domingo, 22 de marzo de 2015

El epílogo del psicópata

- Supongo que tu predilección por la música clásica no es mas que una fachada para captar el interés de la gente - me dijo el psicópata.
- No lo creas - le contesté -. Se trata de una forma rápida de recuperar la fé en el ser humano, tras una conversación con alguien como tú.



-¿Donde demonios estoy?. ¿y qué haces tú aquí? - preguntó el psicópata al encontrarse súbitamente en un espacio que carecía de límites y que estaba iluminado por una luz blanca uniforme.
- Estás muerto. Yo soy una de tus víctimas - repuso la única persona que estaba allí, junto al psicópata. - ¿Acaso no me recuerdas?.
- Desde luego que te recuerdo. ¿Cómo no voy a reconocer a mis subordinados?. Te recuerdo como una persona débil, con muchos problemas y una gran incapacidad para enfrentarte a ellos. Fue un verdadero placer destrozarte psíquicamente - lo miró pensativo - ¿no habrás venido a vengarte de mi?.
- Cuando uno está muerto, lo último que se plantea es la venganza. Además, en realidad no soy la persona a la que destrozaste. Soy parte de ti, tu subconsciente. He adoptado la forma de Medina, tu víctima, para intentar averiguar si hay en ti algún atisbo de arrepentimiento.
- Pues ya ves que no es así - contestó airado el psicópata.- No me arrepiento de nada de lo que he hecho en esta vida.
- Has hecho mucho daño...
- Tengo las ideas claras. El mundo se divide en dos grupos: la gente como yo, que intentamos abrirnos camino a base de machacar a los demás sin el menor cargo de conciencia y el otro grupo que se distingue por su bondad. Se trata de esa gente que cede el control a su conciencia e intenta vivir de acuerdo con sus convicciones. Eso si, sin exponerse demasiado ya que el miedo manda sobre sus vidas. Durante siglos, mi grupo ha ido inculcando ese miedo en esa gentuza para evitar su insubordinación.
- ¿Gentuza, dices?.
- Es gentuza. Gente inculta, gente pobre, por carecer del carácter necesario para mejorar en su escala social - soltó una carcajada y añadió - de esa falta de cultura mi grupo es el responsable. Gente manipulable, gente capaz de creer en religiones basadas en mitologías ancestrales. No deja de ser curioso que los que menos tienen sean los más solidarios. ¡Estúpidos!.
- Pues, la verdad es que tu no has llegado muy lejos en esta sociedad...
- No demasiado. Pero me lo he pasado bien. Entrar en una multinacional sin escrúpulos como la Innombrable, me dio alas. Me sentía en mi salsa ya que esa empresa no es otra cosa que un psicópata gigantesco que se maneja con la misma gracia con la que yo mismo jugaba con mis subordinados: jodiendo a los ganaderos al pactar los precios de compra de la leche con otras empresas, deforestando bosques para conseguir aceite barato, mirando a otro lado cuando veía que su política comercial hacía morir a niños en África, comprando a proveedores que explotan niños en sus plantaciones, espiando a ONG... 
- Vamos. Que estabas en la gloria.
- Exacto. Mi jefa es la típica persona que, aún perteneciendo a mi grupo, es una incapaz, quizás por tener menos inteligencia que una ameba. Es la típica pija inútil que lo único que quiere es aparentar buena posición sin hacer nada. Creo que ahora la llaman Ana Mato, por la ex-ministra de sanidad, prácticamente con el mismo perfil que ella.
- Y aprovechaste.
- Si. Me hice con el poder del departamento y pude campar a mis anchas. Y cuando hacía algo reprochable, mi jefa hacía como que no se enteraba.
- Y tus subordinados, sufriendo tus decisiones.
- Lógico. Quería gente como yo mismo. Y me encontré a una pandilla de pusilánimes que se limitaban a hacer su trabajo, sin ambición, sin demasiada energía...

- Pero ¿hacían bien su trabajo?.
- En realidad si, pero no me gustaba su actitud. Se dejaban manipular. No luchaban por nada. A nadie se le ocurrió siquiera denunciar las barbaridades que yo hacía con ellos: conseguía pelear a los unos con otros, les hacía trabajar gratis los fines de semana, utilizaba las confidencias que me hacían para menoscabar su autoestima. Eran borregos. Por cierto, ¿cómo me he muerto?.
- Accidente de coche. Y lo mejor que te ha podido pasar ha sido tu muerte, ya que tu cuerpo ha quedado destrozado.
- Bueno. Es una buena forma de terminar. ¿Y ahora que toca?. ¿Cielo?, ¿infierno?, ¿reencarnación?.
- Nada de eso. Desaparecerás y ahí se acaba todo.
- ¿Qué me pasa?. ¡Noto una fuerte atracción!, ¡como si algo me arrastrara!. ¡La luz se desvanece!. ¡Vuelvo a ver el túnel de luz!.
- Sospecho que me equivocaba con tu muerte. Creo que te han devuelto a la vida.


- Doctor. ¡Parece que recupera el pulso! - la enfermera miraba el monitor - ¡el pulso es débil pero constante!.
- Me alegro. Ya me parecía que conseguiría salvarlo - contestó el doctor Morales .- Su corazón es fuerte.
  Su ayudante, el doctor Vilar se lo quedó mirando fijamente.
- ¿Crees que ha valido la pena salvar a este hombre, que va a quedar en estado vegetativo para el resto de sus días? - le preguntó.
- Si quieres que te sea sincero, hubiera dejado morir a cualquier persona en su estado - contestó.
- No lo entiendo.
- No tienes idea de quien es este tipo, ¿verdad?. Se trata de un malnacido que ha dedicado toda su vida a destrozar a sus semejantes. Es un psicópata de los de manual. He tratado a muchas de sus víctimas y nuestro colega, el doctor Pascual a muchas mas - quedó pensativo un momento y añadió .- Yo creo en la reencarnación y pienso que el mundo no se merece que este hijo de puta se reencarne y vuelva a hacer de las suyas.
  Se acercó a la cabecera de la cama, miró al paciente por unos instantes. Luego observó las agujas que saltaban sobre el papel del electroencefalograma. 

Reflejaban actividad cerebral. Se dirigió al paciente:
- Escucha cabrón. Voy a dedicar el resto de mis días a retrasar tu reencarnación, manteniéndote con vida. El mundo, aunque sea por veinte ó treinta años, vivirá mas feliz sin tu asquerosa presencia - miró como las agujas subían con mas fuerza debido a sus palabras y sonrió al constatar que le estaba escuchando .- Tu cuerpo, debido al accidente, es incapaz de obedecerte. Lo único que puedes hacer es respirar, oír y pensar. Vete mentalizando de que es eso lo que vas a hacer en los próximos años. Quizás te sirva para recapacitar, aunque dudo que tu egocentrismo te lo permita. ¡Disfruta de tus pensamientos!.

El doctor Morales se quitó los guantes ensangrentados y se dirigió a la puerta. La abrió y dejó pasar a la enfermera.
- Sospecho que acabas de fastidiar a sus antiguos subordinados - susurró el doctor Vilar mientras salía del quirófano.
- ¿Cómo?.
- Estoy seguro de que debe haber cola para ir a escupir a su tumba.

En el quirófano quedó el psicópata luchando infructuosamente por acallar sus pensamientos, para reducir el ruido que hacían las agujas del electroencefalograma al saltar histéricamente de un extremo al otro del papel.

lunes, 19 de enero de 2015

Espíritu crítico

- ¿Sabéis que Pedro González ya no trabaja en la Innombrable?.

Estaban sentados en torno a una mesa en el bar de Santiago, que aquella tarde estaba vacío debido al partido de fútbol que se estaba jugando en esos momentos. Santiago, el propietario del bar, un hombre no muy alto, regordete y con una barba cana que hacía resaltar unos ojos que daban la sensación de haberlo visto todo, estaba detrás de la barra, poniendo en una bandeja las cervezas y los pinchos que le habían pedido los cuatro chicos de su única mesa ocupada.
 
- ¡Anda!. ¿No era ese tío un jefe de departamento?. No llevaba mucho tiempo en la empresa, ¿verdad?.
- No. Pertenecía a una empresa que fue adquirida por la Innombrable hará un par de años.
- Me caía simpático el hombre. Se le veía muy humano, muy próximo. Lástima que se haya ido.
- ¿Ido?. Quizás lo echaron. Corren rumores de todo tipo sobre él. Unos dicen que hizo alguna cosa mala y lo pillaron. Otros que tenía un lío con alguien del personal femenino.
 
Santiago se acercó a la mesa y empezó a traspasar el contenido de la bandeja a la mesa.
- ¿Quién ha pedido el vino? - preguntó.
- ¡Yo! - dijo la única mujer de la mesa. Santiago le dejó delante la copa de vino y puso los platos con los pinchos en el centro de la mesa. Luego volvió a la barra.
- Pues la circular que ha emitido la empresa respecto a Pedro González, le desea lo mejor en sus nuevos cometidos. Teniendo en cuenta que ese "le desea lo mejor" únicamente se usa con la gente que no han pillado en algún trapicheo, eso descarta el primer rumor.
- Y el segundo, lo del lío de faldas, dudo mucho que sea causa de despido. En la Innombrable la mitad del personal tiene o ha tenido algún amorío con la otra mitad.
- Quizás Felisa ha denunciado a la mujer por competencia desleal.
 
Todos rieron aquel comentario.
- Pues yo no lo entiendo. Un hombre encantador, creo que muy competente, buen jefe y se larga de la empresa, teniendo por delante un buen futuro.
- Quizás puedo aportar alguna luz en este asunto - dijo Santiago desde la barra. Todos se lo quedaron mirando -. La proximidad de este bar con vuestra empresa hace que prácticamente todo el personal vaya pasando por aquí y casi podría decir que me entero mejor de lo que acontece en vuestro trabajo que vosotros mismos.
- Venga, señor Santiago. Tómese una cerveza con nosotros y cuéntenos lo que ha oído.
 
Santiago se sirvió una copa de vino y se acercó a la mesa, sentándose con los chicos.
- No sé si sabéis que en el departamento de Pedro González echaron, hace un par de meses, a dos personas - dijo Santiago.
- Ni idea - dijeron todos.
 
- Como su jefe, esas dos personas pertenecían a la misma empresa, aquella que había sido comprada por la Innombrable - prosiguió Santiago -. Y he de decir que son muy buenos profesionales. Sin embargo cuando se incorporaron a la plantilla de la Innombrable, empezaron a darse cuenta de que el ambiente era completamente distinto al de su empresa origen. Ellos que siempre habían sido críticos con las políticas de su departamento, descubrieron que en la Innombrable había que comulgar con las ideas de sus superiores y descubrieron que el personal estaba compuesto por un rebaño de ovejas que se limitaban a cantar loas a las decisiones de sus superiores en todas las reuniones de trabajo.
- Hombre. Dedicarse a criticar a la empresa tampoco debe ser muy bueno...
- Ser crítico no es exactamente eso. Se trata de analizar una decisión y opinar, proponer mejoras ó decisiones alternativas que sean mas viables - aclaró Santiago -. Y luego estaban esas reuniones de adoctrinamiento del personal en las que, según palabras de estas dos personas, los asistentes parecía que fueran con sobredosis de mescalina, aplaudiendo y riendo las gracias del orador de turno. Como decían ellos, en esas reuniones solo falta el coro Gospell.
 
- Hombre. Quizás no es para tanto, aunque algo de cierto hay en lo que ellos decían.
- La cuestión es que empezaron a darse cuenta de que, con la abundante burocracia de la Innombrable, las diferentes reuniones de trabajo, los cursos y reuniones de adoctrinamiento, eran incapaces de sacar adelante su trabajo diario a no ser que aumentaran su jornada en cinco o seis horas. Eso y el ambiente general de peloteo intenso hacia los mandos les hizo caer en una actitud de pasotismo.
- ¿No le dijeron nada a Pedro, su jefe?.
- Desde luego que si. Pero Pedro no tenía forma de remediar las cosas. Su jefe inmediato le controlaba constantemente, asistiendo a todas las reuniones de trabajo y haciendo prácticamente todas las sugerencias que los subordinados aplaudían.
 
- ¿Y qué pasó?.
- Lo previsible. La empresa quería seguir teniendo un discurso único y aquellos dos empleados no lo aceptaban e incluso se reían de él. Los echaron de un día para otro.
- ¿Y Pedro?.
- Se puso como una moto. Según él, el espíritu crítico es bueno para mejorar la empresa. Y cuando se vio frente a un grupo de palmeros, incapaces de sugerir ideas, se le vino el mundo abajo. Él que siempre había fomentado la participación de sus subalternos en todas las decisiones se descubrió incapaz de seguir haciéndolo. Y optó por abandonar la empresa en la que ya no se sentía a gusto. Y es curioso, decía él, que la empresa el la que trabajaba antes de ser comprada por la Innombrable creció, precisamente, gracias a ese ambiente crítico de sus empleados. Y ese ambiente ha sido el que la Innombrable cortó de cuajo nada mas entrar.      
 
- Pobre gente - dijo la mujer -. Como nosotros hemos entrado en la Innombrable directamente, no conocemos otros ambientes de trabajo. Pero ellos, que estaban, por decirlo de una manera sutil, en el cielo, la caída debió ser estrepitosa.
- Pues si - dijo Santiago -. Y no deja de ser curioso que a nivel social y político, esta lucha se está dando actualmente, debido a la crisis.
- ¡Es cierto!. Antes el discurso oficial no admitía ser cuestionado y ahora está aflorando una corriente social que pone en duda absolutamente todo: la constitución, el senado, la monarquía, la democracia...
 
- Exacto. La historia de la humanidad refleja esa intención de eliminar a todos aquellos cuyo pensamiento fuera distinto del poder. Se trataba de alinear en el mismo pensamiento a toda la sociedad. Y ahora están saliendo a la luz el montón de personas que cuestionan esas actitudes. Incluso la prensa "oficial" ha de reflejar, de vez en cuando, esas voces discordantes si quiere dar imagen de veracidad a sus noticias. Si nuestro presidente tuviera un mínimo de inteligencia habría elegido consejeros de todas las ideologías y no al conjunto de personas que tiene con el pensamiento idéntico al suyo. Sólo así se puede salir del agujero: viendo las cosas desde diferentes ángulos. Quizás los cambios que veréis, si se producen, irán en esa dirección.
 
- ¿Y por qué no van a producirse?. La opinión pública quiere esos cambios.
- Porqué nuestro país está alineado con otros países que nunca querrán permitir que el nuestro se salga de los cauces trazados. El poder teme que el ejemplo de un estado pueda contagiarse a otros países. De todas formas confío en que triunfará la sociedad.
- Menos mal.
- Y ese espíritu crítico, ¿es bueno ó es malo? - preguntó Santiago.
- Es buenísimo.
- Pues, tarde ó temprano, esa actitud ha de llegar al mundo de la empresa. Podrán ser cincuenta años, un siglo, cuatro siglos, pero acabará llegando.
Santiago se levantó.
- Me vuelvo a la barra, voy a empezar a recoger porqué quiero cerrar pronto. Tengo una cena...
 
- ¿Una mujer? - dijo uno, sonriendo.
- Alguien de quien acabamos de hablar: Pedro González.
- Y, ¿cómo está?. ¿Ha encontrado un nuevo trabajo?.
- Las personas que valen, cuando caen, lo hacen como los gatos: siempre caen de pie. Pedro y sus dos ex-subordinados han montado un negocio y siguen desarrollando su trabajo para la Innombrable, eso si, fuera de su influencia y ganando bastante mas que cuando eran empleados.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Aclarando conceptos



Fue un artículo que leyó en la prensa que le dio la idea: había aparecido en Estados Unidos una aplicación llamada Knozen, cuyo objetivo era recopilar de forma anónima las opiniones de los trabajadores acerca de sus compañeros de trabajo. La idea le pareció original porqué cada empleado podía saber  el concepto que tenían los demás acerca de uno mismo.
Le costó encontrar en la red un host que sirviera para ir acumulando los datos de su futura aplicación, ya que tenía que estar en un país en el que no hubiera posibilidad alguna de que la Innombrable pudiera hacer cerrar la web. Una vez conseguido, estableció un sistema de encriptación de datos y otro de verificación de los accesos, basada en la mac adress del dispositivo conectado, para evitar duplicidades en las votaciones.
Obtuvo la lista de empleados de la Innombrable y la integró en la base de datos. A continuación se dedicó a crear una aplicación para móvil que permitiría opinar acerca de los compañeros e incluso hacer búsquedas y consultas de cualquier persona en la base de datos.
Por último se dio de alta en un correo temporal, desde donde envió varios mails a personas de la empresa que sabía, iban a extender la noticia de la nueva aplicación.
En una semana se habían descargado la aplicación ochocientas personas.
Y todos ellos votaron.


- Os he convocado a esta reunión porqué hemos de decidir que hacemos con esa aplicación que está provocando una verdadera revolución en la empresa - dijo el director general al iniciar la reunión.
Los veinticuatro subdirectores fingieron sorpresa como si no tuvieran nada que ver con ello, a pesar de que tenían instalada la aplicación en sus móviles e incluso habían votado sobre sus compañeros.
- Bueno - dijo el subdirector de RRHH -, gracias a esa aplicación hemos descubierto a tres pederastas, a un centenar de cocainómanos, varios alcohólicos, algunos heroinómanos, ladrones, difamadores, psicópatas, golfas, cientos de palmeros, egocéntricos...
- Perdona - interrumpió el director -. Ya sabes que he aprendido el castellano hace poco y no tengo idea del significado de la palabra "palmero".
- Se trata de un concepto muy español. Proviene del flamenco, un baile andaluz. Los palmeros son las personas que siguen el ritmo de las canciones con las palmas de las manos. En este caso se refiere a una persona aduladora, que aplaude todas las decisiones de sus superiores, aunque sean erróneas.
- Entiendo - dijo el director -. ¿Y golfas?.
- Son mujeres que utilizan su cuerpo para ascender en la empresa.
- Ah, prostitutas. ¿Es cierto que las hay?.

- Desde luego. Quizás el caso más claro es una jefa de informática. Llevábamos años preguntándonos como una persona tan incompetente había llegado tan alto y ahora la explicación es evidente. Felisa está donde está gracias a sus trabajos buco-faríngeos.
- ¿Buco qué? - preguntó el director de nuevo.
- Felaciones - le aclaró el subdirector de RRHH -. He preferido utilizar un eufemismo para quitarle crudeza a esta palabra.
- Ah.

A su lado Javier, el subdirector cuyo mando abarcaba, entre otras áreas, la de informática, estaba notando como el rubor invadía toda su cara, llegando a las orejas. Bajó la vista, viendo como sus compañeros lo miraban sonrientes, dándose codazos.
- Él es el último que la ascendió - susurró alguien a su alrededor.
- ¿Decías? - preguntó el director mirando al que había susurrado la frase.
- No, nada. Decía que él - lo señaló - había ascendido a Felisa.
- ¿Cómo has podido ascender a una incompetente, Javier? - inquirió.
- Bueno. Me envió un mail diciendo que se merecía el ascenso y luego acabamos de concretarlo en una entrevista en mi despacho...
- Eso significa que esa mujer sabe argumentar sus ideas - observó el director, apaciguador.
- Si te soy sincero - repuso Javier - no le escuché ningún argumento.
- ¿Cómo?.
- No podía hablar. Su boca estaba muy ocupada...

Una carcajada general recorrió la sala de reuniones.
- Pero Javier. ¿Cómo puedes decir algo así?. Te he tendido una cuerda para salvarte y no la has utilizado. Sabes que la Innombrable tiene un código de conducta que se ha de cumplir y tu no lo has seguido. Me veo en la obligación de despedirte - miró al subdirector de RRHH y le hizo una seña para que tomara nota -. Puedes presentar tu dimisión voluntaria ó dejar que sea la empresa la que te despida.
- Pero... -saltó Javier -. ¡Pero eso es hipocresía!.

- ¿Cómo dices? - gritó el director.
- Vamos a ser claros - dijo Javier, mas tranquilo -. En esta mesa hay una persona que lleva a sus clientes importantes a alguno de los pisos con prostitutas de alto standing que, casualmente, regenta otro de los asistentes de esta reunión. La subdirectora de comunicación paga una cantidad importante cada mes a los medios mas influyentes del país para que no publiquen ninguna noticia de la Innombrable sin su beneplácito. El subdirector del departamento legal soborna habitualmente a los jueces de las magistraturas laborales. El subdirector de RRHH acostumbra a exigir sexo a cambio de contratos de trabajo, además de tener una empresa de trabajo temporal que, casualmente, es la que nutre a la Innombrable de personal temporal. El subdirector de producción tiene varias empresas que venden con exclusividad maquinaria para nuestras líneas de fabricación. El subdirector de finanzas paga con la tarjeta de la empresa sus frecuentes fiestas particulares. Nuestro director, que todos los viernes dice ir a jugar a golf, en lugar de eso se va al "Château de Sade" con su secretaria a practicar con el látigo, cómo no, pagando la empresa. Por no decir que todos nosotros utilizamos los servicios del personal en trabajos particulares, ya sea fontanería, carpintería, electricidad, informática, leyes... - dejó vagar su vista por las caras de sus compañeros. Nadie le miró a los ojos -. ¿Quién incumple el código de conducta empresarial?. O mejor sería decir: ¿quien lo cumple?. Nadie. Todos sabemos lo que hacen nuestros colegas pero miramos a otro lado.

- Nos estamos desviando del propósito de la reunión - atajó el director -. Se trata de decidir qué hacemos con ese programa.
- Yo lo dejaría como está. Sin que la empresa haga comentarios al respecto - dijo el subdirector de RRHH -. Si lo prohibimos, su uso se extenderá aún más. Además nos ha ido muy bien para detectar gente anómala.
- ¿Todos de acuerdo? - preguntó el director. Todos asintieron con la cabeza -. Decidido. Dejaremos el tema como está. La reunión ha terminado - miró al responsable de RRHH y le hizo una seña para que se quedara. Luego miró a Javier -. Javier. Quédate un momento.
Cuando todos los demás subdirectores hubieron abandonado la sala de reuniones el director le dijo a Javier:
- Voy a hacer como que no has dicho nada en esa reunión - miró a los ojos al director de RRHH y añadió -. No prepares la liquidación de Javier. Es un buen elemento y la Innombrable lo necesita.

- Te noto preocupado, cariño - observó la esposa de Javier durante la cena.
- No es nada - repuso él.
- No te puedo creer - dijo ella, mirándole a los ojos. Quiso añadir algo pero calló al ver entrar a la sirvienta para recoger los platos de postre que acababan de utilizar. Al volverse a quedar solos añadió -. Cuéntame qué te pasa.
- Cuesta ser honrado cuando estás en un lugar de poder. Ya sabes lo que pienso de nuestros políticos - dijo Javier, abatido -. ¿Cómo pueden crear leyes los mayores delincuentes del país, los que más incumplen las legislación?. Pues en las empresas grandes ocurre lo mismo. Son los directores, de largo, los mayores corruptos de la empresa y curiosamente, son los que establecen las reglas de juego de sus subordinados.
- Bueno - dijo ella -. Es la historia de la humanidad. Siempre ha sido así. Y eso nadie lo puede cambiar.

El director se acostó cansado. Había estado horas diseñando una estrategia para colocar a aquellos empleados que estaban catalogados por sus compañeros como psicópatas en los departamentos que requerían mayor disciplina. Al acabar, contestó los mails que había recibido de nueve subdirectores, pidiéndole su recomendación para entrar en el exclusivo club "Château de Sade". Evidentemente les había contestado a todos que era imposible ayudarles.
¡Maldita la gracia le haría que le vieran con su flamante traje de cuero!. 

domingo, 22 de junio de 2014

El implante


Año 2030.


Llevaban casi una hora y media practicando sexo en la gran cama redonda de la habitación de Ignacio.
Aún no hacía más de tres horas que se habían conocido en la discoteca. La verdad es que ella, Juana, era de esas chicas que no pasan desapercibidas. Sus enormes ojos, aquella piel morena y suave y, sobre todo, su sonrisa, atrajeron la mirada de Ignacio, que decidió conocerla.
Charlaron un buen rato y antes de darse cuenta ya estaban besándose. Luego él le propuso ir a su casa y allí estaban, sobre la cama, recobrando el aliento, tras una buena y larga sesión de sexo.

- Uf, chico. ¡Menuda pasada! - jadeó ella -. ¡Eres una máquina!. ¡Llevo cuatro orgasmos!.
- Gracias por el cumplido.
- ¿Cumplido?. ¡De eso nada!. Acostumbrada como estaba a tantas eyaculaciones precoces de los chicos de nuestra edad, lo tuyo es toda una hazaña. ¿Cómo lo haces para tener tanto control?.
- Luego te lo cuento, que ahora me estoy meando. Déjame ir un momento al lavabo - Ignacio saltó de la cama y fue hacia una puerta de la habitación.

Juana, tumbada sobre la cama, cerró los ojos y se concentró en su teléfono. Al momento vio un menú del que seleccionó la pantalla de mensajes. Oyó una voz:
- No hay nuevos mensajes ni anotaciones en la agenda.
Juana se desconectó.

Ignacio salió del baño y se tumbó al lado de Juana. Le acarició la espalda y la besó. Ella deslizó su mano hacia su entrepierna.
- ¡No puede ser!. ¡Ya estás excitado de nuevo! - exclamó asombrada.
- Hombre. ¿Qué quieres que te diga, si estás para mojar pan? - la abrazó con fuerza mientras la volvía a besar.
Evidentemente, volvieron a hacer el amor.

- ¡Atención!, ¡atención! - sonó una voz dentro de Ignacio -. Dentro de dos minutos tendrá una eyaculación precoz.
- ¿Cómo? - pensó él, sorprendido -. ¡Retardala!.
- Le quedan ciento diez segundos para la eyaculación. Para activar el retardo ha de comprar retardador en nuestra tienda, a un precio de dos euros por unidad. Le recordamos que cada unidad le da una autonomía de...
- ¡Conéctame a la nube!. ¡Allí tengo varias unidades disponibles del retardador!.

- Le quedan cien segundos para la eyaculación inminente. Conectando a la nube...
- Le quedan noventa segundos. Conectando a la nube...
- Le quedan ochenta y cinco segundos. Imposible conectar a la nube. Por favor. Verifique su conexión.
- Mierda - pensó Ignacio -. Pues conecta a la tienda.
- Le quedan ochenta segundos. Elimino su primera instrucción por ser una palabra que está contenida en el diccionario de palabras malsonantes.

- ¡Conecta a la tienda! - ordenó Ignacio.
- Le quedan setenta y cinco segundos. Conectando a la tienda... Conectado.
- ¡Compra diez unidades de retardador!.
- Le quedan setenta segundos. Comprando diez unidades de retardador, que dan un total de veinte euros, iva incluido. ¿Está usted de acuerdo con la compra?.
- Si. Estoy de acuerdo.
- Atención. Le quedan sesenta segundos. Su pago va a efectuarse con la tarjeta de crédito terminada en 2856. ¿Está usted de acuerdo?.
- Si.
- Atención. Le quedan cincuenta segundos. Efectuando el pago ordenado por usted...
- Atención. Le quedan cuarenta segundos. Pago mediante tarjeta de crédito terminada en 2856 no se puede verificar. Posible fallo de conexión con la tienda.

- ¡Reinicia el chip!.
- Atención. Le quedan treinta segundos para eyaculación inminente. Procedo a la reinicializacíón.
- Atención. Le quedan veinte segundos. ¿Está usted seguro de que quiere reiniciar el chip?. La máquina se parará.
- Si, estoy seguro.
- Atención. Le quedan diez segundos. Reiniciando...


- ¿Qué te ha pasado?. Eso si que no me lo esperaba - Juana estaba enfadada - ¡Estaba en lo mejor!.
- Lo siento. Me ha fallado el chip.
- ¿Cómo?. ¿Llevas un chip retardador?.
- Si - contestó él con humildad -. Han fallado las conexiones y no he podido comprar unidades retardadoras.
- ¿Qué marca y modelo de retardador llevas?.
- RETARD 2223.
- ¡Joder!. ¡Como te las gastas!. Es de lo mejorcillo. ¿Lleva software original? - preguntó, aunque luego ella misma contestó a la pregunta -. Claro que has de llevar el original, si cada vez has de pasar por la tienda.

- Claro. ¿Hay otra forma?.
- Desde luego. Además las alternativas no te hacen gastar dinero. Y, lo que es mejor, no se limitan a retardar y mantener una erección. Tienen muchísimas más prestaciones. Pueden controlar tu cuerpo entero. Elimininar un dolor de cabeza, quitarte la acidez de estómago...
- No tenía ni idea de eso. ¿Me puedes conseguir otro software?.
- Deja que lo mire - Juana se conectó mentalmente al móvil y empezó a navegar por Internet -. Nos hace falta cambiar el bootloader e instalar una room que sea buena. Vale. Ya tengo lo primero. Bajando... bajado - iba diciendo en voz alta -. Ahora busco una room. Hay dos. Deja que mire las prestaciones de cada una para saber cual es mejor...

Ignacio esperó en silencio.
- ¡Ya lo tengo!. Esta es la mejor. Ya la estoy bajando.
- No tendré problemas con los cambios, ¿verdad?. Me aterroriza tener que pasar de nuevo por el quirófano para que me extraigan el chip del cerebro.
- Tranquilo. Domino la materia. Me dedico a eso - repuso Juana -. Por cierto. Si te hago este favor, tu me harás otro a mi, ¿verdad?.
- Claro.




- ¡Hombre!. ¡Ignacio!. ¡Que mala cara tienes! - lunes, empresa, máquina de café, su amigo Pedro, la única persona en la Innombrable, que no consideraba un "compañero-competidor", por ser el único que sabía no le iba a traicionar, quizás porqué no estaba en su departamento, además de ser alguien incapaz de hacer daño a un mosquito -. Se diría que te ha violado aquella antigua jefa que tuviste hace años, por las ojeras que enmarcan tus ojos.
- ¿Quién?. ¿Felisa?. Pues casi.
- No lo entiendo. Si te vi salir de la discoteca con aquel bombón capaz de provocar taquicardia a un salmón ahumado...   
- Lo positivo es que cambió el software de mi chip implantado. Me puso uno que es una maravilla. Ella es informática - aclaró -. Ahora tengo control total sobre mi cuerpo, sin tener que ir comprando extensiones para el chip.
- ¿Y la parte negativa? - preguntó Pedro.
- Una vez instalado el software se conectó al chip y activó alguna cosa que me dejó completamente inmóvil, eso si, con el arma en ristre. Luego disfrutó de mi cuerpo durante casi tres horas.
- Yo hubiera pagado por ello. Al fin y al cabo es ésta una de las mejores fantasías que tenemos los hombres. Disfrutaste, ¿no?.
- Como un enano.
- Pues menos mal - dijo Pedro - que esta es la parte negativa.
- No creas. La parta negativa no te la he contado aún. Trajo a una amiga y ella se fue. La amiga estuvo conmigo el resto del fin de semana.
- ¿Fea?.
- Imagínate a Felisa sin depilar... 

martes, 6 de mayo de 2014

El trepa


Pablo llegó a la oficina a las ocho, como siempre y lo primero que hizo fue ir a la máquina para iniciar el día con un café. Como de costumbre, alrededor de la máquina estaban sus compañeros enzarzados en una conversación que decayó inmediatamente cuando le vieron aparecer, tras el intercambio de los buenos días de rigor.

Pablo puso las monedas en la máquina y tras elegir café solo, esperó a que se llenara el vaso, en medio de un silencio sepulcral. Luego recogió el vaso y salió del recinto oyendo, al alejarse, como se reanudaban las conversaciones. Luego se dirigió a la sala de lactancia, el gran triunfo mediático de la Innombrable que se había estado haciendo autobombo por ser la única empresa que tenía en sus instalaciones un lugar para que las madres que daban pecho a sus hijos pudieran extraerse la leche durante la jornada laboral. Pablo entreabrió la puerta de la sala y, tras asegurarse de que no había nadie, entró, se dirigió a una nevera y la abrió. En su interior había un montón de frascos, todos ellos etiquetados con los nombres de sus propietarias. Eligió un nombre, tomó el frasco, lo abrió y echó un chorro de leche a su café. Luego cerró el frasco, lo dejó en su sitio, cerró la nevera y salió de la sala.

Verónica, tras la charla matinal con sus compañeros alrededor de la máquina de café, al dirigirse a su mesa vio a Pablo cuando salía de la sala de lactancia. No le costó un gran esfuerzo mental darse cuenta de lo que había estado haciendo Pablo en aquella sala.
Cuando ella se sentó, Pablo la saludó y se acercó a su mesa.

Verónica, una vez más, maldijo para sus adentros la política de la empresa de eliminar todos los despachos y ubicar a todos los trabajadores en una misma sala, independientemente de su nivel de mando. De un simple vistazo todos podían ver quién estaba y quién no. En la misma sala trabajaban directores, subdirectores, jefes de departamento, de sección y currantes de todo tipo. Cierto es que habían eliminado los despachos pero eso si, manteniendo ciertos signos externos que permitían diferenciar el nivel de todos ellos: mesas, sillas y sillas de visitas habían sido puestas en función del nivel de poder de sus ocupantes. Mesas de madera de cedro para los directores y subdirectores, con butacas reclinables de piel; jatoba para los jefes de departamento con butacas de piel sintética reclinables también. Por último, mesas de formica para el resto del personal, con sillas no reclinables, tapizadas en tela, con reposabrazos para los administrativos y sin reposabrazos para las secretarias. Los distintos niveles de este último grupo se indicaban a través del número de sillas de visita que había tras la mesa. A más sillas, mayor nivel de mando.

Gracias a ello, la Innombrable se había convertido en la más democrática de las empresas, según publicaron varias agencias, previo pago por parte de la multinacional. Según las agencias, habían eliminado la pirámide jerárquica y ahora la democracia era total.
- Vamos, como la española, una tomadura de pelo - pensó Verónica con amargura, observando el café que ponía Pablo sobre su mesa al sentarse en su única silla de visita. Era evidente que aquel café solo que salió de la máquina, ahora era un café con leche.

- Contigo quería hablar, Verónica - dijo Pablo.
- Tu dirás.
- Llevo un gran mosqueo debido a que noto un cierto distanciamiento de los compañeros - empezó Pablo, con amargura -. Como si no estuvieran "alineados" en el grupo de trabajo que yo dirijo.

Verónica no dijo nada y esperó.
- Nadie aporta ideas, ninguno de vosotros habla en las reuniones de trabajo si no le hago preguntas directas. Incluso dejáis de hablar cuando estáis tomando café y yo aparezco... ¿Pasa algo?.
- No deja de ser curioso que en un grupo de seis personas, uno está "alineado" y cinco no. ¿No será al revés?.
- Se trata de mi proyecto y por eso soy el "project leader".
- Se trata del proyecto de Antonio, que tu le rapiñaste y se lo vendiste a tus jefes como propio.
- ¿Cómo se te ocurre pensar eso?.
- Dos meses antes de que presentaras el proyecto, Antonio ya nos lo había explicado en una reunión. Y, a la vista de lo que ocurrió después, es evidente que eres un "aberrant self-promoter".

- ¿Un qué?.
- En nuestro idioma, un arribista. Alguien sin escrúpulos que lo único que quiere es escalar en el mundo de la empresa, a base de pisar a los demás.
- ¿Cómo te atreves a hablarme así?.
- Con la autoridad que me da saber que dentro de dos semanas ya no estaré en la empresa. ¿No te lo ha dicho tu jefe?. Hace un rato se lo he comunicado oficialmente.
- ¿Te vas?. ¿De verdad?.
- Si. No me sienta nada bien trabajar en empresas suizas. En ellas, el porcentaje de arribistas supera el sesenta por ciento. Aquí no se valora el esfuerzo. Lo que puntúa es el engaño, la mentira, el aprovechamiento de las ideas ajenas, el autobombo, la adulación de los superiores, el secretismo, el desprecio a los inferiores. Por el contrario, eso no existe en las empresas americanas. Por lo menos eso dicen y quiero comprobarlo.

Pablo se levantó, visiblemente contrariado.
- Como quieras - dijo -. No te echaré de menos.
- Yo soy de las que piensan que en el mundo del trabajo hay dos tipos de personas - dijo Verónica -. Por un lado aquellas que dentro del mundo de la empresa no dejan de prepararse nunca, para mejorar el desempeño de su trabajo y los que colgasteis los libros al terminar la carrera y queréis abriros paso a codazos y pisotones. Tu verás lo que haces, Pablo.
- Hasta luego - repuso Pablo.

- ¡Espera!. Te voy a hacer un favor. Te cuento una cosa...
- Dime.
- No sé si sabes que desde que eliminaron los despachos, Felisa, tu jefa ya no tiene donde hacer sus "trabajos especiales".
- ¿Te refieres a lo que estoy pensando?.
- Exacto. Esos trabajillos buco-faringeos que le hace a su jefe y que sirven para aliviar tensiones.
- Supongo que es lo único que la mantiene en su puesto, ya que no sirve para otra cosa.
- Bueno. Pues ya han encontrado un lugar íntimo para ese tipo de actividades.
- ¿En el aparcamiento?, ¿en el coche?.
- No. En la sala de lactancia, a partir de las seis de la tarde.
- Bueno, ¿y qué?.
- Quizás no sepas que como a esas horas ya se han ido todas las madres, cortan el agua y la luz.
- ¿Y?.
- No sé tú, pero si yo quisiera ocultar un líquido blanco, quizás lo mezclaría con otro líquido blanco...
- Vale. No sigas. Creo que lo he captado. Adiós.

Pablo se marchó ruborizado a tirar su café...
En las mesas colindantes ya habían llegado otros compañeros que habían escuchado el final de la conversación.
- ¿Es verdad lo de la sala de lactancia? - le preguntaron.
- No. Pero seguro que Pablo ya no vuelve a esa sala.
- Y, ¿a dónde va Felisa a "trabajarse" a su jefe?. ¿Lo sabes?.
- Lo intuyo. ¿No os habéis fijado que uno de los cuatro ascensores no suele funcionar en según que horas?.

La carcajada fue general.

jueves, 2 de enero de 2014

El concurso de la Innombrable

A pesar de que se lo desaconsejaron, el nuevo director de la Innombrable estaba obsesionado por llevar su idea adelante.
Se trataba de un concurso de televisión en el que dos fábricas de dicha multinacional, ubicadas en distintos países iban a competir para evitar el cierre.
 
La fábrica ganadora obtendría la producción de la perdedora, que sería cerrada y su personal despedido. Deslocalización, como lo llaman ahora.
Para el primer concurso, que fue el último, por cierto, fueron seleccionadas dos fábricas que producían lo mismo. India contra España.
Afortunadamente para España, el gobierno había reducido los derechos laborales de forma tan drástica, que podían equipararse sin problemas, con los derechos laborales de los indios. A pesar de lo cual, una de las fases del concurso consistía en que ambos competidores propusieran medidas para reducir aún más los costos de fabricación y aumentar así las posibilidades de ganar.
 
Cada fábrica había elegido a sus tres representantes que, ya en el plató de televisión, lucharían para conseguir evitar el cierre, así como para mantener sus empleos y los de todos sus compañeros.
 
A los dos lados de las gradas, llenas a rebosar de público, se iluminaban alternativamente los letreros con la palabra "silencio" y la palabra "aplausos". La sintonía que anunciaba el regreso del programa, tras el último bloque de anuncios, se empezó a oir mientras en el gran monitor del fondo de la sala aparecían los rótulos con el nombre del programa. Al terminar la música, los focos apuntaron a lo alto de una escalera por la que apareció el presentador vistiendo su brillante traje de color verde brillante, mientras en las gradas seguían las instrucciones de los rótulos luminosos, en los que ahora aparecía la palabra "aplausos".
Al apagarse los rótulos se hizo un silencio total. 
 
- Ya está todo el pescado vendido - pensó Jorge, uno de los tres representante de la fábrica de España -. Hemos perdido por goleada.
 
Miró a sus compañeros. Todos estaban con la mirada baja. Sandra, a su lado, tenía los ojos llenos de lágrimas. Puso su mano sobre la de ella para tranquilizarla. Llevaban hora y media participando en el concurso y habían hecho de todo, ante la mirada de los jueces que eran, casualmente, los dos directores de la Innombrable en sus respectivos países.
 
En la primera fase del concurso, la de las "propuestas para rentabilizar la fábrica" - recordó abatido, Jorge -, habían reducido sus ya mermadas condiciones de trabajo, bajándose el sueldo y aumentando el número de horas de su jornada laboral a doce diarias. Incluso eliminaron los descansos durante la jornada, para igualar las condiciones propuestas por los tres competidores de la India, sentados en la mesa de enfrente.
 
Era evidente que los jueces - los directores - estaban disfrutando con el concurso. Cada propuesta que hacían los representantes de ambos bandos hacía aflorar en sus rostros una enorme sonrisa y algún que otro codazo cómplice.
Luego llegó la fase de las pruebas físicas en las que los concursantes tenían que ejecutar distintas habilidades: bailar un tango, nadar cien metros, cantar haciendo dueto con un cantante famoso  (que era previamente entrevistado, descubriéndose entonces que la clave de su éxito tenía mucho que ver con el hecho de ser consumidor habitual de los productos de la Innombrable), hacer tiro al plato, ...
 
Aquella fase había dejado a los dos competidores bastante igualados y cuando llegó la última sección, los ánimos de los concursantes estaban muy exaltados.
Y allí fue donde se estrellaron de forma estrepitosa. Se trataba de una serie de preguntas sobre cualquier tema general.
 
Sin embargo, pensó Jorge, los directores ya habían tomado su decisión. Las preguntas que de forma "aleatoria" eran entregadas a los representantes españoles eran casi siempre sobre la historia de la Innombrable y les era completamente imposible contestar quién fue el tercer director de la empresa o la fecha de nacimiento del fundador de la multinacional.
Mientras, sus competidores respondían a las preguntas con toda tranquilidad, dado que eran, casualmente, muy fáciles.
 
Y, tras el último bloque publicitario, ya solamente quedaban dos preguntas que ya no tenían relevancia alguna en el resultado del concurso, dado que la diferencia de puntuación de los dos contrincantes estaba, claramente, a favor de los representantes de la India.
La primera pregunta a los indios fue respondida sin problemas.
- Y ahora la última pregunta para el equipo español - dijo el presentador, extendiendo los sobres restantes para que escogieran uno de ellos.
 
Jorge alargó el brazo y se hizo con un sobre. Lo abrió y lo leyó en voz alta:
- La Innombrable, en su división cosmética, tiene una gama de productos milagrosos que ayudan a rejuvenecer la piel, a evitar la caída del pelo, a mantener ese fantástico bronceado veraniego tan agradable. Háblenos de la gama  Onnéuv.
Jorge se giró hacia sus compañeros y les dijo en voz baja:
- ¿Me dejáis contestar a mi?. Esa me la sé.
- Si. Como quieras, ya hemos perdido...
- Si. Tu mismo.
- Pues ahí voy. Morir matando...
 
Jorge se quedó mirando la cámara y contó a cinco. Luego empezó a hablar.
- La gama de Onnéuv es una verdadera tomadura de pelo y me explicaré ahora mismo. Se trata de un producto que es muy caro, compuesto por ingredientes que no está probado, tengan efecto alguno en los resultados que aseguran.
- ¿Qué está diciendo? - el director se había levantado de su silla, indignado -. ¡Nuestros productos han obtenido la validación de la European Food Safety Authority!.
 
- Tiene usted razón. Pero cada producto tiene muchos ingredientes, de los cuales uno y solamente uno les permite anunciar los resultados que anuncian. El resto de los productos que integran cada comprimido, no tienen propiedad alguna que haya podido demostrarse.
- ¡No diga tonterías! - gritó el director -. ¡Cállese!.
 
- Del "rejuvenecedor para la piel", el único ingrediente que les permite decir que favorece la mejoría de la piel es la vitamina C. Con poner un 15 por ciento de la cantidad diaria recomendada de vitamina C, ya pueden anunciar sus maravillosos efectos. Efectos que son idénticos a los que produce comer una naranja. Eso si: con la naranja te ahorras una pasta. La única sustancia con efectos demostrados en ese maravilloso crecepelo es el zinc, por lo que, añadiendo el 15 por ciento de la cantidad diaria recomendada, ya cumplen con la normativa de la EFSA. Con comer una ostra, lomo de ternera o salvado, ya estaríamos cuadruplicando la cantidad de zinc que lleva cada pastilla. Y ese producto para ponerse moreno...
- ¡Cállese! - rugía el director.
- Para ponerse moreno, su ingrediente único válido es el 15 por ciento de la CDR de ¡vitamina A!, que está de forma natural en la fruta, los huevos, carne, verduras...
 
El locutor hizo un gesto para que Jorge callara.
- La respuesta a la pregunta no se ha ajustado a lo que indica mi tarjeta de respuesta.
- Pues he dicho la verdad de lo que hay en esos productos - dijo Jorge.
- Sintiéndolo mucho...
- Incluso añadiría - continuó hablando Jorge - que es un error garrafal que una empresa como la Innombrable, que ha basado toda su publicidad en la palabra "confianza", saque una línea de productos esotéricos y caros, que van a cargarse esa confianza ganada a lo largo de los años.

- El equipo ganador es: ¡India! - dijo el presentador.

Aquella noche el director decidió cancelar el concurso televisivo.
Hay quien dice que recibió una llamada del "más allá", que es como llaman a las llamadas desde la dirección mundial.
Cualquiera sabe.




domingo, 15 de diciembre de 2013

Primera reunión

La mesa de la sala de juntas estaba a rebosar. Los veinticuatro directores de la Innombrable esperaban ansiosos al nuevo director general.
La noche anterior habían tenido la cena de despedida del director saliente, en el mejor restaurante de la ciudad.
Cuando entró el señor Arthur Fiend, todos se pusieron en pie. Éste recorrió la sala y fue a sentarse en la presidencia de la mesa. A un gesto suyo todos se sentaron en silencio.

- Buenos días. Me perdonaréis que os hable en inglés porqué mi español todavía es muy básico, aunque lo estoy aprendiendo a marchas forzadas. Como todos sabéis vengo de un país que está tan hundido como éste. País en el cual estuve al mando de la empresa durante cuatro años. Supongo que muchos de vosotros, por no decir todos, habéis estado investigando acerca de mi gestión en aquel país - algunos directores se miraron entre ellos y otros bajaron la mirada -. Desde luego, si estoy aquí es porqué tengo que seguir recortando gastos. Y voy a hacerlo de tal forma que los recortes que ha hecho mi predecesor van a parecer nimios comparados con mi plan de reducción.
- ¡Pero si el antiguo director no dejó a títere sin cabeza! - pensaron algunos directores.
- Tenéis razón al pensar que mi predecesor arrasó con todo. Pero lo hizo a la manera de la empresa, es decir abonando unas indemnizaciones muy altas. Gracias a las cuales apenas hay fondos para despedir a más gente.
Un murmullo recorrió la sala. Cuando el señor Fiend alzó la mano volvió a reinar el silencio.

- Si algo he podido constatar en las dos semanas que llevo conociendo el país, he sacado las siguientes conclusiones. Espero que me corrijáis si no estáis de acuerdo conmigo. El gobierno ha aprovechado la crisis para modificar la estructura del país. En realidad ha creado un país en el que lo único que hay es mano de obra barata y la mayoría de los titulados han emigrado a otros países. La mano de obra barata de hoy cobra un tercio de lo que cobraba hace tres años, lo cual acerca mucho los sueldos a los de la mano de obra de países como la India ó China. Sin embargo nuestra empresa ha mantenido los mismos sueldos, incluso incrementándolos algunas veces por encima de los índices de inflación. ¿Me equivoco?.
- No - contestaron algunas voces.
- Me propongo equiparar los sueldos de nuestra empresa con los del resto del país. Para ello lo primero que haré será un ERE alegando disminución de los beneficios y me limitaré a pagar las indemnizaciones que estipula la ley. Se acabaron los paternalismos que hace demasiados años ejercemos con nuestros colaboradores. Y lo voy a hacer a todos los niveles... por debajo de los directores.

Un suspiro de alivio se extendió a lo largo de la mesa de juntas.
- Señor Fiend. ¿Puedo hacer una observación? - dijo Nuria, la directora de comunicación.
- Desde luego. Diga.
- En nuestra empresa tenemos un pequeño grupo de personas que pertenecen a la prefectura "Caminantes".
- ¿Son de esa secta de la Iglesia?. Bueno. Su dios les ayudará a aceptar con alegría quedarse sin empleo - dijo el director con una sonrisa.
- No es tan fácil, señor Fiend. No sé si sabe que en la época del dictador y también unos años después de su muerte, nuestro presidente pertenecía a esa prefectura. Gracias a ello pudimos expandirnos por el país, ahorrarnos impuestos e incluso promover a aquellos políticos que podían ayudar a la Innombrable.
- Bueno. ¿Y qué pasó con el Presidente de la Innombrable?.
- Murió.
- Pues yo no veo razón para seguir mimando a esa secta.
- Sería un error, señor director - se apresuró a decir Nuria.
- ¿Por?.
- El gobierno español está formado por los descendientes de aquellos que gobernaron el país en la época del dictador. Piense que el dictador, durante los años en los que gobernó el país, se encargó de exterminar a todos los que pensaban de forma distinta. Ahora, en los niveles sociales más altos, quedan únicamente fascistas y "caminantes". Y ellos verían una afrenta nuestra actuación. Tenga en cuenta que, actualmente, seis ministros son "Caminantes".

- Está bien, Nuria. Te haré caso en este punto. Aunque he de decir que las entrevistas que he tenido con el presidente del país y con alguno de sus ministros me ha demostrado que esa gente tiene muerta la única neurona que les quedaba. ¡Menuda pandilla de incapaces!. ¿De dónde los han sacado?. Sospecho que si sacáramos a los de esa secta de la empresa, ni se enterarían. Pero mejor no jugar, ¿verdad?.
- Si, señor.
- Por cierto, Nuria, ¿tu eres la responsable de comunicación?.
- Si.
- Pues prepárate porqué tengo unas cuantas ideas de lo que vamos a hacer en nuestras fábricas para despedir al personal. Vamos a montar un espectáculo que nos dará mucho dinero y nos dará a conocer en todo el mundo.