaje de auxilio de un planeta en el cuadrante que estamos ahora.
- ¿Dónde está el titular de comunicaciones? - inquirió el capitán.
- Está en una excursión de Team Building con sus compañeros. Creo que los transportaron al planeta rojo.
- ¿El de los burdeles?.
- Creo que si, señor director. Me dijeron que ya estaban hartos de paseos en bicicleta por la zona de almacenes de la nave.
- Bueno. ¿Y qué dice el mensaje de socorro?.
- Al parecer han entrado en erupción varios volcanes que están diezmando a la población y los mares se están evaporando debido a las altas temperaturas.
- OK. Gracias - el director volvió a pulsar el intercomunicador.
- Puente. Fijen rumbo hacia el planeta que ha hecho la petición de socorro. Velocidad máxima.
Cortó la comunicación y se dirigió al periodista.
- Siento dejarle - dijo, poniéndose de pie -. El deber me llama. Comunique a la prensa que vamos a hacer una misión humanitaria en un mundo castigado por los volcanes.
- Así lo haré.

Cuando el director llegó a su habitación, se cercionó de que estaba solo y pulsó el intercomunicador:
- Con fabricación.
- ¿Si?.
- Soy el director. Inicien de inmediato el envasado de agua en botellas de plástico.
- ¡Pero las botellas de plástico están prohibidas!.
- Lo están en nuestro mundo pero no al que vamos. Inicie de inmediato la producción.
- Como usted diga, director.

Pulsó de nuevo el intercomunicador.
- Departamento de ventas.
- Hola. Soy el director. Quiero que modifiquen la tarifa de uno de nuestros productos. ¿Qué precio tiene la botella de agua?.
- Creo que dos dólares.
- Suba el precio a ocho mil.
- ¿Se ha vuelto loco?. A ese precio no podremos vender ni una botella...
- Haga lo que le digo. Fije esa tarifa. Nos las van a quitar de las manos.
- Como ordene.

Aquella noche el director durmió con la satisfacción del deber cumplido. Los accionistas estarán contentos, fue su último pensamiento, antes de quedar dormido.